SOCIEDAD

El otro caso

Por H. C.

El 30 de octubre de 2000, Página/12 reveló en exclusiva el calvario de Antonio Mirasse, funcionario del gobierno de Mozambique invitado por el Banco Mundial a un congreso sobre hidráulica en Bolivia. No hay línea aérea directa de Mozambique a Bolivia, por lo que Mirasse debió recalar con retraso en Ezeiza, último bastión del apartheid. Perdió su vuelo de conexión a La Paz y, del mismo modo que a Janvier Kouassi y Taramoko Aime, lo detuvieron por portación de piel oscura. Durante un día y medio permaneció encerrado en una celda subterránea de la Policía Aeronáutica, sin que lo comunicaran con la embajada de su país ni con los representantes del Banco Mundial. Sin explicación alguna, 36 horas después, lo sacaron de la celda, lo esposaron, lo subieron a un avión de línea acompañado por un custodia y lo depositaron no en Mozambique sino en Johannesburgo. Tras la denuncia publicada por este diario, se desató un escándalo que obligó a la intervención del hasta entonces presidente Fernando de la Rúa, quien aseguró que “sobre los responsables caerá todo el peso de la ley” (un año más tarde intentaría zafar de sus propias palabras). El BM exigió disculpas y compensaciones. El Inadi inició una causa penal. Al día siguiente, Migraciones cargó la responsabilidad sobre la Policía Aeronáutica, y la Policía Aeronáutica sobre Migraciones.

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