SOCIEDAD › DOS HERMANOS DE 17 Y 19 AÑOS ACUCHILLARON AL PADRE

Dos adolescentes parricidas

Se sabe cómo lo mataron: más de 25 cuchilladas. Se sabe quiénes fueron: dos de sus hijos, uno de 19 y el otro de 17 años. Se sabe que, inerme, trató de defenderse y que la desigual pelea duró varios minutos; se sabe que no gritó. Se sabe que había peleado en Malvinas y que era suboficial retirado del Ejército. No se sabe todavía –y, en los parricidios, nunca termina de saberse– qué pasaba en esa familia, qué motivos pudieron prefigurar este desenlace. Se sabe, sí, que había discusiones por dinero, que el padre le había negado al más chico plata para un viaje.
El jueves de la semana pasada, los vecinos del barrio Las Flores, de la ciudad de Córdoba, oyeron gritar con desesperación a Silvia Ester Rojas, médica, esposa de Angel Ignacio Ortiz. Llamaron a la policía. Angel, de 38 años, agonizaba en el suelo ensangrentado del dormitorio. La mujer, entrecortada, dijo a los policías que el hombre se había suicidado.
Podría haber sido: hay más suicidios con arma blanca de lo que se cree, y no son infrecuentes entre hombres que han hecho cursos de comandos militares, como pudo ser el caso de Ortiz. Era suboficial ayudante del Ejército, en retiro, y veterano de la guerra de Malvinas.
Sin embargo, “al analizar las heridas que el hombre había recibido, se pudo determinar claramente que no eran autolesiones –contó a este diario el comisario José Luis Fernández, jefe de la División Homicidios de la policía cordobesa–: había heridas en lugares inapropiados para la autolesión, especialmente en lugares de defensa”, es decir los brazos, las piernas, con los que la persona atacada intenta defenderse.
El mismo jueves, los especialistas de Homicidios examinaron el lugar del hecho, y la hipótesis de suicidio terminó de desbaratarse: bajo la cama matrimonial encontraron dos cuchillos de cocina ensangrentados. Dos de los hijos del hombre asesinado habían sido vistos al retirarse de la casa.
Ortiz murió recién el viernes a la tarde, sin haber recobrado el conocimiento. De las casi 30 puñaladas que había recibido, dos resultaron mortales: una que le abrió el pulmón y otra que le arañó el corazón.
El sábado, los dos hijos se entregaron en la División Homicidios, acompañados por abogados, y quedaron detenidos. Uno de ellos, Sebastián Ortiz, tiene 19 años y es estudiante universitario; el otro tiene 17 y terminó este año el colegio secundario. Silvia Rojas todavía no fue interrogada; la ley le permite no testimoniar contra sus hijos.
Los detenidos son los dos menores. El hijo mayor, de 26 años, no vive con los padres. Hay también una hermana de 22. Las opiniones de vecinos y parientes están divididas: algunos insisten en que jamás hubo indicios de conflictos en la familia Ortiz; otros dicen que sí, que los hijos discutían con el padre por plata; que el padre le había negado al menor el dinero pedido para el viaje con el que iba a celebrar, este mes, el final del colegio secundario.

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