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Viernes, 21 de mayo de 2004

CONSEJITOS DE MARU BON BON

Conozca las mil y una sensaciones que depara el voyeurismo sin perder la compostura.

Ya sabemos, queridas amigas y estimados compañeros de ruta, que para que el goce no se fatigue hay que hincarle aquí y acullá el filo de sensaciones nuevas, desconocidas antes del primer intento –después verá cuán hondo anidaban en su porosa mente–, prohibidas por la moral media, si es esto posible ya que así usted, mi queridísima/o, se asegurará un sabor extra. ¿Por qué no probar entonces con la simple observación de lo que otros concretan sin dejarse llevar por el deseo de interferir en relaciones ajenas? ¡Si ustedes supieran, amiguitas/os, cuánto rinden unas pocas imágenes bien visualizadas de cara al futuro de otras relaciones más convencionales! Baste con recordar, para tener una idea, a cuántas fantasías ha recurrido usted cuando la pose del misionero/a la/o acunó con su rutina. Pero para que esta sabia acumulación cumpla su cometido, usted deberá mantenerse en su lugar con la guía de estos humildes consejos:
1. Utilice anteojos (o lentes de contacto). No están bien vistas las aproximaciones excesivas: si desea primerísimos planos, pues alquile una película triple x o bien use binoculares. Lo que usted debe percibir es un clima, unas líneas generales, tal vez la cadencia, no pretenda el detalle, puesto que lo único que logrará es caer en las redes de la orgía y eso es para otro capítulo.
2. Evite dar indicaciones. No importa que el espectáculo que se muestra ante usted generosamente le resulte soso, insípido o inodoro, no hace mella que usted crea que con una corrección en la postura, con un poco de ahínco en la manipulación –o, por qué no, la succión– de las partes, las cosas mejorarían. Es usted de piedra, está pintado/a, no insista, limítese a mirar y atesore la experiencia para no cometer los mismos errores.
3. Mantenga las manos entretenidas. No es necesario explicar cuál es el mejor lugar para depositarlas, que usted sea la mirona o el mirón no implica que deba someterse al suplicio de la carne que exige sin darle nada. Vamos, haga lo suyo, que siempre será mejor que meter mano a donde lo llamaron sólo para poner los ojitos.
4. Evite las grandes distancias y sobre todo los balcones. Busque cómplices, consiga el acuerdo de los observados/as, no hay peor cosa para un observando que intentar pispiar donde no lo/la han llamado, mucho menos si la escena de sus amores está separada de usted por un abismo, recuerde que la caída está de moda y si sobrevive no tendrá cómo explicar los motivos de su audacia.

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