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Lunes, 21 de mayo de 2012

FúTBOL

El día después de la final de la Champions League

Euforia negra en Londres

Casi 100 mil fanáticos del Chelsea celebraron junto a su equipo la obtención de la Champions League, sellada con la victoria en la final contra el Bayern Munich, con una caravana que recorrió decenas de cuadras desde el estadio Stamford Bridge, ubicado muy cerca del centro de Londres.

La mayoría de los cantos de una interminable marea azul de hinchas fueron para el delantero marfileño Didier Drogba. “Queremos que te quedes”, le pidió el capitán del equipo, John Terry, cuando le tocó hablar ante la multitud. El contrato del goleador vence el mes que viene y hay varios clubes tentándolo.

El futbolista marfileño fue el héroe del partido ante el Bayern Munich al convertir el gol del empate a dos minutos del final, y marcar el penal decisivo que selló el primer título de la máxima competición europea para un equipo de la capital inglesa. Por eso tampoco faltaron las dedicatorias y los carteles contra el Arsenal y el Tottenham, los dos mayores rivales de la ciudad.

Otro nombre vitoreado fue el del técnico Roberto Di Matteo, quien a principios de temporada era un actor de reparto detrás de la millonaria incorporación de André Villas-Boas, el portugués que era presentado como el sucesor de José Mourinho. Los malos resultados en la Premier League (donde el equipo terminó sexto) y en la propia Champions, donde el Napoli estuvo cerca de dejarlo afuera en cuartos de final, sellaron la salida de Villas-Boas.

Y los buenos resultados hicieron que Di Matteo, que también logró la FA Cup, metiera presión para dejar de ser un DT interino y alargar el tiempo en el cargo pese a que todavía suenan apellidos de peso, como Fabio Capello, para reemplazarlo.

La decisión la tendrá que tener el dueño del club, el magnate ruso Roman Abramovich, que durante los festejos dejó atrás el bajo perfil para ser uno de los que más alegría demostraron en uno de los dos buses que pasearon a los nuevos campeones europeos.

“Eliminar a Barcelona en semifinales y ganarle al Bayern Munich en su casa es único”, explicó Andrew Sutton, uno de los hinchas que estuvieron en Alemania y tampoco quisieron perderse la larga caravana en Londres. “En años anteriores también estuvimos entre los mejores equipos de la Champions, pero nos faltó determinación para terminar de ganar los partidos decisivos. Esa es la diferencia de este plantel, que quedará en la historia”, sentenció Michael Cole, otro simpatizante del Chelsea.


Dolor insoportable en Munich

Arjen Robben se hundió en la silla. Philipp Lahm abrazó a su mujer con la mirada perdida. Debía ser una fiesta, pero el gesto desencajado de los jugadores del Bayern Munich en la cena del club mostraba la verdad: tocaba hablar de una de las derrotas más dolorosas de los últimos años para el fútbol alemán. “Es una de esas noches en las que uno se pregunta si no habría sido mejor quedarse en casa”, comenzó su discurso el presidente de la junta directiva del Bayern, Karl-Heinz Rummenigge.

Horas antes, el sueño de ganar la Champions en su propio estadio se había escapado de la forma más cruel: dominio absoluto sobre el Chelsea, derrota en la definición por penales.

Rummenigge midió sus palabras ante un plantel desmoronado y recordó que él mismo vivió en carne propia otra catástrofe histórica: la final de la Champions de 1999 en Barcelona, que el Bayern perdió 2-1 por dos goles del Manchester United en los minutos 91 y 93. “También eso fue brutal en extremo. Pero casi tengo la impresión de que lo de hoy (por el sábado) resulta de algún modo más amargo, más brutal y en realidad más innecesario. Y debo decirlo con toda sinceridad: duele de un modo increíble. Echo una mirada por las mesas y siento que ése es el ánimo de todos.”

La derrota dejó al Bayern subcampeón en los tres torneos que jugó esta temporada. La semana pasada perdió la final de la Copa Alemana contra el Borussia Dortmund, que también le arrebató la Liga en el tramo final ganándole un partido en el que Robben –como ante el Chelsea– erró un penal que pudo valer el título.

El temor que asalta a muchos es que esa racha negativa del Bayern, marca global del deporte alemán, simbolice un estado de ánimo en el fútbol de todo el país. La selección alemana lleva 15 años sin títulos, desde que ganó la Eurocopa 1996. A nivel de clubes, el último gran triunfo internacional fue la Champions conquistada por el Bayern en 2001, hace más de una década. El Dortmund, bicampeón en Alemania, fue humillado este año en la Champions y se despidió en la fase de grupos.

“A largo plazo no tengo ganas de ser segundo. No es una situación que esté dispuesto a aceptar”, advirtió el elocuente presidente del Bayern, Uli Hoeness, con las heridas de la final aún abiertas.

La desmoralización del fútbol alemán preocupa más porque se produce días antes de que comience la Eurocopa de Polonia y Ucrania. Algo parecido pasó en 2010, cuando el Bayern perdió la final de la Champions contra el Inter antes del Mundial de Sudáfrica.

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