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Domingo, 28 de diciembre de 2003

SOBREDOSIS DE TV

La abrochadora es poder

Con apenas 12 capítulos y un formato entre falso documental y falso reality, The Office es la primera revolución de las sitcom en casi una década.

POR MARIANO KAIRUZ

Ricky Gervais y Stephen Merchant, creadores y guionistas de la serie, lo llaman “mentalidad de tipo etiqueta-tu-abrochadora”. Ése es el concepto en el que condensan con cierta precisión una buena cantidad de observaciones acerca de la vida de oficina y sobre el cual construyeron “una comedia observacional sobre todo lo del medio”. Lo del medio como lo mediano (la mediana edad, por ejemplo), como el medio pelo, como lo mediocre. “Uno se cree intocable en ese sentido –explica Gervais– cuando entra a trabajar en una oficina, pero si nadie te presta su abrochadora, te puedo garantizar que no le va prestar la tuya tres semanas más tarde.” “Y no importa siquiera qué puesto tengas –completa la idea Merchant–. Podés ser el jefe, pero aun así tenés que hacer papeleo y alguien va a conseguir un escritorio más grande que el tuyo.” Es decir, ése es el concepto sobre el cual, dos años atrás, Gervais y Merchant montaron su exitosísima y breve sitcom The Office en la BBC de Londres.
Ahora que su recorrido, aseguran, ha llegado a su fin, The Office completo consta de tan sólo 12 episodios de media hora distribuidos en dos temporadas y un especial de Navidad dividido en dos partes. Demasiado corta si se lo compara con cualquier sitcom norteamericana (que produce el doble de capítulos en una sola temporada), pero indudablemente a resguardo del desgaste. Además, señalan sus autores, se trata de un programa de bajo presupuesto en el que ellos debían hacerlo todo. Ricky Gervais, que interpreta a David Brent, el más notable de los varios protagonistas de la serie, es en este momento una superestrella en su país.
Brent es probablemente el mayor aporte de The Office a la historia de la televisión británica. La oficina en cuestión es un eslabón de la cadena de comercialización de una fábrica de papel, dato que sólo parece tener importancia en tanto revela que éste no es el trabajo de ensueño de ninguno de sus empleados. El patético Brent es su director, siempre desesperado por agradarle a todo el mundo, por ser una especie de improbable “jefe y amigo” de todos. Un poco cretino y muy superficial, pero no del todo mal tipo, Brent es básicamente insufrible, el personaje perfecto al que uno ama detestar. Escrito y actuado con perturbadora credibilidad, Gervais expone toda la “sensibilidad” de su personaje tanto cuando habla a cámara (la serie está contada como si se tratara de un falso documental, una especie de reality show registrado en una oficina cualquiera) como durante las horas de trabajo –y las “charlas motivacionales”– o en las ocasionales salidas conjuntas.
Ya está en camino la versión norteamericana de The Office (Gervais sugirió a Bruno Kirby –el amigo de Billy Crystal en Cuando Harry conoció a Sally– para interpretar a Brent), y aunque no faltan quienes pongan en duda las posibilidades de adaptación de un programa que es visto como otro distinguido exponente de esa entelequia llamada “humor británico”, Gervais y Merchant juran que para ellos el tema de la serie no es menos yanqui que inglés, y que sus influencias principales son más bien transoceánicas: desde Laurel y Hardy hasta Los Simpson, pasando por Woody Allen, Larry Sanders y Christopher Guest (factótum de Spinal Tap, falso documental cinematográfico por excelencia). “Existe esta falacia de que los norteamericanos no entienden la comedia”, dicen. “Y es ridículo: la hacen mejor que nosotros.” G & M insisten en la universalidad del formato, el de “la oficina como un lugar en el que uno se encuentra atrapado y en el que no hay muchos incidentes que digamos. Yo he trabajado en oficinas en las que, cuando se escuchaba una frenada en la calle, enseguida había treinta personas mirando por la ventana”.
Aquí acaba de completarse la emisión de la primera temporada, pero I-Sat promete para enero la segunda media docena de episodios, en los cuales David deberá hacer frente a su “puesta en disponibilidad” (se volverá “redundante”, según la sugestiva expresión en inglés), no sin antesencontrarse con su primer “archinémesis” en la empresa. Es decir, el tipo que amenaza con quedarse con la abrochadora y el escritorio más grandes.

The Office, los viernes a las 21.30 por I-Sat.

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