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Domingo, 28 de diciembre de 2003

VALE DECIR

Vale decir

La maldad de los pavos
Tras el fraude del pavo falso con que Bush agasajó a las tropas norteamericanas en Irak, el escándalo continúa. Como todo norteamericano de bien sabe, cada día de Acción de Gracias el presidente de Estados Unidos ofrece una conferencia de prensa en la que comunica su decisión de perdonar la vida de un pavo engordado con destino de plato principal. La ceremonia se lleva a cabo desde los tiempos del presidente Truman y cuenta siempre con la presencia del pavo indultado. Relajado y magnánimo, el presidente en ejercicio suele hacer una o dos bromas, las mismas que se vienen repitiendo desde hace cincuenta años: que el pavo podrá ahora pasar sus “años dorados” gozando de una “jubilación privilegiada” en un rancho especialmente acondicionado en West Virginia. Y todos tranquilos y a comerse el resto de los pavos. Pero este año, el programa 20/20 decidió tomarse un trabajo que hasta ahora ni a Michael Moore se le había ocurrido: ir a visitar a todos esos pavos indultados. Menuda sorpresa se llevaron cuando descubrieron que la granja efectivamente existe, que cuenta con un plantel de cuidadores, y que hay incluso casitas con los nombres de todos los pavos... Pero que lo que no hay es pavos. Según la investigación de 20/20, todos los indultados llegaron a destino, pero a pesar de la decisión presidencial ya estaban condenados: demasiado engordados en poco tiempo, órganos y huesos no pueden acompañar ese crecimiento, lo que les causa trastornos irreversibles y, finalmente, la muerte dos o tres días después de recibir el indulto. Enterado de esta investigación, Bush habría decidido, de ahora en más, indultar sólo pavos de plástico.

La tiene regalada
Victoria Beckham, o Posh, de las Spice Girls, decidió, para estas Navidades, darle un regalo sorpresa a su marido, David Beckham. El problema es que lo hizo público, tanto el dato de que sería sorpresa como el mismísimo contenido de la sorpresa. Cuando ya se había dado por vencida ante la imposibilidad de encontrar el regalo ideal para su marido multimillonario, a Victoria se le encendió la lamparita: “Voy a saltar desnuda desde adentro de una caja”, le confió a la prensa, al vez confiando en que Beckham no ve televisión, no escucha la radio ni lee los diarios. “Aunque –recordó la chica– es cierto que me pidió una valija para guardar su laptop”. Pero no, el pobre tipo no va a recibir lo que pidió sino algo que, por mucho que le guste, ya tiene.

El juicio final
Un juez de Columbia, Estados Unidos, acaba de tomar una determinación que, si bien no va a entrar en los anales del poder judicial norteamericano, al menos le va a poner un toque de color a las blancas navidades boreales. Tom Dubois, el magistrado en cuestión, ordenó que las pequeñas multas de tráfico de este fin de año fueran abonadas con un presunto servicio a la comunidad: cantar villancicos navideños en el juzgado. En lo que va de esta época festiva, DuBois ya consiguió varios “covers” de aficionados sobre canciones como “Jingle Bells”, “Rudolph el reno” y “Te deseamos una feliz Navidad”. “Algunas personas necesitan ayuda para entonar. Así que a veces formamos dúos, tríos y hasta cuartetos”. La pregunta de rigor es por qué tienen que pagar el resto de los habitantes locales por las infracciones cometidas por unos pocos.

 

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