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Domingo, 24 de abril de 2011

PLASTICA > OBRAS MAESTRAS DEL DIBUJO EN MALBA

A grandes trazos

En un intercambio con el Gabinete de Estampas del Museo Nacional de Bellas Artes, el Malba presenta Papeles Modernos, de Toulouse Lautrec a Picasso, una muestra de verdaderos tesoros que es también testimonio del trabajo amoroso de coleccionistas que supieron encontrar y conservar estos dibujos de grandes maestros. El placer de estudiar los trazos de Georges Rouault, Pablo Picasso, Toulouse-Lautrec, Gutiérrez Solana, Paul Klee, Giorgio de Chirico y muchísimos otros convive con preguntas sobre cuestiones como la puesta en valor de las colecciones y ese complejo matrimonio simbiótico que es la relación entre lo público y lo privado.

 Por Veronica Gomez

Qué ansiedad efervescente reverbera en nuestro corazón cuando el atisbo de una revelación asoma el hocico. Urge encontrar un papel. ¡Horror!, el servilletero yace vacío sobre la mesa del bar y el mozo es de los que nunca miran. La libreta de apuntes nos quedó en el bolso de ayer. Pésima decisión justo hoy cambiar de bolso. ¿Escribir sobre la mesa? Mejor no. Ignoramos lo que nacerá pero intuimos que será preciso guardarlo y, por nuestra condición nómade, deberá ser de fácil transporte. Si faltara también la birome sería el acabose. Pero no pensemos en fatalidades sino en opciones. ¿Plasmar la revelación pigmea en la mano? Y si no alcanzara con la mano seguir por el brazo, claro está. Tampoco parece una idea excelente. ¿Arrancarse después la piel para mostrarlo? Necesitamos el papel. Todavía podemos apelar al último recurso: correr al baño en busca de papel higiénico o toallitas de mano. ¡Bendito seas Ts’ai Lun, eunuco imperial que con tu sabiduría china has inventado el papel para la gloria del espíritu inquieto!

Les Amateurs d'estampes (Honoré Daumier)

Quien haya vivido esta urgencia alguna vez encontrará encantadora la muestra Papeles Modernos, de Toulouse Lautrec a Picasso vigente en Malba. Allí podremos regocijarnos ante estos divinos papelitos, papeluchos y papeles provenientes del Gabinete de Estampas del MNBA, asumiendo sin vergüenza el papelón de la ñata contra el vidrio para escudriñar mejor el recodo ínfimo de una línea tipo alambre en la “Jeanne Granier con aro” capturada por Toulouse-Lautrec. Si de estrategias se trata, lo mejor para ser escuchado con atención es hablar bajito y con intensidad. La curiosidad mató al gato y vale también el refrán para el espectador que sigue sus instintos y se acerca lo suficiente con ánimo de desentrañar el susurro.

Con aire de sapiencia malograda, un afamado artista argentino de proyección internacional advierte a su alumna (quien acaba de confesarle que no puede dejar de dibujar en taxis y colectivos con cierta urgencia de vómito): “Haciendo dibujitos no vas a llegar a una Bienal”. La alumna queda “piedra-muda”, mientras se agolpan en su memoria las miles de líneas garabateadas con prisa y sin especulación por artistas de todos los tiempos y que la han emocionado hasta las lágrimas. No puede contestarle lo que quisiera, que no importa cuán lejos sino más bien cuán hondo. Y que por qué no prueba meterse la estrategia ahí, bien hondo.

