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Domingo, 5 de febrero de 2012

FAN › UN MúSICO ELIGE SU CANCIóN FAVORITA: HéCTOR “POMO” LORENZO Y “PURPLE HAZE”, DE JIMI HENDRIX

¡Bugeim! ¡Bugeim!

 Por Hector “Pomo” Lorenzo

La aparición de “Purple Haze” a mediados, casi fines de los ’60, impactó a todos por igual: a los que estaban más cerca del blues, a los del pop, a los que cantaban y a los que no cantaban, a los que tocaban guitarra eléctrica y a los que tocaban acústica, a los que entendían inglés y a los que no sabían una palabra. Fue, no sé si la mejor canción de su época, pero sí una auténtica bisagra porque anticipó mucho de lo que iba a pasar en el rock, en el mundo y en Argentina también.

“Purple Haze” fue uno de los mejores temas de un trío eléctrico muy versátil. A muchos nos sorprendió, cuando aún no se lo conocía a Hendrix, por su correspondencia con los Who y Cream en cuanto al formato de melodía y riff, formato que más tarde sería la puerta de entrada a Led Zeppelin. Al modo en que se complementaban leitmotiv, letra y desarrollo, en realidad ya instalados en el jazz y en el blues, se añadía el contenido de las letras como encanto extra. Porque en realidad lo fundamental era el sonido y en particular la irrupción del volumen: en una época en la que lo que más se difundía eran composiciones melódicas comerciales, ellos eran tres músicos sonando como treinta. Su poder eléctrico era tan hipnótico que la letra derivaba en una mera anécdota y hasta se tornaba excesiva dentro del conjunto: siempre recuerdo al Carpo cuando, multifacético, parodiaba a Hendrix comenzando por el batido del pelo y siguiendo con la letra, cantando “¡Bugeim! ¡Bugeim!”, en lugar de “Purple Haze” y en su ilustre spanglish, y la verdad es que daba igual lo que inventara porque el tema ya estaba instalado por su sonido en sí.

Este tema posee una carga afectiva muy importante para mí porque tiene el poder de transportarme a una época que fue mágica. Corrían los años ’67/’68, tiempos en que muchos empezaron a irse de los barrios al centro, donde ya estaban Pipo Lernoud, Miguel Abuelo, Tanguito, Moris, Pajarito Zaguri, Pappo y yo, que nos habíamos criado casi juntos, compartimos la adolescencia viviendo en casas que estaban a muy pocos metros una de la otra. Empezamos a ir desde La Paternal para la Galería del Este, a la Manzana Loca, al Bar Moderno y a todos esos lugares en los que pasaban cosas, en los que se juntaban los que ya tenían alguna canción propia. Eran años también de naufragar, de quedarte dando vueltas por la calle Corrientes o en un bar escribiendo hasta altas horas de la madrugada. Me acuerdo de cuando descubrimos “Purple”, una mañana, volviendo de algún remoto lugar que por supuesto no recuerdo cuál era. La estaban pasando en los bafles que en esa época ponían en la vereda para promocionar los discos nuevos en los locales de Corrientes y con Tanguito juntamos las monedas para comprarlo y fuimos a su casa en Caseros a escucharlo en el flamante combinado Ranser que se había comprado con la primera liquidación de Sadaic de “La Balsa”.

En su momento, “Purple” impuso un sonido totalmente innovador, llamándonos increíblemente la atención la masividad que alcanzó para la época un tema de esas características. Por eso y por su afinidad a la psicodelia fue el estímulo que nos inspiró a hacer algo creativo; nos impulsó a buscar un motivo propio y, antes que nada, a tocar bien un instrumento: creo que ése fue su legado y el que intentamos pasar nosotros. Y básicamente todo pasó por su sonido: porque si en su momento no entendíamos la letra, años más tarde, cuando ya podría haberla entendido, no volví a escucharla. Yo en general no vuelvo sobre los discos, escucho poco para poder hacer mis propias cosas pero creo que sin entender lo que Hendrix decía, la cuestión era que funcionaba igual. Es como la imagen que tengo grabada de lo que hacía Pappo tocándola en su casa, nota por nota, haciendo playback sobre el winco con una guitarra de folklore que tenía tres cuerdas quemadas. Quién iba a decir que ese muchacho que gritaba “¡bugeim!, ¡bugeim!” algún día iba a tocar en el Madison Square Garden con BB King. Eso fue en parte gracias al poder y la inspiración de “Purple Haze”.


El trío Pomo-Franov-Suárez acaba de lanzar su primer disco, Asteroid Dirty Noise. Interpretado por Pomo Lorenzo (batería), César Franov (bajo píccolo de 6 cuerdas, piano y set electrónico Ableton) y Pablo Suárez (bajo eléctrico de 5 cuerdas y programaciones), son trece temas instrumentales propios que transitan distintos géneros, del groove al jazz, funk, dub, drum&bass, lounge y música electrónica, en plan experimental. La presentación será el próximo sábado, 11 de febrero, a las 22, en Boris Club, Gorriti 5568. Tel.: 4777-0012.

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