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Domingo, 21 de octubre de 2012

CINE > LA RETROSPECTIVA DE SERGEI LOZNITSA EN EL DOCBSAS

TETRIS

Dentro del DocBsAs, el festival de documentales cuya edición Nº 12 empezó el jueves pasado, se destaca la retrospectiva dedicada a la obra documental del cineasta bielorruso Sergei Loznitsa, que durante quince años recorrió pueblos rurales de la ex Unión Soviética registrando sus escenarios y la vida de sus habitantes. Y que, además, hizo dos largometrajes compuestos enteramente con material de archivo encontrado: Bloqueo narra la vida en Leningrado durante los tres años del sitio nazi y Revista es un repaso por una década de propaganda soviética durante el stalinismo. Ambos, sin indicaciones en off ni escritas, dejan hablar a las imágenes, aterradoras y abrumadoras, y son los grandes imperdibles de este festival.

 Por Mariano Kairuz

En el fondo de la fosa colectiva hay un revoltijo de cadáveres, y no todos están envueltos en sábanas o mantas: algunos, descubiertos, parecen mirar a cámara en una mueca torcida de horror, las bocas y los ojos abiertos, todo rigidez. Es evidente que las cosas no terminaron bien para esta gente. Algunos hombres transportan los cuerpos en trineos; unas mujeres entregan al enterrador –probablemente un hombre que ha asumido accidentalmente el trabajo, a falta de alguien más que se haga cargo en una comunidad diezmada– uno de estos bultos envueltos, uno pequeño: un niño muerto. Las mujeres no contienen sus lágrimas.

Sabemos dónde estamos –en Leningrado– y, aunque no es posible saber exactamente cuándo, se intuye que estas imágenes cruentas pertenecen a una avanzada etapa del bloqueo del ejército nazi a la ciudad, que duró cerca de 900 días, y que Blokada (Bloqueo), el documental del cineasta bielorruso Sergei Loznitsa, reconstruye a partir de imágenes de archivo, sin indicaciones escritas ni orales, dejando el relato enteramente en manos del poder visual de estos fragmentos puestos en secuencia, y unas muy específicas referencias sonoras agregadas sobre el montaje. Los fragmentos encontrados pertenecen al archivo de Moscú, se trata de imágenes registradas por unos cuarenta camarógrafos, y el resultado es una experiencia terrible a la vez que hipnótica, una de las piezas imperdibles de la retrospectiva casi completa de la obra documental que le dedica la actual edición del DocBsAs –la número 12 de la que se ha consolidado como la mayor muestra y foro de producción local en el género– a Loznitsa, quien desde fines de los ’90 viajó por el interior de Rusia conociendo lugares y personajes, recolectando historias, recapturando –como fue una de las mágicas funciones originales del cine– retazos de tiempo.

Antes de meterse a estudiar en el VGIK, el instituto estatal de cine en Moscú, en 1991, este bielorruso –nacido en 1964 en lo que era entonces la Unión Soviética– estudió Matemática en el Instituto Politécnico de Kiev, Ucrania, graduándose como ingeniero especializado en Inteligencia Artificial. Pero, lejos de máquinas que piensan o imitan a las personas, desde su primera película, el corto estudiantil de 1996 Hoy vamos a construir una casa (que forma parte de su retrospectiva en el Doc) hizo un cine marcado por un sentido nítidamente humano: la mirada puesta sobre los aspectos materiales del mundo, la castigada alma rusa (y los cuerpos no menos sufridos que la acompañan) expresándose en las miradas y en las posturas, y el entorno de sus retratados. Filmando casi siempre en blanco y negro, prescindiendo de voces en off, extrae de lo que está ahí, ya sea rodado por él o material de archivo encontrado, una potencia expresiva increíble. La construcción de su primer corto se limita a mostrar a la pequeña comunidad abocada al trabajo, en los materiales básicos que manejan, en la escenografía de apariencia algo inhóspita en la que transcurre todo el proceso, en las herramientas y en los personajes que las portan (sin distinción de género: hombres y mujeres casi a la par). Un mundo entero descripto con elocuencia en media hora, sin más información que la que surge de la imagen.

Del mismo modo podemos saber que en el sitio nazi de casi tres años a Leningrado murieron cerca de un millón y medio de personas, la mayoría por hambre o por frío, pero ése no es un dato que se encuentre en la película, porque lo que hace el material de archivo ordenado y montado por Loznitsa es narrar cómo la existencia cotidiana de la gente sigue adelante, inexorablemente, a pesar de todos sus padecimientos, y también su proceso de degradación. Con un procedimiento similar –material olvidado, encontrado en archivos oficiales, ordenado y montado sin voces ni carteles–, Loznitsa completó en 2008, tres años después de Blokada, la película Revista (Revue / Predstavleniye), otra experiencia absorbente, basada en los noticieros propagandísticos de la Unión Soviética, que el régimen exhibía en los cines en los años ’50 y ’60, y que, como se indica en el catálogo del Doc, “explora la vida de la gente a lo largo de la vasta madre patria soviética, llena de penurias, privaciones y rituales absurdos, pero a la vez iluminada por el glorioso brillo de la ilusión comunista”. Para un cineasta obsesionado por el archivo como Loznitsa, el fin del noticiero cinematográfico, el newsreel a lo Sucesos argentinos, es una de las mayores pérdidas que ha sufrido el cine. “Lo ha eliminado la televisión, y es una pena”, dijo en una entrevista. “Con noticieros como ésos, Revista consigue narrar la vida provinciana en un pueblo soviético a fines de los ’50 y comienzos de los ’60. Un retrato que fue más fácil de hacer de lo que resultaría hacer un film sobre los ’90, por ejemplo. Muchas cosas que se filmaron en video en los ’90 no se preservaron, pero los rollos de fílmico de 40 o 50 años atrás todavía nos hablan de cómo era la vida en esos tiempos. Además, los rollos cinematográficos y los noticieros televisivos tienen distintos objetivos: los newsreels documentan el tiempo mientras transcurre; en su lugar, la televisión manipula la información. El cine nos devuelve parte del tiempo que se fue, los rostros de la gente, las circunstancias, el contexto. Aunque muchas cosas de las que se filmaban en los documentales de la era soviética eran artificiales, creadas especialmente para ser filmadas, éstos todavía reflejan el espíritu de su época.”

