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Viernes, 21 de marzo de 2014

HISTORIETA

Decirlo todo

Con casi 90 mil seguidores, Ofelia, el personaje creado por Julieta Arroquy, va por su segundo libro, redoblando la apuesta de la honestidad brutal.

 Por Flor Monfort

En Ofelia 2 (Ediciones de la Flor) Julieta Arroquy saca todos los muertos del placard. Algunos que duele mostrar, otros que asustan y varios que dan gracia, pero porque también tienen su lado deforme y oscuro. Simple y concisa, sus dibujos y breves líneas consiguen atrapar el clima de una época donde las relaciones son difíciles y, después de un tiempo de soledad, parecen imposibles. Logra además darle una vuelta de rosca al estereotipo, con lucidez y bastante de ese cielo negro que ilustra la tapa del libro.

“Creo que la diferencia entre ambas Ofelias, en materia editorial, es que el segundo libro fue más pensado. En el primero sentí que era una presentación del personaje, con una seguidilla de chistes, cuadritos y pensamientos pero sin un criterio definido. En cambio, Ofelia 2 fue pensado, tiene nuevos personajes como los monstruos y Selva, su nueva amiga. Por otro lado, en materia gráfica y emocional, Ofelia ya no tiene tantos reclamos hacia afuera, sino que sus reclamos y preguntas son más bien internas. Es una gran revisión del personaje, que comienza a plantearse sobre la existencia, la maternidad, la soledad y ya no anda culpando a “los otros” de sus turbulencias. Hay más orden, y otro criterio, y en la evolución de Ofelia creo que ha dejado de sufrir para pasar a aprender, comprender, perdonar”, dice su creadora, también dibujante, periodista y humorista gráfica.

Algunas de sus notas hablan del sube y baja de la autoestima, del borroneo y la propia sombra cuando no hay amor (“Si no hay amor, que no haya nada”, pregona) y de esos amores que cuando llegan parecen haberlo cambiado todo (“Yo sé que es un poco apresurado de mi parte. Pero no puedo evitar preguntarte. ¿No te querés quedar a vivir en mi vida?”), y refleja con mucho ingenio esa falsa compañía que resulta el mundo virtual. Una Ofelia perdida en un paisaje de iglú la tiene con un cartel que dice “Usted no ha recibido ningún mensaje nuevo” o le pide a Dios el botón de reseteo para empezar de cero cuando todo parece al revés de los deseos. Como mujer joven, se pregunta por el reloj biológico y aconseja a un amante acartonado con la pinta de un playmobil que afloje un poco, mientras lidia y doma sus demonios tristes e iracundos, esos que parecen decirle que sus cuestionamientos son vanos. Con un perfume a Maitena pero sin su cuidada redondez, Arroquy parece siempre dejar un cabo suelto para los y las lectoras o para sí misma, más adelante, cuando Ofelia 3, 4 o 5 encuentre las respuestas. Además, regala una buena página de viñetas en sticker como golosina final de un librito que la afianza en el humor neura de una chica urbana, profesional, llena de amigas y ropa de marca, que, como casi todo el mundo, sólo quiere que la quieran (bien).

Dice Arroquy sobre los fans que cosecha a cada minuto: “Ofelia habla por ella misma, sin embargo, creo que su discurso también es colectivo muchas veces, y eso es lo que permite la identificación. Habla de sus inseguridades, de sus pensamientos compulsivos, y de lo mucho que le cuesta cambiar, ser otra, o tomar otra actitud frente a la vida. Está ahí en el cuadrito y no pretende representar a nadie en particular, sólo a ella misma. Pero es cierto que funciona, y que la gente se apropia de lo que ella dice porque sienten parecido, porque están atravesando el mismo proceso o porque les produce ternura”.

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