Face à face (Georges Rouault)

PAPELES PUBLICOS Y PRIVADOS

Recuerda el Dr. Guillermo Alonso, director del MNBA, en la introducción del dignísimo catálogo de la muestra Papeles Modernos, que en 1996 el MNBA invitó a exponer a la Colección Costantini en su pabellón temporario y que entre 1997 y 2000 fue sede de los Premios Costantini. A diez años de la inauguración de Malba, el MNBA, en palabras de su director, “devuelve la visita”, llevando al festejo-aniversario un regalón: su Gabinete de Estampas exhumado. Vale un paréntesis para recordar que en esos tiempos Malba no existía, por lo cual el MNBA le daba, además del marco institucional, espacio físico a la colección Costantini. Por su parte, Eduardo Costantini, director de Malba, señala en su presentación de la muestra: “La propuesta que ofrecemos hoy al público se articula en dos instancias: la puesta en valor de estas obras a través de su acondicionamiento y exposición como conjunto, más la detallada catalogación presentada en este libro”. ¡Qué lindos los capítulos donde Tom y Jerry son amigos! Ya sabemos que no podría existir el uno sin el otro. Que sin las afanosas búsquedas de coleccionistas del “arte menor”, como repasa Marcelo Pacheco en su detallado racconto histórico sobre coleccionismo porteño (tan extenso que nos hace pensar que más que una muestra sobre dibujo es una muestra sobre coleccionismo), el patrimonio del MNBA sería casi nulo y que las colecciones privadas se difunden y jerarquizan con el prestigio de un museo de larga trayectoria como es el caso de MNBA.

Máscaras (José Gutiérrez Solana)
En definitiva, que lo público y lo privado no son esferas separables sino un matrimonio simbiótico. Pero aunque el bondadoso y conveniente intercambio del que somos testigos (el MNBA presta un contenido valiosísimo a Malba, que ofrece a cambio infraestructura, catálogo y cobra la entrada) nos permite disfrutar de una muestra impecable, nos enfrenta, casi inevitablemente, a una pregunta un poco triste: ¿Si Malba no hubiese oficiado como anfitrión, los tesoros del MNBA seguirían en alguna bodega recóndita? La cosa huele a invalidez, a cierta incapacidad de la institución estatal de gestionar su patrimonio en terreno propio. ¿Por qué motivo el Gabinete de Estampas no es dado a luz por su progenitor? ¿Con qué necesidad pedir prestado un vientre? Acá hay gato encerrado. Más que una visita, parece un aterrizaje forzoso. ¿No será la “puesta en valor” una forma elegante de decir: “te saqué de ese pozo bien hondo donde te caíste”? Y se nos vienen encima a granel los fantasmas de instituciones en peligro de extinción o con períodos de hibernación sospechosamente extensos, propensos a sobrevivir como mausoleos o simples carcasas difíciles de habitar. Para nombrar sólo algunos: el Mamba, que hizo honor a su primera denominación de Museo Fantasma, cerrado durante 5 años y apenitas ahora abriendo un ojo legañoso, la Casona de los Olivera, hermosísimo edificio que no tiene presupuesto ni para un clavo (literalmente), el IUNA, con un índice de deserción por las nubes y cada vez más cerca del hundimiento en las aguas turbias del Riachuelo, una Beca Kuitca “privatizada” que funcionó como señuelo (muy efectivamente por cierto) para acrecentar el número de inscriptos al Programa de artistas de la Universidad Di Tella, un Estudio Abierto trunco... ¿Seguimos? Mientras tanto, la Feria de ArteBA continúa capitalizando los baches ajenos positivamente y cada vez más se erige como centro del arte contemporáneo, el lugar donde hay que ir para saber “lo que anda pasando”. Saludable sería recordar que ArteBA no deja de ser una feria, que se ha perfeccionado muchísimo, pero no debería confundirse con el termómetro de otra cosa que no sea el mercado. La crítica Alicia de Arteaga lo sabe muy bien, basta leer sus inspirados relatos feriales con graciosas descripciones de tapados de pieles, contubernios de collectors en shows rooms de vidrios polarizados y flamantes cenas vips donde se cuecen las habas del arte contemporáneo.