El cine, dice Loznitsa, siempre se ha interesado en los objetos que desaparecen: en Bloqueo es posible advertir cómo la ciudad va perdiendo paulatinamente “la energía y el petróleo”. “Los cables de los tranvías están tendidos en los caminos, vemos los camiones abandonados, la gente rompe los asientos de un estadio para convertirlos en leña, y vemos esa lista de los bienes que hay dentro de las casas, escrita a mano, para intercambiarlos por cigarrillos o comida. Traté de estructurar la película alrededor del comienzo del horror: la muerte avanza, y la vida se viene abajo. Ocurre casi sin que lo notemos, nos internamos gradualmente en la pesadilla de una existencia completamente absurda.” Sobre el final asistimos a un ahorcamiento colectivo de prisioneros alemanes en una plaza pública, frente a un público masivo; las imágenes pertenecen a El veredicto del pueblo, un documental de 1946. Para Loznitsa se trata de un momento espeluznante, visto de manera aislada, pero al que no se arriba de la nada sino después de más de una hora de imágenes que exhiben la descomposición del pueblo sitiado. “En ese momento –dice– se entiende que después de lo que habían vivido los habitantes de Leningrado se reconciliaran con algo así. Uno debe poner cierta distancia si quiere entender estos capítulos de la historia soviética, como la Segunda Guerra. Hoy, cuando 14 mil soldados marchan por la Plaza Roja de Moscú para festejar otro aniversario de la victoria soviética, seguimos sin respondernos por qué fue tan grande el costo humano, por qué se llevó 26 millones de vidas. Aquel episodio debería ser objeto de duelo y recordatorio, no de celebración.”

El resto de la retrospectiva de Loznitsa incluye films como Asentamiento (2001), el día a día de un centro para personas con problemas mentales; Retrato (2002), una serie de imágenes fijas de campesinos rusos en las que es imposible no centrar la mirada sobre los rostros cansados y entristecidos o resignados, los trineos, las palas, los baldes, las mujeres empuñando las hachas, las sierras, las vacas y la niebla. Filma el campo, dice, porque la vida real ocurre fuera de las grandes metrópolis. Filma a esa gente que parece tranquila, pero en las imágenes escucha “un grito ahogado, como su hubiera estallado una bomba”. Encuentra lugares desconocidos para el resto del mundo y obtiene en ellos imágenes que quitan el aliento, en toda la ambigüedad de la expresión. Uno de los puntos más altos de sus series casi fotográficas es La estación de tren. La descubrió en Malaya Vishera, un pueblo a 150 kilómetros de San Petersburgo, una noche, a 30 grados bajo cero, donde en la diminuta sala de espera de la estación se abarrotaban, sentados en los bancos y en el piso, decenas de personas. “Era una sensación muy rara estar ahí, entre esta masa de cuerpos que dormían. Los trenes pasaban rugiendo y luego había silencio. Tenía que recrear ese momento, y volví cada dos meses por tres noches cada vez. Hubiéramos podido hacer muchas películas distintas allí.” Sólo tuvo que observar y, como otras veces, apuntar su cámara a lo que estaba allí, sin intervenir, confiar en que aquello decía lo que no podía ponerse en palabras. “La gente a veces mostraba interés. Cuando aparecía algún delincuente, nos pedía que no lo filmáramos, pero el resto se mostraba tranquilo. La mayoría de la gente estaba demasiado abatida por su vida como para andar preocupándose por una cámara de mierda.”

De Loznitsa podrán verse Artel y Luz del Norte (hoy a las 22, Lugones); Paisaje (mañana a las 17, Lugones); Revista (martes 23 a las 17, Lugones) y otros de sus cortos, hasta el domingo 28, cuando se darán Fábrica y Bloqueo, a las 14.30 (Lugones). Además, el miércoles 24, el crítico, docente e investigador Eduardo Russo dará una conferencia sobre el documentalista bielorruso, a las 16.30, en la Alianza Francesa, donde a continuación se verán también Fábrica, Bloqueo y Asentamiento. Todo esto tendrá lugar en el marco de la 12ª edición del DocBsAs, que arrancó este jueves pasado y se extenderá hasta el domingo 28 en la sala Lugones (Av. Corrientes 1530) y la Alianza Francesa (Av. Córdoba 946). Para más información sobre días y horarios y el resto de la programación, ver: www.docbsascom.ar y www.teatrosanmartin.com.ar

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Pathos: uno de los campesinos rusos radiografiados por Sergei Loznitsa en su documental Retratos, que puede verse en el DocBsAs.
 
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