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Sábado, 5 de noviembre de 2016

MUSICA › OTRAS FORMAS, UN CD DE ARTISTAS QUE HACEN MUSICA

Dos lenguajes artísticos que confluyen en un mismo objeto

La idea de la cantante y pintora Florencia “Hana” Ciliberti tomó forma en el disco del que participan artistas plásticos como Nicolás Bacal, Juan Becú, Alfredo Prior, Dani Umpi, Lola Granillo, Magdalena Jitrik, Syd Krochmalny y Julián Terán, entre otros.

En 2012, la banda mexicana Café Tacvba editó el álbum El objeto antes llamado disco. El título hablaba de la creciente preocupación en la industria de la música ante la desmaterialización que estaba operando sobre los formatos musicales. El disco como objeto estaba desapareciendo. El soporte de la música se volvía cada vez más intangible, etéreo. Información en ceros y unos. Virtual. El disco como objeto se fue volviendo un tema para fanáticos y coleccionistas. El valor de las ediciones de CD y, sobre todo, de vinilos, transformó el consumo y también la naturaleza del objeto. ¿Qué se está comprando cuando se compra un disco? La artista visual y música Florencia “Hana” Ciliberti presenta hoy a las 17 en el MAMBA (San Juan 350, con entradas limitadas) el resultado de un proyecto que le da una vuelta más de tuerca al asunto. Se trata de Otras formas, álbum en el que reúne canciones de artistas visuales que también hacen música. Lo de Ciliberti fue un trabajo curatorial, que incluyó investigación histórica y rastreo, nacido de la voluntad de dar luz sobre una escena que no es muy conocida. Otras formas visita diversas estéticas musicales: mezcla baladas pop con canciones playeras de guitarras rasgadas, boleros con coplas, narraciones, abstracciones, texturas, historias, poemas con música, músicas pictóricas... El CD, además, incluye un catálogo de obras de los artistas que participan. Entonces, otra vez, el objeto se vuelve sobre sí mismo. Dos tipos de formas para dos tipos de mensajes: artes plásticas incrustadas en el ser mismo de lo musical.

“Cuando tuve todos los temas, lo que hice fue olvidarme de a quién pertenecía cada uno, y me interné en el viaje que me divertía y que podía recorrer el disco. Va saltando de un estilo a otro porque me parecía rica esa diversidad, pero el concepto curatorial fue completamente sonoro”, explica Ciliberti a propósito del orden elegido para los temas dentro del disco y el criterio que siguió para la convocatoria: “La selección tuvo que ver con el compromiso de cada artista con la música. Fue muy enriquecedor conocer el mundo de cada uno y ver el modo en que cada uno vive la música, el espacio que ocupa, que es un lugar muy hermoso, sin contaminación. Ellos se expresan sin querer pertenecer a ninguna industria. Entiendo la expresión como ese grito más puro, tamizado por el gusto de cada uno. En ellos, el mundo de la música es un espacio de experimentación totalmente liberado de cualquier pretensión. Es un grito de libertad absoluta. Aparece la vulnerabilidad, que tiene que ver con la exposición. Es muy difícil encontrar esos espacios de tanta entrega, donde está lo más latente y completamente puro y por fuera de cualquier condicionamiento del mercado”.

Del disco participaron Nicolás Bacal, Juan Becú, Alfredo Prior, Matías Duville, Dani Umpi, Lola Granillo, la propia Ciliberti, Magdalena Jitrik (con un tema compuesto e interpretado junto con Lucio Dorr), Francisco Garamona, Las Conchetinas, Syd Krochmalny, Julián Terán, Ana Gallardo, Silvana Lacarra, Marina de Caro, Adriana Bustos, Marcela Astorga, Mónica Millán y Cristina Schiavi. Además, incluye creaciones de dos pioneros en aquello de cruzar la vereda desde las artes visuales a la música: Jorge de la Vega y Federico Manuel Peralta Ramos. Varios de los artistas que intervinieron en Otras formas analizaron ante Página/12 las implicancias que tiene editar un álbum de estas características.

Ciliberti tiene amplia trayectoria artística y musical. Habla desde su lugar de creadora y gestora de este proyecto, pero también desde la sensibilidad de su propio hacer: “Siento que hay toda una reflexión en ese objeto, sobre el arte, en todas sus dimensiones. Es el amor a la posibilidad que tiene un ser humano de decir cosas a través de diferentes lenguajes. Para mí, el arte sigue siendo un espacio hasta de denuncia, que cruza transversalmente. Por eso, hay toda una generación intentando romper un poco ese cerco algo elitista, de acercarlo más al público popular. Todavía creo en el arte como un espacio donde hay una voz que está gritando y diciendo cosas que no son escuchadas en otros lugares, y que se filtran en la sociedad”. Ese gran articulador de ideas que es el arte para ella no tiene que ver con un público determinado: “Vos tirás un mensaje, pero es como tirarlo al mar. Es una conversación que vas teniendo con vos mismo, con los elementos y después con la obra que, en definitiva, es para ser escuchada o vista. En lo personal, nunca pienso en el público. Ni cuando hago una muestra ni cuando edito un disco. Porque, cuando pensás en un público, estás segmentando. No sirve. Si estás pensando en gustarle a alguien... Es al revés: vos tenés que hacer lo que sentís que tenés que hacer. Este fue un capricho mío hecho realidad, que no puedo creer la dimensión que tomó”, se enorgullece.

