SOCIEDAD

Mario Fendrich no se atreve a salir porque es “muy observado”

En su primer reportaje tras la libertad, Fendrich dice que no es “símbolo de nada”.

“La mente humana tiene una propiedad. De cosas que no se quiere acordar, se bloquea, entonces no me acuerdo.” Olvídese. No es Gilles Deleuze el de la cita, pero su autor podría ser incorporado al grupo de pensadores: Mario Fendrich, el ex subtesorero del Banco Nación de Santa Fe, que pensó el plan para tomar 3 millones de pesos y 187 mil dólares del tesoro del banco, los tomó, cumplió condena y ahora ni pensar en que hable de cómo recuperarlos. Durante una entrevista radial, Fendrich, “El Correntino”, definió a los casi cinco años que pasó en la cárcel como “un acto de justicia” y aseguró que prefiere no salir a la calle porque se siente “muy observado”. “No soy símbolo de nada”, reflexionó, después de haber sido vitoreado por una multitud el 9 de enero del ‘95, cuando se entregó a la policía.
Desde que Mario César Fendrich se hizo un hombre público, intentó mantenerse en el mayor de los mutismos. Ayer, durante una entrevista radial por Radio Universidad, de Santa Fe, rompió el silencio. La consigna fue no hablar de lo que todos esperaban que hablara: los pasos del robo y el destino del botín. “Tenemos que hablar de todo el hecho, de cosas así, por qué se hizo, qué es lo que pasó y no quiero hablar de eso”, aclaró. Apenas aseguró que la gente cree que tiene “toda la plata, pero no es así”.
Sí mencionó tener “una gran pena”, por aquellos empleados del banco que resultaron complicados por el robo. “Yo creí que había perjudicado a dos personas nomás. Por la otra gente siento pena, es algo que siempre me preocupó, algo que siempre lo tuve adentro. No es un remordimiento, es un dolor que tengo por esa gente, que no pasa.” Fendrich vive en la ciudad de Santa Fe, cerca del estadio de Colón. “Sigo siendo hincha de Colón pero no sé, no me llama. No quiero ir donde hay tanta gente.” Todos los días se levanta temprano, “no me quedo durmiendo hasta las 9, a las 7 de la mañana me levanto, aunque no haga nada, tomo mates, saco los animales al parque y listo, nada más. Después empezamos el día”. El ex subtesorero, que admitió no extrañar el empleo de bancario, se dedica a la fabricación de revestimientos de yeso, y dice que vive “bien”. “El trabajo de bancario es lindo, tranquilo, pero la situación que está viviendo ahora el empleado no es buena por las apretadas que les pegan, el horario que tienen, no les pagan horas extras, tienen que estar a disposición del banco y antes no era así”, opinó.
“Afuera de la cárcel se respetan los códigos menos que adentro”, continuó y cargó contra el periodismo: “Han sacado cosas en las revistas, han dicho y han imaginado cosas que no se condicen con la realidad de ese momento. En cada fecha que se cumplió, la de entrega, la fecha de lo que pasó o cuando terminó la condena, habló todo el mundo”.
“Yo no soy símbolo de nada”, aclaró. “Soy una persona que ha hecho algo que la sociedad considera que está mal, que la Justicia considera que está mal, lo he pagado y estoy empezando de nuevo. Lo que la gente pueda opinar, como bueno o como malo, es un problema de ella”, agregó. Aquel 9 de enero del ‘95, cuando se entregó a la policía, una multitud lo vitoreó como “ídolo”. “Puede haber sido la bronca que la gente estaba viviendo, la situación política del país, la impunidad que había en ese momento.” De su paso por la cárcel recordó que fue muy difícil asimilarse, pero que ahora le cuesta mucho más, y sostiene: “Perdí la libertad, que no tiene precio, y algunos amigos que se borraron”.

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