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Viernes, 11 de octubre de 2013

DANZA › LA CORDOBESA GABRIELA CARRIZO ES COFUNDADORA DE LA COMPAÑIA BELGA PEEPING TOM

“Indagamos en lo que mueve a la gente”

La bailarina y coreógrafa dirige la compañía junto a su pareja, el francés Franck Chartier. El espectáculo de danza teatro 32 rue Vandenbranden se desarrolla en un plano supuestamente real y en el imaginado por personas que no pueden cortar sus raíces.

 Por Hilda Cabrera

Las acciones que se suceden en 32 rue Vandenbranden (Teatro Presidente Alvear, Corrientes 1659, hoy a las 17.30) derivan en episodios oníricos y surrealistas. La imagen es la de un pueblo de montaña que se pierde en un espacio abierto sólo ocupado por una casa rodante. “Un no lugar habitado por gente atrapada en situaciones de las que no sabe cómo salir”, resume la bailarina y coreógrafa cordobesa Gabriela Carrizo, codirectora, junto al bailarín francés Franck Chartier, de esta pieza de danza teatro que participa del IX Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires (FIBA). Cofundadora de la compañía Peeping Tom (Bélgica), presenta un trabajo en el que la realidad es el duro contrapunto del “espacio mental de unos seres enfrentados a sus deseos y sus miedos, diferentes y más o menos intensos”. El espectáculo se desarrolla en un plano supuestamente real y en el imaginado por esos habitantes que no pueden cortar sus raíces ni despegarse de su cultura, situación inspirada sólo en parte por una película del realizador japonés Shohei Imamura. La obra tiene un sesgo cinematográfico elaborado a partir de imágenes inspiradoras, como las contenidas en la película La balada de Narayama, “donde un hijo lleva a su madre anciana a morir en esa montaña”, recuerda Carrizo.

–Un hijo obediente al mandato...

–Ese episodio es reflejo de una carga cultural. Nos interesa el contenido humano, la carga psicológica y familiar que pesa en las personas, como en nuestra Le Salon (obra de la trilogía que completan Le Jardin y Le Sous Sol), donde mostramos actividades cotidianas y nos preguntamos si esa gente es libre. En nuestras obras, el movimiento es importante, y muy exigido en los bailarines, pero no dejamos de indagar en aquello que mueve a las personas. Esa búsqueda es anterior al cómo se mueven. Nos interesa transformar lo que se siente a mostrar, por ejemplo, cómo crece el dolor en el interior de una persona y convertirlo en expresión estética. El artista necesita ir hacia ese interior, descubrirlo y elaborarlo, y no siempre desde el dolor y el miedo, porque en nuestras coreografías aparece el humor.

–¿Qué experiencia tenía antes de partir a Europa?

–Estudié baile desde muy niña, primero danza clásica y después danza contemporánea. Teníamos buenos profesores en Córdoba. Mientras estuve en el elenco de la universidad, presenté algunas coreografías. Una de las primeras fue Suite de la muchacha de las largas piernas. Una profesora me alentó a salir del país. Ya en 1989 estaba en Europa, un tiempo en París y después en Bruselas, donde conocí a Franck, que es mi compañero. Tenemos una hija, Uma, ahora de 9 años, que nos acompañó desde pequeña en algunas de las obras que estrenamos con Franck. Estuve en Les Ballets C de la B, la compañía de Alan Platel, que tiene sede en Bruselas, y en elencos de otros maestros. Cada tanto vengo a la Argentina, porque extraño.

–¿Influyeron en su trabajo las creaciones de la bailarina, coreógrafa y directora alemana Pina Bausch?

–Ella es uno de mis referentes. En Córdoba pude ver películas sobre sus obras, registros de Café Müller y otros. Supe que trajo obras a Buenos Aires (Bandoneón, por ejemplo). En Europa conocí su Tanztheater, de Wuppertal, y vi sus espectáculos en festivales, donde también era invitada la compañía de Alan Platel. Como en sus trabajos, nuestras coreografías están cerca de la realidad, de lo que nos sucede como personas. No separamos la experiencia personal del movimiento, pero no hacemos de esto una historia. Lo nuestro son situaciones que se relacionan con la emoción y con las reflexiones que nos surgen de la vida misma. El cuerpo no está separado del pensamiento, y su movimiento expresa tanto como la palabra.

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“El cuerpo no está separado del pensamiento y su movimiento expresa tanto como la palabra”, afirma Carrizo.
Imagen: Rafael Yohai
 
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