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Domingo, 23 de octubre de 2011

FAN › UN ARTISTA ELIGE SU OBRA FAVORITA: LOLA GOLDSTEIN Y LAS KOKESHI DE NOEMí UENO

Cosas que quisiera para mí

 Por Lola Goldstein

Elegí a Noemí Ueno. La elegí por su trabajo, porque a ella no la conocí directamente. Alguna vez hablamos por teléfono, un ratito, creo que cuando nació Rosa, nuestra hija, que se llama también Nobuko como Noemí. Noemí vivió hace muchos años con su mamá en la casa de Burzaco donde nosotros vivimos ahora. Antes de que muriera su mamá y la casa quedara vacía, Noemí se fue a vivir a Japón.

Cuando llegamos a esta casa habían pasado muchos años, durante los cuales mi suegro, hermano de Noemí, se dedicó a arreglarla y la fue modificando mucho. Tanto que viendo fotos de aquella época la casa no se reconoce. En uno de los cuartos se fueron guardando cajas –junto con la imprenta, propiedad de mi suegro, con todas sus máquinas y cajas de tipografía, que quedaron en desuso–. En ese cuarto no entrábamos casi nunca. Una vez, por curiosidad, empecé a abrir algunas cajas y me encontré con un mundo de objetos rarísimo: juegos de té, platos... todos pintados a mano... había una palangana amarilla llena de vajilla... Pero entre las tacitas y jarrones fue apareciendo una especie de familia, una raza misteriosa de muñecas y muñequitos, recortes de madera, huevos pintados, señores, mujercitas en kimono... no sabría definirlo, creo que por eso me fascinaron. Porque eran inexplicables todos esos objetos ahí. Yo no sabía de quién eran y estaban en mi casa.

Noemí pintaba acuarelas, pinturas en terciopelo con temas japoneses, paisajes, animales y también hacía kokeshi, que son pequeños muñecos de madera tradicionales en Japón. En un momento hizo obras de teatro en las que ella armaba todo: las marionetas, los fondos, los vestuarios. Había inventado un sistema de fondo continuo con dos rollos enormes de papel que iban girando a lo largo de la función. Sospecho que mi suegro debe haber ayudado mucho en estas cosas. El dice que la ayudaba con la música. Creo que de todo eso sólo queda como registro alguna foto de ella durante una función.

A lo largo del tiempo me fui encontrando con todas esas cosas que ella dejó hará cuarenta años. Cosas que van de la época en que empezó a estudiar hasta que se fue a Japón. Dejó muchas cosas. Hizo un viaje largo, en barco. Pienso que esperaba quedarse mucho tiempo allá y debe haber sido difícil elegir.

En su taller, que ahora es el mío, cada tanto aparecen croquis, ensayos de pintura a la acuarela, algún cuadrito. Cuando nos mudamos yo todavía no había empezado a hacer cerámica... y después me enteré que ella también había hecho cerámica y que hubo un horno en el mismo lugar donde ahora está el mío.

Yo fui haciendo mi trabajo en paralelo a estos encuentros. Las mascotas en cerámica que yo hago son un poco parientes de sus kokeshi. Hay algo en sus trabajos que me llena de alegría, algo así como la voluntad de hacer magia, de inventar cosas que antes no estaban. Cosas que quisiera para mí.

En general uno conoce a un artista mirando un libro, o visitando una galería, pero los artistas que quiero de verdad de algún modo se quedan a vivir conmigo.

Por eso la elijo a ella.


Noemí Ueno es la tía de Guillermo Ueno, fotógrafo y marido de Lola Goldstein.
Lola Goldstein (1978) participó de muestras en el Consulado Argentino en Nueva York, el Museo de Arte Moderno de Chile, el Museo Marítimo de Ushuaia, el Museo du Trabalho de Brasil y el Centro Cultural Recoleta, entre otras.

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