SOCIEDAD › PREOCUPACION EN EL GOBIERNO PORTEÑO POR LA TOMA DE ESCUELAS

Reclamos que no son secundarios

Los estudiantes tomaron ayer un sector del Mariano Acosta, por problemas edilicios. Prevén hoy ocupar otros nueve establecimientos.

 Por Alejandra Dandan

La toma del colegio Mariano Acosta, en la ciudad de Buenos Aires, el segundo en dos semanas, marcó ayer el inicio de un plan de lucha que involucra a estudiantes de numerosos secundarios porteños. El sábado pasado, representantes de 50 escuelas de Capital y provincia decidieron iniciar una toma escalonada, diez de las cuales –entre ellas el Carlos Pellegrini, y los Normales 1 y 8– comenzarían hoy mismo. El Nacional Buenos Aires y otras escuelas adherirán con carpas, cortes de calle y clases públicas. El reclamo se originó en las fallas de mantenimiento edilicio: “Cromañón marcó un punto de inflexión –explicó a este diario uno de los alumnos–: ahí todo el mundo empezó a ver las condiciones deplorables de las escuelas”. El gobierno de la ciudad expresó su preocupación: la Secretaría de Educación distribuyó entre los directores circulares sobre “cómo actuar en caso de toma”. Para el jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, el conflicto está amplificado artificialmente por los medios y alentado por quienes tienen “cierta vocación de generar situaciones de conflictividad”.
Cromañón pasó muy cerca de los estudiantes secundarios. Gustavo Lesbegueris, adjunto de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, lo advirtió cuando apenas comenzó el mes de enero: “Enero suele ser un mes planchado, pero este año nos llegaron más de cien reclamos en escuelas”, dijo a Página/12. El 11 de febrero la Defensoría ya había reunido 120 denuncias que dejó en manos de la Secretaría de Educación porteña. “Hoy son 145 reclamos sobre 133 escuelas de la ciudad. Les adelantamos ya en febrero que estábamos observando una situación de preocupación notoria entre los padres. Los problemas no son inventados, es un motivo de preocupación real aunque es necesario una evaluación escuela por escuela.”
Los secundarios rearmaron la red entre escuelas a partir de los reclamos por falencias edilicias, interpretó Agustín Vanella, de la Federación Universitaria de Buenos Aires, que apoya los reclamos de los secundarios. La primera muestra se observó el sábado pasado en una asamblea realizada durante la toma en el Normal 9. Concurrieron representantes de cincuenta escuelas, cuarenta de ellas de Capital. “Las que tenían centro de estudiantes enviaron representantes de los centros; las otras, mandaron comisiones de organización del centro”, explica Vanesa, estudiante de nivel terciario pero coordinadora de secundarios del MST. Entre otras, participaron dirigentes del Nacional Buenos Aires, Carlos Pellegrini, Mariano Acosta y Otto Krausse. Acordaron la discusión de un plan de toma de escuelas progresivo y actividades de adhesión que tendrán un primer punto de confluencia mañana al mediodía, en la marcha que reunirá en Plaza Houssay a estudiantes universitarios y docentes.
“Pedimos mejoras edilicias y planes de evacuación”, explicó Vanesa. “Porque se caen los techos, hay ratas, no hay planes de evacuación, los colegios se inundan, no tienen calefacción, hace frío y cuando llueve el agua cae adentro.” Además, exigen “más viandas, más cantidad de becas para estudiantes que trabajan, boleto estudiantil a 5 centavos durante las 24 horas”. También piden la derogación de las leyes Federal de Educación y Universitaria.
Ayer, por lo pronto, se produjo la toma del Mariano Acosta. Como otras diez escuelas Normales de la ciudad, se trata de un edificio centenario donde el gobierno porteño lleva adelante un plan de obras de 8 millones de pesos. La obra se inició este año y tiene un plazo de un año y medio de duración. Fue consensuada con los padres, pero la puesta en marcha se convirtió en un problema: “Las reivindicaciones de los chicos son justas”, dice el padre de Francisco, del centro de estudiantes de la escuela. “El Acosta está en obra, pero faltan las medidas elementales de seguridad y de higiene necesarias para la etapa de transición en un trabajo de una obra.”
A pedido de estudiantes y docentes, dos arquitectos de la Defensoría recorrieron la escuela el 26 y el 29 de abril. En las actas de constatación enumeraron ocho irregularidades: producto de las obras, las aulas no cuentan con cielorrasos y quedaron las instalaciones a la vista; hay canaletas en las paredes para la instalación eléctrica y artefactos de gas antirreglamentarios en pasillos y aulas, entre otros puntos.
La evaluación de Aníbal Ibarra es distinta. En el Mariano Acosta, dijo en diálogo con este diario, “se hace la obra mas importante de la ciudad, a un ritmo por delante del previsto. Todo fue consensuado con los padres, se hace con control como se había establecido”. En esa línea inscribió reclamos por la vianda, “en pocos años quintuplicada”; las becas que cubren cerca del 100 por ciento de la demanda o la inversión educativa, donde –dijo– “ha habido un aumento nominal de 38 a 60 millones de pesos en infraestructura, casi duplicando el presupuesto del año pasado”.
El Mariano Acosta no es el único tema que lo desvela. El gobierno teme la propagación de las tomas. “Nos preocupa que en el marco de los planteos o demandas, una de las primeras medidas sea la toma con no dictado de clases”, dijo Ibarra. En ese marco, rescató el espíritu de participación de los estudiantes, pero subrayó que existe un efecto contagio con demandas que en su mayor parte no tienen que ver con lo local. “Hay cierta vocación de generar situaciones de conflictividad, y amplificarlas”, dijo.

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Alumnos y padres del Mariano Acosta protestan por las molestias que ocasionan las obras.
 
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