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Domingo, 6 de noviembre de 2011

FAN › UN CINEASTA ELIGE SU ESCENA DE PELíCULA FAVORITA: SANTIAGO GIRALT Y UNA ESCENA DE IMITATION OF LIFE, DE DOUGLAS SIRK

Mamita querida

Imitación a la vida (Imitation of Life, Douglas Sirk, 1959) es una adaptación de la novela escrita por Fannie Hurst, producida por Ross Hunter y protagonizada por Lana Turner. Se trata de la segunda vez que fue llevada al cine: la primera había sido en 1934, con dirección de John M. Tahl y Claudette Colbert en el papel principal. El argumento se centra en el personaje de Lora Meredith (Lana Turner), actriz viuda que, mientras busca en una playa de Coney Island en 1947 a su hija Suzie, desaparecida, conoce a una mujer negra, Annie Johnson (Juanita Moore), y a su hija Sarah Jane, mulata de aspecto prácticamente blanco. Lora contrata a Annie como sirvienta aunque no tiene realmente los recursos para hacerlo. A la vez, entabla una relación con Steve Archer (John Gavin), un fotógrafo al que conoció en la playa el día de la desaparición de Suzie. Luego el destino le depara éxito como actriz de comedias, pero su ambición desmedida comienza a destrozar sus relaciones: la que tiene con Archer y la que la une a su hija, quien se ampara en Annie, quien a su vez intenta por todos los medios que la gente no sepa que es mitad negra. La adaptación supuso grandes cambios respecto del libro original: en la novela, Lora se convertía en una cocinera famosa y exitosa mujer de negocios gracias a las recetas de Annie, a quien expulsaba entonces de su vida. Sirk y los guionistas Eleanore Griffin y Allan Scott efectuaron las modificaciones convencidos de que el argumento original sería violentamente rechazado por el movimiento afroamericano. Juanita Moore estuvo nominada al Oscar a mejor actriz secundaria.

 Por Santiago Giralt

Una de las películas que más veces he visto en mi vida es Imitación de la vida, de Douglas Sirk. Dentro de esa película está mi escena preferida de la historia del cine. La escena está cerca del final, cerca del minuto cien. La cámara mira desde la cuarta pared de un cuarto de una adolescente, hija de una actriz famosa, que parece una casa de muñecas. El decorado es rosa, con rombos, y una cama blanca con cuatro postes y tules blancos, salida del sueño de una adolescente de la época. La puesta en escena es frontal y miramos desde esa cuarta pared. Susie (Sandra Dee) está escribiendo una carta para entrar a una universidad en Denver, lejos del hogar materno. Lora (Lana Turner) entra a escena con el objetivo de preguntarle a su hija si está enamorada del mismo hombre que ella. Luego de dos planos medios donde se plantea la situación –Susie ha decidido irse a estudiar a más de 1500 millas del hogar de su madre–, la cámara se acerca a los personajes en una serie de primeros planos. Los aros de diamante brillan tanto como las lágrimas en los rostros, el lujo y la miseria humana se sintetizan en esos brillos. Lora le dice: “Fue por mi ambición que tuviste lo mejor que se puede tener. Y ése es un logro del que pocas madres pueden enorgullecerse”. Y Susie le replica que ha recibido todo de ella menos el amor de madre. Y Lora le contesta: “¿Amor? Has tenido mucho de eso”. Y Susie, quejosa, le dice que su amor llegó a través del teléfono, de postales, de notas en los diarios... “Me has dado todo, menos a ti misma”, cierra el reclamo la adolescente. Y entramos en el clímax de la escena, cuando Lora le dice a Susie: “Si Steve se va a interponer entre nosotras...” y ahí Lana Turner hace una pausa, entra un pensamiento preciso que se refleja en su rostro, lo gira levemente hacia cámara, actuando con la conciencia del plano hacia el espectador, y la madre le dice a la hija: “Renunciaré a él, no lo veré nunca más”. El momento se parece a escenas de las telenovelas que miraba de chico, pero hay aquí un toque de camp sublime, de guiño excesivo al espectador, que es el toque magistral de Sirk. Y Susie le escupe en la cara con furia: “¡Oh! ¡Mamá! ¡Dejá de actuar! Dejá de manipular a la gente de un lado hacia el otro como si fueran peones en un escenario. ¡Ya me olvidaré de Steve! ¡Pero por favor dejá de actuar como una mártir!” y se aleja hacia un espejo y vuelve a girar hacia la madre. Susie hace en esta escena el proceso psicológico de maduración que estamos esperando en toda la película. Susie rompe el espejo de perfección de su vida, acepta las cosas como son y decide tomar las riendas de su destino.