Divan Japonais (Toulouse-Lautrec)

LINEAS SEDUCIENDOSE ENTRE SI

Entre macilentas penumbras, dos hombres revisan papeles dentro de una gran carpeta. Una estampa ha atrapado su atención, inclinan el tronco hacia atrás para admirar mejor el ejemplar. Están a punto de emitir su veredicto. Les Amateurs d’estampes, tinta y aguada de Honoré Daumier, además de un vigoroso dibujo, es testimonio de la aparición de un nuevo coleccionismo: el del aficionado pequeño burgués de mediados del siglo XIX cuyo bolsillo, minúsculo para la compra de pintura, resulta holgado para los precios accesibles del grabado en serie. Tristísima se la ve a la mujer en Au Mont de Piété de Hippolyte-Guillaume-Suplice-Chevalier que arrastra los pies y su vestido ralo apretando una bolsa contra su regazo. Podría llevar ahí envuelto su propio corazón mustio. Su sombra se adelanta a su figura como un mal presagio. En cambio, La femme en rouge de Vuillard, mujer de espaldas enmarcada por una ventana, destila una sensualidad apacible, cuya carnalidad ha sido esfumada por los trazos de pastel tiza. El adorablemente grotesco-dark José Gutiérrez Solana, con su firma infantil y sus máscaras espeluznantes, no podía faltar a la cita. Una España oscura y pululante se instala en la sala con sus carbonillas. Mucho más dark y desgarrada, Käthe Kollwitz comprime gente oscura y de caras pálidas en una tinta de 1886. En su autorretrato de perfil, Kollwitz se describe vieja y con los ojos como dos charcos negros de tanto mirar el dolor. Experto en miradas perdidas, Kokoschka presenta a la condesa de York, con sus ojos anclados en algún recuerdo hipnótico. Con sus trazos gruesos y negros, Georges Rouault nos revela un retrato de título insólito: Mujer emancipada, canta mediodía a las dos de la tarde. En el camino del humor, James Ensor no está tan lejos de la descripción que hace Mafalda del mar como una gran sopa donde las personas no son más que fideos flotando. Su playa de Ostende es una caricatura desopilante de la conducta humana durante el veraneo. En un dibujo de otro tono, una mujer es cortejada por su enamorado, lleva una canasta tipo cofre y se deja tomar la mano suelta con plena conciencia del poder de sus encantos femeninos. Théophile Alexandre Steinlen dibuja detrás de la pareja, a la sombra de su amor, un mendigo observándolos. No sabemos si son celos, descreimiento o melancolía lo que nubla el rostro del testigo, como en esos culebrones triangulares de Munch. De los varios Picassos que integran la exposición, Pintor y modelo tejiendo es una analogía preciosa, donde el machismo del gran artista andaluz, del genio que observa a la mujer como un bello objeto curvilíneo, queda suspendido por un rato, para mostrarnos a un hombre y a una mujer tejiendo a la par, uno sobre papel, otra sobre chaleco. Elocuente introducción al dibujo que no es otra cosa que líneas seduciéndose entre sí. Si algo demuestra esta muestra, es que las líneas de seducción son amplias y variadas. Ahí tenemos las líneas tipo vela derretida de un Giorgio de Chirico, en ese abuso festejable de manierismo un poco asqueroso y en el otro extremo el esquematismo austero y emotivo de un Klee.

El doctor Baumgarten dando cloroformo a un paciente (Toulouse-Lautrec)

Papeles modernos, para el fanático de las bellas artes, para el gustoso de escarbar sus bolsillos y sacar boletos dibujados, más que una muestra es un festín.

Papeles modernos. De Toulouse-Lautrec a Picasso. Obras de la Colección del Museo Nacional de Bellas Artes. Del 18 de marzo al 23 de mayo. Sala 5. Malba-Fundación Costantini, Avda. Figueroa Alcorta 3415. De jueves a lunes y feriados de 12.00 a 20.00. Miércoles hasta las 21.00. Martes cerrado.

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Femme en rouge, dos à la fenetre
 
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