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Domingo, 24 de abril de 2011

Discos: cuatro cantantes brasileñas

 Por Mariano Del Mazo

Onde brilhem os olhos seus, Fernanda Takai

Un álbum revelador, todo belleza, en busca de la Nara Leao perdida.

Este disco es de 2007 pero pasó totalmente inadvertido en la Argentina. Ahora que Fernanda Takai viene (actúa el 28 de abril en La Trastienda), vale la pena revisitarlo. Cantante de la banda de rock Pato Fu –una banda que hizo su buen alboroto en Brasil, y también en parte de Europa y Asia, en los años ’90–, Takai encaró en Onde brilhem os olhos seus un mix de homenaje y rescate de la obra de intérprete de Nara Leao. El resultado es extraordinario: un abordaje pop de un repertorio que demuestra por qué Nara fue considerada la musa de la bossa nova, con colaboraciones memorables con artistas como Roberto Menescal, Carlos Lyra, Joao Gilberto, Tom Jobim, Chico Buarque. Su temprana muerte y la excepcional tradición brasileña de cantantes mujeres –esa cantera fabulosa e inagotable–, la arrojó a cierto olvido. Con su marido y cerebro musical de Pato Fu John Ulhoa, Takai recorre bellezas como “Com açucar, con afeto” (Buarque), “Debaixo des caracois dos seus cabelos” (Roberto y Erasmo Carlos), “Insensatez” (Jobim-Vinicius), “Luz negra” (Nelson Cavaquihno-Irani Barros), “Estrada do sol” (Jobim-Dolores Duran), “Lindonéia” (Caetano Veloso-Gilberto Gil). Su voz es chiquita y entonada, los arreglos tienen cohesión y concepto y giran alrededor de un pop elegante –que puede derivar en chorinho o vals–, con algunos matices electrónicos. El disco todo es disfrutable en sus 13 tracks. Onde brilhem os olhos seus podría pasar por easy listening. Nada que ver: es pura sutileza, espejo actual del viejo y aún moderno espíritu de la gran Nara Leao.


A dama indigna, Cida Moreira

La voz del tugurio, la melancolía y el cabaret. O cuando el tango puede también ser brasileño.

Una mujer y un piano, y música de cabaret. Con una teatralidad desbordante (que en sus momentos más mesurados la arriman a Bethania), Cida Moreira se para en un lugar en el que, curiosamente, el tango argentino nunca es ajeno. Si bien reinterpreta piezas de compositores inapelables como Caetano Veloso (“Mae” y “O Clúme”), Chico Buarque (“Uma cançao desnaturada”) e incluso Gershwin (“The Man I Love”) y David Bowie (“Soul Love”) en un tono sombrío y cavernoso, el cénit emocional se define cuando más tanguera se pone. En ese sentido, su versión tanguística de “Back to Black” de Amy Winehouse es reveladora. Paulista, 60 años, el gesto del cover alocado y oblicuo es más que gesto: es determinación artística y tiene deudas con el Tropicalismo. Cida Moreira se apropia de las canciones con autoridad, espesura y dramatismo, aunque en el camino resigne afinación. Su frondosa carrera siempre giró en torno de esa idea de canción claustrofóbica (supo lucirse con un rotundo homenaje a la obra de Tom Waits). A dama indigna fue grabado en vivo en un estudio, sin sobregrabaciones, y se nota. Es una mujer, un piano y palabras que se adhieren como un abrojo áspero y que pendulan entre la melancolía y el dolor. Con citas a “Summertime”, pasa también por Kurt Well (“Youkali-Tango” y “Lost in the Stars”), deja claro por qué Buenos Aires le calza tan bien (acaba de actuar en Villa Urquiza en el marco del festival Músicas del Sur) y sella definitivamente su carácter de sótano y tugurio. Para escuchar entre penumbras, tragos y buen tabaco.


Maria Gadú, Maria Gadú

Una promesa que llega de San Pablo.

Niña prodigio, heredera de una extraña tradición en la que pueden caber desde Xuxa (rastrear en YouTube su versión de “O Leaozinho”) hasta Elis Regina, ciento por ciento paulista –esos lentes de marco grueso, ese aire levemente esnob–, Maria Gadú debutó en disco a lo grande. Primero se hizo popular metiendo temas en algunas telenovelas, después terminó de definir una serie de canciones propias que la revelaron como una compositora sólida y recién ahí grabó para un sello discográfico de esos importantes (en la Argentina la editó Sony) que apostó unos buenos pininos en su proyección. Su versión de “Ne me quitte pas” (Jacques Brel) adornó la miniserie “Quando fala o coraçao” y es uno de los pocos covers que destacan en el CD. Tal vez el debut la atenazó y la hizo acovacharse en un sonido demasiado pasteurizado, poco audaz, cauteloso, pero hay señales positivas: la factura de canciones como el samba “Altar particular” o “Escudos”, por caso. Y más: es entonada, simpatiquísima, tiene apenas 24 años, giró con Caetano y posee el don de estar en el lugar exacto en el momento indicado. Ah: la versión jazzy de “A historia de Lily Braun” (Edu Lobo-Chico Buarque) y su cita al “Pink Panther Theme” de Henri Mancini también resulta más que grata. Gadú no revoluciona, tal vez evolucione. No va más allá del algo anacrónico mote de MPB, pero merece unos fichines. Todo parece indicar que Maria Gadú, el disco, es sólo un punto de partida.


O microbio do samba, Adriana Calcanhotto

El samba, con nobleza gaúcha

Así como Marisa Monte homenajeó en su momento a los viejos sambistas, Adriana Calcanhotto decidió homenajear al viejo samba. Diferencia sutil y sustancial: la gaúcha compuso un disco entero a la manera del samba de los años ’40. Lo increíble es que lo hizo, según aclaró, a su pesar. “Comencé a componer, y todo lo que me salía eran sambas. Fue un motor, no la meta”, contó hace poco. El resultado es delicioso y una confirmación de la búsqueda permanente de Calcanhotto, una curiosidad sin fondo que la lleva de la música “infantil” a través de su alter ego Adriana Partimpim al manifiesto antropófago (nadie llegó más lejos que su elocuente “vamos a comer Caetano”) y que en pocos años la ubicó en un sitio bastante único dentro del voluptuoso panorama de “cancionistas”. Un detalle: durante la grabación del disco, Calcanhotto se lesionó la mano y no pudo tocar la guitarra. Entonces, con un dúo base integrado por Alberto Continentino en bajos y Domenico Lancelloti en batería y percusión, más los aportes de Moreno Veloso y el ex Los Hermanos Rodrigo Amarante, el álbum está lejos de cualquier experimentación de las que la cantante es adicta y estaba haciendo, por caso, con Domenico. Es un disco –con perdón de la palabra– conceptual, cerradito, sencillo. Y como no podría ser de otra manera, incluye un homenaje a Mangueira,la escola de donde surgió Cartola, uno de los más grandes sambistas del Brasil. O microbio do samba sale el 5 de mayo y Adriana viene a la Argentina, al teatro Gran Rex, el 30 de junio. Anoten.

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