Representación y realidad, imagen real y reflejo se vuelven imitación de la vida real: la hija de Lana Turner había apuñalado a su amante el año anterior al rodaje de la película. Lana Turner venía de su nominación al Oscar con Peyton Place, había sido pareja de los galanes más importantes de la década y era una actriz expuesta al público. Fue el testimonio de Lana en la Corte, del que hay estupendas fotografías en Internet, el que salvó a su hija de la cárcel. Debe haber sido la gran actuación de su vida: una actriz va a la Corte, frente a cámaras y espectadores, a contar el dramático hecho de ese viernes negro en el que su hija clavó un cuchillo de cocina en el cuerpo de su novio luego de una larga escalada de abusos psicológicos y físicos de parte del difunto... El espectador de la época veía el reflejo deformado de la realidad en el melodrama de Sirk, punta que Almodóvar usó y sacó filo para su deforme versión de la película en Tacones lejanos.

La familia y la relación entre madres e hijas son temas centrales en mis últimas tres películas. El origen de todo está en el misterio de esta escena, en eso que hace vibrar la representación y muestra lo que el personaje esconde del actor en esa imitación de la vida que es una película. El alma del actor se proyecta hacia el público desde los ojos del personaje registrado por una cámara que todo lo ve y todo lo imprime.

Antes del estreno, la última película escrita y dirigida por Santiago Giralt (UPA!, Una película argentina, Las hermanas L., Toda la gente sola), protagonizada por Erica Rivas –en una actuación inspirada básicamente en la Gena Rowlands de Opening Night, de Cassavetes–, Nahuel Mutti, Miranda de la Serna (y Rodrigo de la Serna y María Marull en papeles secundarios) se estrenó este jueves 3 de noviembre, en el Espacio Incaa KM 0 - Cine Gaumont (Av. Rivadavia 1635, en 35mm); en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960, en copia digital); en Cine Soho (Ofelia; Honduras 4761, en digital); y en el Elefante Club de Teatro (Soler 3964, en digital).


Imitación a la vida (Imitation of Life, Douglas Sirk, 1959) es una adaptación de la novela escrita por Fannie Hurst, producida por Ross Hunter y protagonizada por Lana Turner. Se trata de la segunda vez que fue llevada al cine: la primera había sido en 1934, con dirección de John M. Tahl y Claudette Colbert en el papel principal. El argumento se centra en el personaje de Lora Meredith (Lana Turner), actriz viuda que, mientras busca en una playa de Coney Island en 1947 a su hija Suzie, desaparecida, conoce a una mujer negra, Annie Johnson (Juanita Moore), y a su hija Sarah Jane, mulata de aspecto prácticamente blanco. Lora contrata a Annie como sirvienta aunque no tiene realmente los recursos para hacerlo. A la vez, entabla una relación con Steve Archer (John Gavin), un fotógrafo al que conoció en la playa el día de la desaparición de Suzie. Luego el destino le depara éxito como actriz de comedias, pero su ambición desmedida comienza a destrozar sus relaciones: la que tiene con Archer y la que la une a su hija, quien se ampara en Annie, quien a su vez intenta por todos los medios que la gente no sepa que es mitad negra. La adaptación supuso grandes cambios respecto del libro original: en la novela, Lora se convertía en una cocinera famosa y exitosa mujer de negocios gracias a las recetas de Annie, a quien expulsaba entonces de su vida. Sirk y los guionistas Eleanore Griffin y Allan Scott efectuaron las modificaciones convencidos de que el argumento original sería violentamente rechazado por el movimiento afroamericano. Juanita Moore estuvo nominada al Oscar a mejor actriz secundaria.

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