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Domingo, 1 de noviembre de 2009

Consejos al periodista incipiente

 Por Homero Alsina Thevenet

¡Por favor no descubra la América, que ya está descubierta! No inaugure sus actividades de colega amateur creyendo ingenuamente que nadie antes de usted había visto los dramas y las comedias de este mundo. Nosotros le decimos esto, y le incitamos a que se supere a sí mismo y se menosprecie cuando se ve escribir, por una simple razón: en nuestros buenos tiempos, cuando éramos jóvenes del todo, también escribimos sobre la diferencia entre cine y teatro, sobre lo emocionante que era el cine francés –mucho tiempo ha–, sobre la tremenda comercialización del cine americano y sobre el signo de interrogación y de admiración que define “el arte admirable, siempre nuevo, siempre significativo, que nos llega a nuestras fibras más íntimas y que pertenece al genio del eterno y querido Charles Chaplin” (un grave derrame de adjetivos). Es necesario estar siempre “de vuelta” de todo, incluso de sí mismo, y para eso es necesario mover el cerebelo, leer, pensar, charlar, pasear por 18 de Julio, tener impertinencias súbitas y decirle al tipo lo que no se animaba a decirle. Si usted cree que es quedarse extático y contemplativo, manso por fuera y por dentro, la mejor forma de adquirir ideas y emociones, el terrible, traicionero y verdugo Cronos (¡uy, uy, uy!) le va a convencer de que no es así. Su error –su error de usted– es escribir diciendo que Fantasía es una maravilla, que El ladrón de Bagdad es la concreción de nuestros sueños, que El largo viaje de regreso es un drama hondo, y que la gente vería mejor cine si supiera qué es lo que tiene que ir a ver. ¡Ah, Colón! (¿Usted por aquí? Y... ¿qué dice?) Despiértese, hombre. La vida es acción, el arte es acción, y su derrame de adjetivos dichos desde un solo sitio (¡muévase, hombre!) es un error de ubicación, sólo perdonable si usted está hablando de una inmóvil, dura pero elocuente estatua. Si usted cree que le hace, no una revelación divina, sino simplemente una información interesante al lector a quien le descubre que Viñas de ira, Y... la cabalgata pasa y Juárez son voces para el pueblo, usted es un ingenuo. Y ya ve usted cómo todos los ingenuos se paran siempre a contemplar el drama, y a decir de él, no explicándolo sino pintándolo en brochazos que usted cree son definitivos. Se para ante el drama porque ahí se puede estar quieto, y porque ante la comedia hay que moverse junto con ella y eso es difícil si usted no tiene una completa Ordenanza del Tránsito en la cabeza. Para pintar el drama en tres brochazos hay que ser poeta, y tal selecta minoría comprende apenas un 2 por ciento de la gente que escribe. Ya lo quiero ver a usted hablando con exactitud y penetración de las complejísimas ideas que se han entrecruzado produciendo El ciudadano.

P.D.: A propósito: trate de escribir con menos puntos y aparte. Ponga verbos en todas las frases. Use menos mayúsculas. Conserve la ilación y el sentido de lo que escribe (no haga como nosotros). Léase La risa de Bergson. Conmuévase menos ante los dramas hondos. Evite toda definición que no sea ingeniosa. Lea a Bernard Shaw. No sea tímido. Lea a Sinclair Lewis. Reconozca que era muy malo lo que usted escribía hace dos años. Disculpe.

Antecedente de otras secciones de miscelánea humorística inventadas más tarde por H.A.T. (La Mar en Coche en Marcha; Mondo Cane en El País Cultural) Disculpe! se publicó en la revista Cine Radio Actualidad entre mediados de 1941 y mediados de 1942.

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