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Lunes, 10 de septiembre de 2012

CONTRATAPA › A 40 AñOS DE LA VICTORIA DE LA URSS SOBRE ESTADOS UNIDOS EN EL BáSQUET OLíMPICO

Los tres segundos que cambiaron la historia

El encuentro fue el 10 de septiembre de 1972 en Munich y quedó grabado a fuego no sólo por la derrota norteamericana 51 a 50 en plena Guerra Fría sino por la manera en la que perdieron, después de haber festejado el triunfo, apenas unos instantes antes.

 Por Fernando Krakowiak

El pase largo de Ivan Edeshko fue perfecto. Alexander Belov recibió la pelota debajo del aro, se elevó y convirtió el doble, justo antes de que sonara la chicharra. Luego corrió hacia sus compañeros con los brazos en alto, enloquecido, ante la mirada incrédula de los estadounidenses. La selección de básquetbol de la Unión Soviética acababa de ganar la primera medalla dorada de su historia y Estados Unidos la perdía por primera vez, luego de haber permanecido 63 partidos invicto en los Juegos Olímpicos, desde Berlín 1936 hasta esa final. El encuentro fue el 10 de septiembre de 1972 en Munich, hoy hace 40 años, y quedó en la historia no sólo por la derrota norteamericana 51 a 50 frente a los rusos en plena Guerra Fría sino por la manera en la que perdieron, después de haber festejado desaforadamente el triunfo, apenas unos instantes antes.

Por aquellos años, a la selección de Estados Unidos le alcanzaba con los jugadores universitarios para ganar siempre. Por lo tanto, a Munich habían llegado, una vez más, como los grandes candidatos, pese a la ausencia de Bill Walton y Swen Nater, dos jóvenes promesas que después serían estrellas de la NBA. Los soviéticos, en cambio, tenían figuras experimentadas que ya habían jugado más de 400 partidos juntas en la selección, entre las que sobresalía Sergei Belov.

Los estadounidenses llegaron a la final con facilidad al ganar sus partidos por más de treinta puntos de diferencia en promedio. De hecho, en semifinales dejaron atrás a Italia con un contundente 68-38. Sin embargo, la final comenzó siendo favorable a los soviéticos, que impusieron su juego pausado, complementado con un Sergei Belov imparable que terminaría siendo el goleador del juego con 20 puntos.

El primer tiempo terminó 26 a 21 a favor de la Unión Soviética. En la segunda parte, los rusos incluso llegaron a ampliar su ventaja luego de que el rudo Dwight Jones se fuera por cinco faltas. Cuando restaban sólo 5 minutos ganaban 44 a 36. En ese momento comenzaron a cometer algunos errores y dejaron que los estadounidenses recuperaran la confianza. “Nos empezaron a temblar un poco las piernas cuando nos dimos cuenta de que podíamos ganarles”, reconoció Edeshko después del partido.

Cuando restaban 44 segundos, Estados Unidos se había puesto a un punto y los rusos tenían la posesión, pero sobre el final Doug Collins, primer entrenador de Michael Jordan en Chicago Bulls y ex coach de Andrés Nocioni en Philadelphia, robó una pelota y cuando iba a convertir, Zurab Sakandelidze le cometió una dura falta. Collins metió los dos libres y puso en ventaja a su selección a sólo tres segundos del final. En ese momento, el técnico ruso Vladimir Kondrashkin pide minuto, pero la mesa no se lo otorga. La pelota se pone en juego y recién entonces le dan el tiempo muerto, faltando un segundo. Los soviéticos protestan e interviene el secretario general de la FIBA, William Jones, quien en medio del tumulto da lugar al reclamo. Los árbitros informan entonces que aún quedaban tres segundos por jugar.

Los rusos sacan desde abajo del aro con un pase corto y realizan un tiro desesperado sobre la chicharra, que se va desviado. Estados Unidos festeja el agónico triunfo por 50 a 49, pero la mesa informa que, antes de reanudarse el juego, el reloj no marcaba los tres segundos. Por lo tanto, hay que volver a jugar ese tiempo. La selección dirigida por Henry Iba amenaza con retirarse, pero al final el encuentro se reanuda. Edeshko se acomoda para poner la pelota en juego desde abajo del aro y Tom McMillen, en lugar de obstruirlo, toma distancia. “En la locura del juego, creí que si no me corría podía ser tomado como un foul técnico”, afirmó luego.

Edeshko aprovecha esa ventaja y da el pase de aro a aro para Alexander “Sacha” Belov. “No tenía otra alternativa. Primero miré a Alexander, que asintió con la cabeza, y después a Kondraskin (el técnico). Este me dijo que sí y, sin dudarlo, lancé el balón hacia Sasha, que comenzaba a correr en el centro de la cancha”, dijo. Belov convirtió y la Unión Soviética se quedó con el triunfo.

Estados Unidos presentó una protesta formal y los jugadores se quedaron en el estadio hasta las cuatro de la mañana esperando respuesta. Finalmente, al día siguiente, un tribunal desestimó el reclamo por tres votos contra dos. La selección comandada por Iba no se presentó a la premiación y nunca nadie retiró las medallas de plata, las cuales permanecen en una caja de seguridad en Lausana, Suiza. “No es cierto que no aceptemos la derrota, porque no perdimos aquel partido”, afirmó Iba, quien falleció en 1993. “A veces me despierto a la noche y escucho ‘quedan tres segundos’”, declaró el escolta Kenny Davis en un documental reciente emitido por Sports Century en ESPN Classic. Davis además contó que dejó aclarado en su testamento que ni sus hijos ni su esposa podrán recibir jamás la medalla de plata como herencia.

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