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Domingo, 9 de octubre de 2011

FAN › UN MUSICO ELIGE SU CANCION FAVORITA: MEX URTIZBEREA Y “BARRO TAL VEZ”, DE LUIS ALBERTO SPINETTA

El alma del artista

 Por Mex Urtizberea

Hay un artista al que admiro y respeto: Spinetta. Nací en el ’60 y muchos de los temas que escuchaba de chico eran los de sus comienzos. Era muy raro: me gustaba su forma medio irrespetuosa de componer y armonizar, que siempre te sorprendía. Hasta el día de hoy. Me acuerdo de “Figuración”, porque acentuaba en cualquier lado. Fue el primer tema que escuché de Almendra. Venía en un compilado con otros grupos de música beat de la época, como Los Gatos, Kano y los Bulldogs y otros. Uno de esos discos que juntaban a todos los “hiteros”. Y ahí también estaba Almendra. Extraño.

En ese momento tenía 7, 8 años. Escuchaba a los Beatles y a los Stones. Soy el más chico de una familia que consumía esa música y me enganchaba. Conocía “Muchacha (ojos de papel)”, por supuesto. Y después compramos el primer disco de Almendra, que venía con “Ana no duerme” y “Plegaria para un niño dormido”. Me encantaba, porque era muy original y muy lindo, además. No sólo por una cuestión intelectual: habían logrado algo increíble. Spinetta. Spinetta y su poesía a veces inentendible. Por momentos, lo confieso, me cansaba. Pero siempre es más linda la música que la letra. Uno empieza a cantar a partir de las músicas. No me molestaba, porque las palabras estaban usadas para la canción.

Pero el tema de Spinetta para mí es “Barro tal vez”. Me impresionó mucho desde siempre: lo compuso muy joven, tengo entendido que a los 14 años. No entendía bien cómo alguien a esa edad podía escribir algo así. El después hizo Kamikaze, que era un disco más acústico. Y ahí lo incluyó. Era una época en la que yo estaba en el grupo MIA: cantaba, tocaba un poco el saxo y componía con Verónica Condomí. MIA era una agrupación de muchas agrupaciones. Una cosa comunitaria, bien de la década del ‘70. La producción independiente y todo eso empezó ahí. Y Spinetta iba y apoyaba mucho ese tipo de filosofía, de relación con la música. Ahí lo empecé a conocer al tipo. Jugué un partido de fútbol con él, ponele... Pero nunca tocamos juntos. No pude hablar ni de música. Yo era pibe y tenía una gran admiración, que me dejaba mudo.

Cuando se formó Spinetta Jade, ensayaban en la casa de Lito Vitale en Villa Adelina. Lito era el tecladista, junto con Diego Rapoport. Y me acuerdo de que tocó en un show en Obras, en el debut del grupo. No lo podía creer, porque en Villa Adelina caían Pomo, Pedro Aznar, todos músicos tremendos. En los ensayos con Lito era muy común que grabáramos lo que estábamos haciendo. Y un día, mientras ensayaban con Spinetta Jade, yo me dispuse a grabar la improvisación que estaba haciendo Spinetta con los demás muchachos. Estaba en un sillón y apreté el botón de rec. Spinetta reaccionó amablemente, pero no contento: me dijo que no lo grabe, que eso se chupaba el alma del artista. Me dio toda una explicación de por qué era así. Y me sentí para el culo. Ese grupo me encantó. Y lo fui a ver muchas veces.

En realidad, lo fui a ver bastante a Spinetta en general. “Barro tal vez” me volvía loco. La primera vez que la escuché fue en el auditorio de la Universidad de Belgrano, en la calle Federico Lacroze. Debe haber sido en el ’79, ’80, por ahí. Había shows. Y él fue a tocar un par de veces, solo con la guitarra. Fui a verlo las dos veces y “Barro tal vez” me partió la cabeza las dos veces. Decía: “Si no canto lo que siento / me voy a morir por dentro / he de gritarle a los vientos hasta reventar / aunque sólo quede tiempo en mi lugar. / Si quiero me toco el alma / pues mi carne ya no es nada / he de fusionar mi resto con el despertar / aunque se pudra mi boca por callar”. Era muy raro que escriba algo así. Y divino a la vez. Me mató, no lo podía creer. Como no se había editado todavía, seguía manteniéndola en mi cabeza, porque me había encantado, tocándola o sacando los acordes.

La canción parece simple, pero es muy profunda. Todo lo que le va pasando con la música y con lo que tiene para decir. Un adolescente que, indudablemente, estaba medio desesperado. A veces la toco para mí. Lo mismo que “Para ir”, que es de la época de Almendra, que también es muy bonita.

En Kamikaze toca Rapoport un Fender Rhodes o algo así. Pero me gustaba más la versión que hacía él solo con su guitarra. Era una Ovation, una viola que estaba de moda y tenía un sonido muy particular, muy metálico. En esa época era muy difícil que se escuchara bien lo que estaba tocando con una acústica. Es una canción muy genuina de su obra: esas melodías divinas y esas letras de un vuelo poético que te tiene que gustar, porque es muy particular. A mí me encanta la sorpresa en la música. No saber a qué acorde va a pasar. Cuando escucho a otros músicos ya sé a qué acorde van a pasar, porque son más simples o más obvios. No es obvio Spinetta. Y eso a mí me crea una fascinación y una especie de adrenalina interna, porque no sé para dónde va a ir. Spinetta es EL músico de rock argentino. Tiene una conducta increíble, una ética de estar siempre jugando y haciendo su música desde su corazón, sin negociar nada de su arte. Es un ejemplo de músico. Y es el único de su especie.


Mex Urtizberea se despide de Pasión inútil, un show con música, monólogos y situaciones humorísticas, los viernes de octubre a las 22 en Samsung Studio (Balcarce 433).
También participa en los programas de tele Pura química (lunes a viernes de 14 a 15 por ESPN) y RSM (lunes a viernes de 20 a 21 por América).

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