SOCIEDAD

Casi la mitad de los infartos de miocardio pasan sin ser advertidos

Un estudio realizado por un equipo médico holandés durante seis años y medio determinó que el 47 por ciento de los infartos pasan inadvertidos o sus síntomas se adjudican a otras causas.

 Por Pedro Lipcovich

Cerca de la mitad de los infartos cardíacos en la población general suceden sin que la persona se dé por enterada, según un estudio europeo que se extendió durante diez años. Entre las mujeres en especial, la proporción es aún mayor (ver nota aparte). Los infartos siempre pueden detectarse a posteriori porque el daño que dejan se refleja en el electrocardiograma. En rigor, en la mayoría de los casos la persona sintió el dolor en el pecho característico del infarto, pero no le dio importancia o lo atribuyó a otras razones. Los resultados de la investigación, que se corresponden con datos clínicos anteriores, toman relieve porque existen tratamientos que permiten detener el infarto, impidiendo el daño permanente a las células del corazón, pero estas terapias sólo pueden aplicarse en un lapso que no supera las tres horas a partir de la aparición de las primeras señales del infarto.

La investigación, publicada en la Revista Europea del Corazón, fue realizada por un equipo del Centro Médico Erasmo de Rotterdam, dirigido por Jacqueline Witteman, y consistió en un seguimiento, a lo largo de más de seis años, que comenzó con 5148 personas mayores de 55 años, las cuales inicialmente no tenían problemas cardíacos. La línea de partida corresponde a exámenes físicos efectuados entre 1990 y 1993. Un total de 4187 participantes volvieron a ser examinados en 1994-’95 y en 1997-’2000. Durante ese período, que en promedio abarcó seis años y cinco meses, se registraron 141 infartos reconocidos como tales, lo cual hace una proporción de cinco por cada 1000 personas cada año. La incidencia –como sucede habitualmente– fue mayor entre los varones: 8,4 por mil cada año. Entre las mujeres fue de 3,1 por mil cada año. Pero, también, los electrocardiogramas registraron huellas de infartos que no habían sido detectados en el momento de producirse. Esto sucedió en 3,8 personas por mil, cada año. Esta proporción se reparte en 4,2 para los hombres y 3,6 para las mujeres.

Esto implica que, entre los varones, el 33 por ciento de los infartos pasaron inadvertidos; entre las mujeres, la proporción de infartos desapercibidos se eleva al 54 por ciento (ver nota aparte).

“Los datos de la investigación holandesa son muy interesantes porque confirman la noción de que por lo menos, uno de cada tres infartos, suele pasar inadvertido –comentó Branco Mautner, director de la carrera de médico cardiólogo y decano de la Facultad de Medicina en la Universidad Favaloro–. Se detectan a posteriori, cuando la persona por algún motivo se hace un electrocardiograma, donde siempre queda registrada la cicatriz que dejó el ataque.”

“En algunos casos, como los de personas con diabetes o ancianas o con enfermedades neurológicas, el infarto puede no ir acompañado de dolor. Pero muchas veces la persona experimenta el dolor, aunque no advierte su verdadera importancia –explicó el cardiólogo–. Por una parte, el nivel de percepción del dolor tiene un componente cultural: a grandes rasgos, cuanto más sofisticada es una persona, menos capacidad tiene para soportar el dolor. Pero también existen variables individuales.”

El dolor producido por el infarto de miocardio “se produce generalmente en la mitad del pecho, en la zona de la corbata; suele ser intenso, puede ir acompañado por una sensación de muerte inminente; no es un dolor quemante sino opresivo, la persona siente como si un elefante le hubiera puesto una pata encima del pecho –graficó Mautner–. El dolor puede propagarse: típicamente hacia el borde interno del brazo izquierdo, por donde a veces llega hasta el dedo meñique; pero puede ir hacia el brazo derecho, o a los dos brazos, la mandíbula o la espalda, aunque esto es infrecuente”.

Por cierto, un dolor así no implica necesariamente un infarto: “Cualquiera puede tener dolores de tipo reumático en el pecho. Pero, especialmente si uno es un varón de más de 40 años o una mujer que ha pasado la menopausia, es preferible que consulte de inmediato”, sugirió Mautner. El infarto de miocardio se produce cuando un coágulo tapa una arteria que irriga el corazón pero “las células cardíacas tardan tres horas en morir por esa falta de sangre; entonces, hay tiempo de intervenir”.

En diez minutos, con un electrocardiograma y otros estudios rápidos, el médico hará una primera evaluación. “Si su diagnóstico presuntivo es infarto de miocardio, se inyectan drogas para disolver el coágulo y así destapar la arteria obstruida; esto permite que, en tres de cada cuatro casos, las células cardíacas no lleguen a dañarse –explicó Mautner–. En lugares especializados, se puede efectuar una intervención aún más efectiva que es la angioplastia, en la que se introduce un catéter que dilata la arteria coronaria. Pero –subrayó el cardiólogo– cualquiera de estas intervenciones debe efectuarse dentro de las tres horas del comienzo del dolor.”

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El infarto de miocardio se produce cuando un coágulo tapa una arteria que irriga el corazón.
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