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Domingo, 1 de noviembre de 2009

MARTIN PALERMO BAJO LA LLUVIA

El caballo de San Martín

 Por Mariana Enriquez

Fue una revelación, una caída de espaldas estilo San Pablo camino a Damasco. Sabía cosas de él, claro. El gran goleador de Boca, y el hombre que hizo los goles más raros: penal pateado con las dos piernas, tres penales errados en mismo partido, gol Nº 100 con ligamentos rotos, gol de cabeza de media cancha. Sabía que le dicen el Loco por su forma de festejar los tantos –y que le digan Loco ya es bastante sexy, porque lo normal, lamento, no es sexy, puede ser deseable y hasta recomendable, pero sexy no– y que se le murió un bebé prematuro, y que su mujer casi se muere hace poco, y que antes estuvo casado con Jacqueline Dutrá –que es filo vedette, muy potra y habla mal castellano– y que algunos productores están planeando una película sobre su vida. Sabía varias cosas, pero no me llamaba mucho la atención. Me caía bien, eso sí, con la única pero importante objeción de que fue jugador de Estudiantes (y pinchas no, por favor, los pinchas no dan para nada: crecí en La Plata con simpatías triperas). Y me empezó a caer mejor últimamente, cuando escuché mucho hincha de la Selección rezongón –el hincha de la Selección es muy diferente al hincha de equipo: es quejoso, patriotero, insatisfecho, exitista– chillando porque Palermo estaba viejo, y ya a los 35 no puede ser delantero, menos teniendo a los chiquititos, bla bla. Solamente por contrera frente a los “chiquititos” (que tampoco dan, la verdad) me puse a defender la inclusión de Palermo en el seleccionado, para molestar mayormente, porque el fútbol me gusta, pero no sé nada de fútbol.

Entonces me puse a mirar el partido de Argentina y Perú, y Palermo que clasifica al equipo –porque todo bien con ganarle a Uruguay, estuvo buenísimo, pero fue con Perú la clasificación– y en el festejo se saca la camiseta bajo la lluvia y entonces me di cuenta, y me di cuenta por completo. Está muy fuerte Martín Palermo. Es un caballo Martín Palermo. No quiero escuchar una palabra de jugadores supertuneados como Demichelis o Gago (por favor: para glamour y pelito me quedo con los italianos). Tampoco de la Bruja, que reconozco que es lindo, pero es muy pincha Verón, ídolo de Estudiantes además, no me pidan que cabecee. Acerca de los chiquitos creo que no hay que elaborar. Es Martín lo mejor que tenemos. Excelente edad la del hombre (estará grande para la cancha, pero eso solo), narigón alto de ojos claros (son todos lindos: Adrien Brody, Daniel Day-Lewis, Gaspard Ulliel, no sé qué pasa, pero funciona siempre), un cuerpo para el escándalo (impecable esa elevación que se le forma en la cintura cuando se dobla para atrás; impecable el ancho de los hombros; impecable todo, especialmente mojado por la lluvia). Además es agradable, parece medio inocentón y es totalmente inalcanzable de verdad; los varones del fútbol salen con mujeres que, para empezar, no escriben en diarios: salen en tapas de revistas. Pero no importa: soñar, soñar. A esta altura me gusta tanto que hasta fantaseo con esa máscara que usa por la nariz rota, un artefacto que está entre Hannibal Lecter y la máscara que usan para cubrirse el rostro las mujeres de Bandar Abbas en Irán. Que Diego lo lleve a Sudáfrica. No pienso ceder a los dementes que quieren vender a Messi como sex symbol, por más que pose para Lody Underwear (hay fotos online, pero no se molesten). Quiero un Mundial con un equipo que lleve algo lindo adelante. Así, si hay que volverse en octavos, por lo menos no fueron solamente horas de sufrimiento las que se vivieron frente a la televisión.

Y si llegamos lejos, ya imagino más torsos desnudos en el festejo. ¿O la FIFA lo prohíbe? Seguro que sí, son re mala onda. Igual se pueden sacar la camiseta cuando termina el partido, ¿no? Por lo menos las intercambian. ¡Que ni se les ocurra cortar la transmisión antes de ese momento trascendental, eh! ¡Se pide por favor!

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