SOCIEDAD › UN MURAL EN LA ESCUELA

Memoria en la pared

Esta semana, al cumplirse un año de la masacre de Carmen de Patagones, un mural de 40 metros cuadrados, que tiene 14,60 metros de largo y cuatro de alto en su parte más elevada, será inaugurado en la fachada de la Escuela de Educación Media 202 “Islas Malvinas”, de Carmen de Patagones, para recordar a los tres chicos asesinados por un compañero de curso. El trabajo, que comenzó a realizarse este fin de semana, se hará en bajo relieve y tiene la pretensión de ser una obra perdurable, que resista el paso del tiempo. “El mural tendrá un carácter simbólico, sin figuras humanas reconocibles, y muchos de los símbolos han sido sugeridos por los chicos que vienen a la escuela”, informa a Página/12 la docente platense Cristina Terzaghi, quien encabeza junto con su marido, Fernando Arrizurieta, un grupo de muralistas que ya ha realizado obras en otros lugares del país y de América, entre ellos Cuba, Paraguay y México. “Yo, aunque no soy psicóloga, soy docente, a los chicos los vi bien, muy participativos. Bien.” Terzaghi cuenta que los chicos, en los dibujos que le entregaron a ella como ideas para incorporar al mural, siempre incorporaron a sus compañeritos asesinados por Junior: “A veces son tres pececitos, tres ángeles, tres corazones”.
Terzaghi organizó varias reuniones en las cuales fue tomando contacto, en grupos de cien, con los 400 chicos que concurren al colegio. “Algunos se fueron sin aportar nada, pero la mayoría quiso estar presente en el homenaje.” En la primera reunión sólo se habló acerca de la técnica para realizar los murales y se les mostró un video sobre el tema. En las siguientes, luego de superar la reticencia inicial, los chicos comenzaron a hacer sus aportes. “En los dibujos de los chicos aparecen algunas cuestiones fuertes, como el rechazo a la discriminación (gordos y flacos junto con representantes de diversas razas), la idea siempre presente de que tienen que estar unidos entre ellos y también el dolor, por medio de ojos llenos de lágrimas”, explica Terzaghi.
“Al principio no decían nada. Después empezaron a poner el cuerpo, empezaron a comunicarse. Yo los veo bien, doloridos, pero bien. Han podido expresarse, algunos a través de dibujos y otros escribiendo algunas líneas. Yo creo que el arte, donde se instala, modifica, y creo que en ellos, algo pudo modificar.” De las reuniones sólo participaron los alumnos. Los docentes de la escuela nunca se acercaron a las reuniones, aunque fueron expresamente invitados. Según Terzaghi, en los escritos o dibujos entregados por los chicos aparecen características comunes, algunas diferencias y también puntos de contacto.
“Los chicos que murieron aparecen siempre: son tres figuras que parecen estar reparando un muro que se rompió, tres pececitos en una pecera, tres corazones que simbolizan el amor o tres ángeles. También aparecen árboles de la vida. Hay una gran necesidad de expresar vida. También aparecen figuras humanas que no tienen ni pies ni manos. Está claro que ellos están expresando dolor, pero también la intención de superarlo, de hacer un esfuerzo para lograr ese objetivo.” La docente platense cree, por eso, que “el balance ha sido positivo”.
En los dibujos y textos hay un gran ausente: Junior, el chico que en un inesperado ataque de furia terminó atacando a balazos a sus compañeros de curso. “Nadie tocó en forma expresa el tema de Junior. No tiene lugar, ni bueno ni malo. En una de las charlas, algunos chicos se atrevieron a decir que en algún momento, no ahora, podrían llegar a perdonarlo. Otros, sin dejar de rechazar lo que hizo, comentaron que Junior es un ‘producto de la sociedad’ en la que vivimos. En los chicos vi el dolor, pero no aparecieron ni la furia ni la depresión. Por eso digo que no los vi mal, pero insisto, yo no soy psicóloga.”

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