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Lunes, 10 de septiembre de 2012

FúTBOL › FúTBOL CURIOSO Y DELICIOSO

Pequeños gigantes

 Por Juan José Panno

El equipo forma con Jorge Montanari, Marcos Zurita, Juan Martín Gutiérrez, Adrián Desiderato (hijo), Juan Pablo Alvarez, Patricio Gronda, Francisco Godínez Galay, Matías Martínez y Javier Castro. Se trata de una banda de jóvenes talentosos, inquietos, curiosos, futboleros de alma, responsables del sitio bolasinmanija y del libro Pequeños gigantes, una perlita de la literatura futbolera.

Desde la vereda de enfrente de las calles por las que transitan los grandes clubes de fútbol del mundo y los periodistas con vocación de estrellas, los tipos se mandaron un fenomenal trabajo de investigación, cosechando jugosas, simpáticas, divertidas y a veces conmovedoras historias de clubes y personajes acostumbrados a moverse en las sombras.

El libro, prologado por el periodista Miguel Simón, es un singular viaje por el mundillo de un fútbol desconocido desde Buenos Aires hasta Kiev, con más de 40 escalas, en ciudades y países reconocibles o ignotos. En la contratapa de la obra venden –muy bien– boletos de primera clase para ese crucero, formulando preguntas con gancho: ¿Un Premio Nobel metiéndole goles a River? ¿Un equipo del ascenso argentino que tiene de hijo al Milan? ¿Un presidente en funciones jugando profesionalmente? ¿Un equipo de pintores y albañiles finalista de una Copa nacional en Europa? ¿Una selección gitana afuera de un Mundial por falta de presupuesto? ¿Un equipo con sólo seis jugadores goleando a un clásico rival en medio de una tormenta?

El libro, lleno de guiños y comentarios delirantes en la contextualización histórica, está muy bien escrito. Aquí, una pequeña muestra: El Equipo de Houssay.

El equipo de la Facultad de Medicina tal vez no tenga en su palmarés un torneo Apertura, una Copa Libertadores o una Supercopa. Tampoco siquiera un torneo de ascenso. Lo que sí ostenta, y no sabemos si otro club en el mundo puede hacerlo, es haber conseguido un Premio Nobel. Sí, el mismo que el señor de los “veintidós tipos corriendo detrás de la pelota” no pudo conseguir.

Así es: Bernardo Alberto Houssay, Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1947 por sus trabajos sobre el papel de la hipófisis en la regulación de la concentración de glucosa en la sangre (algo importante para el conocimiento de la enfermedad vulgarmente conocida como “diabeti”), jugó en el equipo de la facultad en los comienzos del siglo pasado, en los albores del fútbol argentino.

Evidentemente este muchacho no perdía el tiempo. Recibido de bachiller a los 13 años, a los 17 ya era farmacéutico y a los 23, médico. Y se ve que era no de esos a los que les costaba estudiar y se llevaban muchas materias a diciembre, porque además se hacía tiempo para jugar al fútbol.

Nacido en 1887, cuatro años antes de la disputa del primer campeonato oficial argentino, tuvo su momento de gloria futbolística a principios del siglo XX. Corría 1905 y el pequeño River Plate, con sólo cuatro años de vida, daba sus primeros pasos en la tercera categoría del fútbol argentino. Al igual que hoy, 2012, ya un anciano centenario militaba por las categorías del ascenso. Su debut absoluto fue ante el equipo de la Facultad de Medicina. Y fue derrotado 3-2. Así comenzó la historia de River Plate.

Pero lo importante fue que en el partido de vuelta jugó de delantero un entonces desconocido estudiante de Medicina, el Bernie Houssay. El 4 de julio de 1905 quedó en su memoria con mucha más fuerza que el 10 de diciembre de 1947, día en el que le fue entregado el prestigioso galardón sueco. Así lo recordó el mismo Houssay en una entrevista concedida al diario El Mundo en 1967: “El fútbol es un deporte maravilloso. Ahora hace muchos años que no veo un partido. Pero yo he jugado para el equipo de mi facultad, recuerdo”.

Ese día, la precisión de ese hombre acostumbrado a mirar por el microscopio le permitió marcarle dos goles al equipo que con el tiempo sería el más ganador del fútbol argentino a nivel local. Fue un pionero de los médicos que aplicaron sus conocimientos al fútbol. Años más tarde, el doctor Bilardo los utilizaría para intentar envenenar a un rival en un Mundial (según versiones, se habría ausentado el día del Juramento Hipocrático por una simbólica gastroenterocolitis). Y más contemporáneamente un rústico defensor, el doctor Herbella, entendió la importancia que tiene para su función el conocimiento preciso de todas las inserciones ligamentarias de sus potenciales rivales.

En definitiva, las dos conquistas de Houssay ayudaron a que su equipo volviera a derrotar a uno de los dos más grandes de Argentina, otra vez por 3 a 2, marcando una paternidad sobre los millonarios que pocos pueden exhibir.

Fue su día de gloria, sólo igualado más de 40 años después cuando en la fría Estocolmo consiguió el Premio Nobel para el equipo de la Facultad de Medicina. Ese día se volvió a escuchar el cantito creado en 1905 por la hinchada con guardapolvo blanco como camiseta, que revoleando los estetoscopios entonó: “Y ya lo ve, y ya lo ve, es el equipo de Houssay”.

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