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Domingo, 20 de julio de 2014

TEATRO › MAU MAU, LA OBRA Y LA BOîTE, EN LAS ACTUACIONES DE EUGENIA ALONSO Y GABY FERRERO

DAME BOLA

 Por Mercedes Halfon

“Me siento tan inseguro/ tomo tu mano y te llevo a la pista de baile/ Mientras la música muere/ algo en tus ojos/ llama a la mente/ una pantalla plateada/ y todo son tristes adiós.” La frase, cursi y pop, es el arranque de nada menos que “Murmullo descuidado”, clásico ochentoso de George Michael: un saxo nocturno y sensual que puntuaba la canción y constituía la definición de lento de boliche para toda una época. Un universo que nos lleva directamente al de Mau Mau, la obra protagonizada por Eugenia Alonso y Gaby Ferrero, que desde el año pasado hace funciones todos los lunes en El Extranjero. La pieza, con dirección de Juan Parodi y texto de Santiago Loza, no es otra cosa que el intento de construir en un escenario teatral todo ese flujo de energías, de expectativas, de oscuridades y pasitos de baile, que es un boliche para una época determinada. En los años sesenta, en los setenta y hasta entrados los ochenta, en nuestro país reinó Mau Mau. Una boîte de lujo creada por los hermanos José y Alberto Lata Liste, que impuso precisamente eso, una estética, una apariencia, un modo de ser de la noche. Un recuerdo kitsch que hoy puede repensarse a través de la obra Mau Mau. Allí, Mecha y Rita, dos habitués bailarinas, dos chicas que en aquellos años concurrieron al mítico reducto a través del cual la historia argentina se transparentaba en su costado tan lujoso como decadente.

Hay que saber que Ferrero y Alonso son dos actrices con una carrera extensa en teatro y cine independiente, y que hace años vienen alternando con los directores más reconocidos de Buenos Aires. Son dos actrices fuertes, de carácter, con marcados dotes para la comedia, pero la comedia dramática, disparatada o mordaz, negra, rosa, o como se llame esa clase de género en el que sólo brillan los actores muy versátiles y potentes, esos que se puede mirar actuar más allá del argumento, situación o personaje esa vez toque interpretar. Bueno, así son ellas.

Eugenia Alonso ha actuado en obras de Ciro Zorzoli, Nacho Ciatti, Rafael Spregelburd entre muchas otras actuaciones memorables; en cine se la ha visto en La vida nueva, Santiago Palavecino, Cornelia en el espejo, de Daniel Rosenfeld, y El hombre de al lado, del dúo Duprat-Cohn, entre otras. Gaby Ferrero, por su parte, actuó también en piezas de Javier Daulte, Luis Cano, Ignacio Apolo, Cristian Drut, entre infinidad de trabajos destacables. En cine se la vio hace poco en La tercera orilla, de Celina Murga, y El crítico, de Hernán Guerschuny. En ese sentido Mau Mau no es un descubrimiento de dos actrices, sino más bien una confirmación. Forman además un grupo, Acido Carmín, con el que han estrenado El 52 y El beso. Como explica Ferrero: “Somos socias. Nos complementamos. Nos gusta mucho improvisar juntas. Pensar materiales. Hemos compartido mucha vida. Me atrevería a decir que somos casi de la familia. Hay confianza y complicidad entre nosotras y eso facilita la tarea. Nos gusta jugar. ¿Qué me aporta? Una enorme felicidad de actuar con la Alonso”.

Y toda la aventura de Mau Mau comenzó con ese tema de George Michael: “En una de tantas reuniones donde nos juntábamos a leer y a esperar que nos bajara cierta inspiración, ya que queríamos trabajar juntos los tres desde hacía mucho pero no teníamos material, Juan nos dice casi al pasar: ‘Me las imagino en Mau Mau, con una bola de espejos y tarareando el tema ‘Murmullo descuidado’. Lo que pareció ser un chiste tirado al aire, prendió enseguida en los tres y empezamos a recordar Mau Mau o, mejor dicho, el imaginario que teníamos de ese emblemático lugar. Empezamos a buscar material en Internet, diarios de la época, revistas. Juan trabajó mucho con el libro de Cristina Civale. Y finalmente le preguntamos a Santiago si le interesaba escribir sobre ese mundo y dijo que claro que sí”, cuenta Alonso.

Todos recuerdan a Mau Mau como el lugar dilecto para la diversión de la alta burguesía porteña, de los ricos y famosos, situado en la calle Arroyo, en pleno codo elegante de la ciudad de Buenos Aires. Inaugurado en 1964, el local fue decorado originalmente con un estilo “africano chic”, con cómodos sillones y mesas bajas que inventaban la “boîte living”, un especie de espacio íntimo que emulaba el interior de una casa muy lujosa. Se convirtió en sede de musicales nacionales e internacionales –Roberto Carlos, Rudolf Nureyev–, estrellas y personalidades del mundo –Cristina Onassis, Alain Delon– y de nuestro país –Susana Giménez, Carlos Monzón, Graciela Borges–. Todos eran habitués de aquella mítica época. Por supuesto que la alta sociedad, de apellidos Blaquier, Alzaga, Menditeguy y Pereyra Iraola, también se citaba ahí, junto con los militares de turno. Aramburu y Lanusse en los sesenta, el Tigre Acosta en los setenta, estuvieron, y hay fotografías.

Y es sobre esta cruza entre lo glamoroso y el horror que se juega lo más interesante de esta pieza. Las chicas de Mau Mau se deslizan en un terreno patinoso que no es otra cosa que la historia argentina. Mecha y Rita son dos habitués de esta boîte que van pasando por todas las épocas, perennes. Los sesenta, donde están con vestidos gasificados y pelos batidos en la coronilla, rodeadas de intelectuales del Di Tella; los setenta, donde el entorno se empieza a densificar y comienzan a ver movimientos extraños a la salida del boliche; los ochenta, donde se enfervorizan con la recuperación de las islas Malvinas y rápidamente con la llegada de la democracia. Ellas ven sólo el costado luminoso de la vida o están encandiladas con las luces de la boîte. De cualquier modo se acomodan, siempre. Cualquier irrupción no armónica es inmediatamente negada. “Bailá, Mecha, bailá”, le dice Rita y la angustia se disipa.

El dúo Alonso-Ferrero está perfectamente aceitado en este sentido. Como si se tratara de una buddy movie pero femenina y teatral. Se miran y se entienden, una completa el sentido de la otra. Alonso es áspera, mordaz, interesada y Ferrero suave, ingenua, romántica. Juntas crean un arco de la feminidad y a su vez un arco de una parte de la sociedad que es la que, por los motivos que fueran, prefirió correr la mirada en los momentos más cruentos de nuestra historia. Bailar, tararear, perderse en las burbujas de champán mientras el país ardía. El hallazgo de Mau Mau es ése: luego de muchísimas ficciones que repiensan la historia reciente y ponen el foco en lo callado, en lo oculto de esos años, esta ficción muestra exactamente las cosas que oficiaban de espejismo. Ficcionalizar –sin juzgar– la negación en dos mujeres que prefirieron dar la espalda a la historia. Pero ¿es posible negar todo? Como dice el estribillo de la canción de George Michael: “Nunca voy a bailar nuevamente/ Los pies culpables no llevan el ritmo / Aunque es fácil simular/ Sé que no eres tonta”.

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