Alfredo Prior es ya un veterano en esto de dividirse (¿o fusionarse?) entre lo plástico y lo musical. De reconocida trayectoria en las artes visuales, es además miembro de una banda, Súper Siempre, junto con Sergio Bizzio, Francisco Garamona y Alan Courtis. En Otras formas participa con la obra “Napoleón en Pekín”. La música está íntimamente ligada a su producción. Cuenta que sus muestras están organizadas como álbumes. Inclusive, los títulos de las obras parecen títulos de canciones: “La armonía y discordancia que hay entre tema y tema es algo que retomo en mi obra”, refuerza Prior, autor de una serie de cuadros pintados sobre discos de vinilo. Está de acuerdo en entender el proyecto musical como un vehículo para abrirse hacia nuevas audiencias: “En el caso de lo que hacemos con Súper Siempre, creo que está destinada a ser de culto. Este disco puede inaugurar otra perspectiva, ya que está enfocado con una dimensión histórica. En cuanto al público de las artes visuales, no creo que sea tan restringido. He expuesto en salas con una afluencia de público enorme, familias con chicos. Creo que las artes plásticas pueden llegar a convocar mucho público”.

La música como vaso comunicante entre mundos que parecen distantes. Para Magdalena Jitrik, sin embargo, esos dos mundos son uno solo: “Las músicas que hago están muy imbricadas con la imagen, con la cosa visual. Cualquier disciplina artística te organiza para concretar el objeto, sea en el lenguaje que sea. Mi propuesta presente es homologar estos lenguajes. Por el momento, se piensa que es una actividad al costado, pero para mí no lo es; forma parte de lo mismo, como una categoría que se puede ir disolviendo. Para mí, no es distinto: mi obra es igual a mi música. En todo caso, tengo fe en que la música que hagamos ayude a que se haga más visible nuestro visible. O lo musical sea más audible gracias al sustento visual”. La artista es la creadora de Orquesta Roja, un proyecto musical que mantiene desde 2008.

“Músico y artista visual”: así es cómo se presenta Juan Becú. “Hago música desde los 16 años, de eso vivo”. Su obra se exhibe en la galería Nora Fisch hasta diciembre. Para él, lo más interesante de este proyecto es el cruce disciplinario, además de la importancia como registro histórico transgeneracional: “Nosotros somos artistas, así que el fetichismo objetual viene un poco de la mano. En términos de lecturas, la música vendría a ser un complemento, pero también una extensión del artista. Cada uno tiene su manifestación plástica y entonces es interesante ver si existe algún tipo de relación con esa plasticidad. Me parece que el eje de este trabajo es el registro. Y la conexión de tipos históricos con gente más actual”.

¿Cómo se establecen diferentes vínculos con diferentes lenguajes? “Están los problemas y están las conversaciones en las cuales uno quiere participar, que es lo más estimulante. Es una época rarísima para la música. ¿Cuál es la música nueva? No es un tema de materialidad, de frecuencias o de soportes. Es un tema de conversaciones. La música es un ejercicio espiritual, mágico. Pero depende qué signifique hacer arte para cada uno. La música como campo puede ser algo interesante o terrorífico”, afirma Nicolás Bacal, exmúsico académico que eligió el camino de las artes visuales como terreno de expresión principal. “Lo que me interesa es apelar es la curiosidad de los demás. Confío en lo que produzco y en que lo que produzco pueda generar algo, como una especie de conector. Hacer arte es participar de conversaciones, y de esas conversaciones se genera un conocimiento”.

La canción que Dani Umpi aportó al compilado, “Sambayón”, es una balada pop con todas las letras. El artista tiene totalmente desdobladas sus incursiones plásticas y musicales, aunque cuenta que en algún momento no tuvo del todo clara esa frontera, pero que ese tiempo ya pasó. Del disco-objeto y su status de obra, desmitifica: “En esta época, con todas las plataformas musicales, uno deja de tener presente que los discos siempre tuvieron imágenes. Es un trabajo que históricamente hicieron diseñadores o artistas. En este caso, estamos hablando de eso: del libro de un CD. No lo veo como un catálogo”.

Syd Krochmalny es doctor en Ciencias Sociales, magister en Comunicación y Cultura, licenciado en Sociología y artista plástico. Y también hace música. Para él, el arte contemporáneo permite ese juego que otros espacios o escenas o disciplinas, no: “Conjugar diferentes materialidades, técnicas, medios. Son diferentes sensibilidades que se ponen en juego. A la música la experimento desde un lugar distinto del arte que hago, aunque finalmente se expanda y atraviese algunas de mis producciones”

¿Qué pasa con el público o los públicos de este disco? “Inevitablemente, el primer espectador con el que se va a chocar cualquier cosa que nosotros hagamos es el del mundo del arte. Somos artistas y pertenecemos a ese campo, es con el que dialogamos permanentemente. Ahora, más allá de eso, siempre es una sorpresa trascender esas barreras. El público de la música todavía nos es ajeno. Entiendo que cualquier cosa que yo haga va a ir a parar siempre al campo artístico y va a ser leído de esa manera. Es un filtro para lo que hago como músico”, arriesga Julián Terán.

Durante la conversación, Ciliberti repite varias veces que “la música no pide permiso”. Será por eso que se presenta como un destino siempre tentador cuando de comunicar se trata. Porque el arte es comunicación, claro. El tema, el infinito tema, es encontrarle siempre Otras formas.

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Los participantes del disco Otras formas son parte de una escena que hasta ahora no es demasiado conocida.
 
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