SOCIEDAD › CRONICA DE UNA NOCHE EN EL PRIMER PUB NUDISTA DE BUENOS AIRES

Tragos al desnudo

Hace reuniones discretas y bien controladas, tiene noche gay y pijama parties y trata de difundir lo que ven como una filosofía. Un mundo atrás de una puerta negra sin cartel.

 Por Sonia Santoro

“Estas reuniones se realizan a puertas cerradas, por lo que deberás tocar timbre para que se te permita el acceso”, decían las instrucciones por e-mail. Es domingo a las ocho de la noche en Almagro. Ahí está el timbre y la puerta negra, que se levanta mecánicamente y se vuelve a cerrar con hermetismo casi pasmoso. En la cima de la escalera un muchacho musculoso recibe al recién llegado y lo lleva hasta el salón. Allí, un señor vestido con apenas un reloj explica algunas normas: “Te doy una bolsa para la ropa seca, una para la mojada (afuera llueve a cántaros) y una para el paraguas”. No se trata de un lavadero automático sino de quedarse completamente desnudo y tomar unas copas en Fever Night, primer video pub nudista del país.
Una vez traspasado un hall donde se llevan a cabo los menesteres prácticos de la cuestión, el desnudo es obligatorio. Uno de los primeros en llegar es un señor canoso y algo encorvado con acento extranjero que decide volver más tarde cuando haya un poco más de gente. Eduardo está firme. Es médico clínico en Villa Urquiza, padre de tres hijos adolescentes, divorciado dos veces. Y sabe que hay pocos lugares donde disfrutar de su cuerpo desnudo como para desaprovecharlos. “A mí me parece que el hecho de ponerse ropa es una convención y que es bastante natural que existan lugares donde se pueda andar desnudo”, cuenta, él que cuando llega a casa no le alcanza con sacarse los zapatos y desanudarse la corbata: tiene que quitarse todo para relajarse.
José, docente y alma mater del proyecto, hace 12 años que es nudista. “Hace 10 empecé a ir al Club Nat, que estaba en Benavídez. Después iba a las playas nudistas de Brasil y por ciertas circunstancias terminé manejando un boliche y dije por qué no ofrecer una noche nudista.” La idea “surgió en Cemento, donde Chabán hacía una función para público desnudo y me pareció bárbaro”, reconoce, aun a costa de mencionar un apellido poco conveniente en estos momentos. Así decidió intercalar una noche de nudismo gay y otra para hombres y mujeres domingo por medio. Además, los viernes hacen pijama party, fiestas en las que se puede estar desnudo o con poca ropa, según lo que el barómetro de la desinhibición mida.
La cosa lleva su tiempo, pero poco a poco se empieza a desplegar un abanico de cuerpos para todos los gustos. Los hay jóvenes y esbeltos, medianos y bien entrados en kilos, viejos poco agraciados. Hay que decir que en esta primera fiesta la concurrencia fue exclusivamente masculina, como suele suceder también en otros ámbitos nudistas donde las mujeres son rara avis, a no ser que asistan en pareja. Así que esta cronista, única mujer y vestida (además de una moza), fue testigo exclusivo del movimiento de señores y sus partes al deambular con apenas una riñonera, un gorro o un par de zapatos, por un salón tipo boîte: con cascadas de agua y peceras fluorescentes, una muestra fotográfica de desnudos masculinos y televisores aquí y allá para ver documentales sobre nudismo.
En la página www.bafever night.com.ar las instrucciones son claras: “Te aconsejamos concurrir con un bolso o mochila donde guardar la ropa (si no te será provista una bolsa) y si deseás conservar tu billetera y todo aquello que consideres necesario te pedimos que concurras con una riñonera. Si no deseas tener el dinero para las siguientes consumiciones contigo te proveeremos de una pulsera numerada para que puedas retirar los tragos y abonarlos al retirarte. Si te parece más higiénico, puedes conservar contigo una toallita para colocar en los asientos”.
Ahí está Ezequiel, 38 años, collar negro y toallita presta a ponerse entre el asiento y su cola o entre la mirada ajena y su miembro. Ezequiel hace 5 años que es nudista, desde que fue a una playa muy familiar en Miami. “Me encanta hacer nudismo al aire libre. Lo más lindo es sentir el viento en el cuerpo, nadar en el mar, me da la sensación de que estoy en otro plano”, dice. Digamos que el pub no cumple con esos requisitos pero Ezequiel se reconoce tan curioso que “si mañana surge un grupo de cocina desnudo, yo iría”.
Los ortodoxos conciben al nudismo como una filosofía que barre con las diferencias de etnias, religión, clase social o nivel cultural. “El naturismo es la forma de vida en armonía con la naturaleza, caracterizada por la práctica del desnudo común, con la intención de favorecer el respeto por uno mismo, por los demás y por el medio ambiente”, define la Federación Naturista Internacional. Por eso muchos están en contra de drogas, alcohol o cigarrillos. Fabio, cerveza en mano, se ríe un poco de aquello. “Para mí es una forma de disfrutar y también de socializar más directa porque al estar desnudo hay una barrera menos; no tengo que ser hipócrita, no es para mí una filosofía que me acerca a la naturaleza”, cuenta este italiano que vacaciona en Argentina por dos meses. Hace 20 años que Fabio probó el nudismo y no lo dejó. “En Milán hay tres bares pero en Italia no hay tantas playas como en Francia, así que viajo hacia allá.”
En Almagro, Daniel, 28 años, estudiante de ingeniería y empleado de Repsol, recuerda que “hay una cultura que va a ser difícil revertir, se piensa que si hay nudismo hay sexo y descontrol y no es así”. En Fever Night hay, de hecho, un sector reservado para los que quieran más intimidad, pero la idea, dice José, “no es que sea una fiesta descontrolada, pretendemos hacer una disco que perdure: los cogederos pasan de moda”. Hay varias huellas que la sociedad, las malas experiencias pasadas, la pacatería o la mezcla de todas marcaron en esta actividad. Todos los entrevistados prefirieron ocultar su apellido. El pub no quiere difundir su dirección y hace lista de invitados “porque no queremos que venga gente a hacer kilombo”. A la salida, en la esquina, una mujer se acercó a esta cronista queriendo saber si había estado adentro, si había otras mujeres y qué tal era el lugar. Hacía rato que pispeaba desde el auto, junto a su marido, para ver si acertaban dilucidar con qué tipo de espacio se iban a encontrar. El auto arrancó con rumbo desconocido.

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