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Domingo, 7 de diciembre de 2014

LOS SIETE MAGNÍFICOS

MUSICA Son de Mar del Plata y a puro funk y groove refinaron un sonido influenciado por el afrobeat y el dub, ritmo infeccioso en músicas instrumentales que son una verdadera rareza en la escena del rock argento. Con su nuevo disco, Boa, el septeto Morbo y Mambo ha refinado además su show en vivo, con proyecciones que ayudan al trance, al baile, a la pulsión sonora.

 Por Juan Andrade

La primera vez que Manuel Aguilar pisó La Fábrica fue una noche de fines de 2008 en la que tocaba Treehouse. El bajista de Morbo y Mambo vivía a una cuadra del lugar y, para él, “era una puerta más” de San Telmo. Y al abrirla se topó con la dimensión paralela que habitaba el enorme edificio de la calle Perú, que antes de convertirse en una especie de centro cultural alternativo había sido garaje de una recaudadora de caudales, taller textil y fábrica de material eléctrico. “Empezó como una fábrica abandonada: podías encontrar exhibiciones de arte under, performances y hasta gente en pelotas por los pasillos”, dice Ignacio de Andrés, que por entonces integraba Treehouse. “Y en marzo de 2009 ya estábamos ensayando acá”, completa Aguilar.

La Fábrica hoy es mucho más que la base de operaciones de Morbo y Mambo, la banda de marplatenses que echó raíces en la gran urbe. Ahora mismo, mientras en una de las habitaciones suenan los instrumentos de viento de una clase de música, en otra se monta una muestra próxima que será inaugurada. En esta factoría artística under, los Morbo y Mambo conviven con Nairobi, Banda de Turistas, Lavial y Mompox. Ahí también tienen su taller varios artistas y su laboratorio audiovisual algunos videastas. No sólo los cruces entre las bandas, sino también los intercambios interdisciplinarios están a la orden del día.

La coincidencia geográfica y generacional de tantos proyectos se debe a “una casualidad bastante maravillosa”, arriesga De Andrés. “Todos nos empezamos a conocer como por accidente”, dice el actual guitarrista, cantante y tecladista de Mompox, que desde mediados del año pasado también integra las filas de Morbo y Mambo. Y, sin saberlo, aporta una clave que permite entender la naturaleza de la banda. Porque en simultáneo con su desembarco en La Fábrica, en aquellos primeros meses de 2009 los Morbo y Mambo estaban experimentando una mutación musical que definiría para siempre su rumbo, a partir de una serie de circunstancias confluyentes que también se podrían describir como “casualidades maravillosas”.

“En ese momento, los Morbo y Mambo que quedaban en Mar del Plata se vinieron a vivir a Buenos Aires. Hacíamos una música psicodélica, progresiva, estábamos en otro palo”, describe Aguilar. “Pero en ese verano, un amigo brasileño me pasó Bitches Brew de Miles Davis, Fela Kuti y mucho dub de Brasil. Y ahí conectamos con un sonido de caños, con una onda más funky y afrobeat. Cambiamos una bocha”, resume. ¿Cuánto de azar y cuánto de elección hubo en la construcción de la identidad estética de la doble M? “50 y 50”, concede Aguilar, entre risas. “60 de azar y 40 de lo otro”, sube la apuesta De Andrés. La pista de semejante transformación se puede seguir en los EPs Das Papier y Handleness, hasta llegar a su larga duración homónimo de 2011, que se puede escuchar como una síntesis expandida de las referencias que se mencionan en el párrafo anterior. “Fue jodido grabar Morbo y Mambo: lo habíamos intentado varias veces, pero nos dábamos cuenta de que no aparecía la energía que había en vivo”, cuenta el bajista. “Pero esta vez lo hicimos en un estudio grande como ION. Ezequiel Spinelli, el productor, nos dijo: ‘Ustedes son la banda, pero yo voy a dirigir el proyecto’. Y eso nos puso ‘en marco’. Salió una cosa buenísima. Se grabó en vivo, hubo tiempo para improvisar. Y llegamos a algo muy parecido a los shows. Igual, no es lo mismo: está nuestra esencia, pero hasta ahí.”

Quienes hayan presenciado al menos uno de sus recitales saben lo que se perderían si sólo tomaran en cuenta su producción discográfica. Morbo y Mambo le apunta a los oídos, pero también a los ojos. A la cabeza, pero también a los pies. Sin letras, sin cantante, incluso sin frontman a la vista, la amalgama instrumental de sus temas invita al público a un baño de inmersión en las aguas abiertas de una música que, según su propia web, se podría rotular como “no rock, no stoner, no dub, no afrofunk: todo junto”. Una experiencia que, con la proyección de imágenes de alta factura técnica, se potencia hasta alcanzar niveles fantásticos. Hoy los acompañan en “visuales”, casi como miembros estables de la banda, Matías Nuevo y Pablo Pacheco de Trimarchi.

“Al ser una música instrumental, las imágenes completan el concepto. En general son abstractas, no ponen el foco en algo muy figurativo. Pero te meten en clima y ayudan al trance: son una segunda línea sensorial de lo que pasa en los shows”, describe Aguilar. La fusión entre el groove y la pulsión sonora del septeto y las fantasías animadas alcanzó hitos que marcaron su producción en vivo más reciente: el show titulado Morbo y Mambo y los amigos del flash que dieron en Niceto en julio de 2012; la presentación de octubre del mismo año en el Festival Mola, en el Circo Voador de Río de Janeiro. “Fue tremendo. Tre-men-do”, enfatiza Aguilar sobre esta última escalada audiovisual. Fue en el marco de la segunda gira de Morbo y Mambo por Brasil, país que ya visitaron en tres oportunidades y al que volverán pronto.

“En Boa llegamos a grabar con un nivel de detalle en la interpretación que fue bastante alto”, dice Aguilar. “Profundizamos el laburo, investigamos hasta dónde se podía llegar procesando sonidos y agregando capas. Fuimos a las células del groove”, explica Aguilar. El resultado es uno de los discos del año del rock argento modelo 2014. “Un amigo me dijo que flasheó que los Morbo y Mambo éramos una tribu africana que, para hacer Boa, nos agarraron, nos metieron en un avión y nos soltaron en la ciudad. Y nos la arreglamos”, sigue el bajista. “En el primer disco está bastante definido cuando estamos tocando afrobeat o dub, por ejemplo. Es lo que nos proponíamos para improvisar: ‘Hagamos tal mood y vamos para ahí’. Esta vez, en cambio, no nos hicimos cargo de ninguna etiqueta, realmente. En Boa los géneros están menos marcados: es un disco más ‘degenerado’.”

Morbo y Mambo presenta Boa el viernes 12 de diciembre, a las 21, en Niceto, Niceto Vega 5510.

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Imagen: Nora Lezano
 
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