SANTA FE › DESBORDES DE BRONCA DE INUNDADOS FRENTE A LA CASA GRIS

Los que se treparon al balcón

Un pequeño grupo derribó algunas vallas metálicas que protegen la sede de Gobierno, mientras una lluvia de ladrillazos caía sobre el cordón de policías que formaba frente a la puerta.

 Por Juan Carlos Tizziani

Más de 3.000 inundados de barrios del oeste que exigen una reparación de 2.000 pesos por los daños que sufrieron en la inundación del 29 de marzo volvieron ayer a plantarse en la plaza de Mayo. Pero la protesta desbordó en bronca dos veces ante la negativa oficial de recibir a sus líderes. "Que nadie los atienda", fue la línea que bajó desde el principal despacho de la Casa Gris. Una orden que sometió a los manifestantes ﷓en su mayoría mujeres y niños﷓ a un plantón de varias horas, en medio del frío. Al mediodía ﷓acaso hartos del aguante﷓ un pequeño grupo derribó algunas vallas metálicas que protegen la sede oficial, mientras una lluvia de ladrillazos caía sobre el cordón de policías que formaba frente a la puerta. Uno de los proyectiles dejó rengo al jefe de la Unidad Regional I, Juan Faustino Ruiz. La calma retornó unos minutos después. A las tres de la tarde, cuando ya llevaban seis horas de espera, comenzó a sonar por los parlantes de la plaza de Mayo la Marcha de San Lorenzo: fue como otra orden para un grupo más numeroso y decidido que aprovechó dos andamios frente a la fachada en reparación de la Casa de Gobierno para escalar hasta el primer piso y copar el balcón del gobernador Jorge Obeid, donde colgó su bandera: "Los inundados votamos. No nos olviden". La toma del balcón desesperó a la policía que corrió a proteger el despacho del mandatario.

Ya en la marcha del miércoles pasado ﷓que cubrió media plaza de Mayo﷓, el clima era tenso entre los inundados del oeste, pero no hubo incidentes ni desbordes. Después de varias horas, se fueron con la promesa que el viernes, a las 10, tendrían una audiencia oficial. "Nos dijeron que nos iba a recibir un ministro", recordó Alicia Salvador, dirigente de la vecinal de Barranquitas Sur, que moviliza la protesta. La vecinal abrió un padrón de damnificados por las inundaciones de marzo que el miércoles ya tenía 5.700 inscriptos. Ayer, había crecido a 8.000.

Alrededor de las nueve, los inundados volvieron a concentrarse en la plaza. La mayoría llegó por sus propios medios, en bicicletas y en micro. Pero la promesa de la audiencia las 10 se desvaneció. Los vecinalistas no sabían que la orden que bajó del principal despacho de la Casa Gris era terminante: "Que nadie los reciba".

El fastidio comenzó a crecer con las horas de espera. Y desbordó al mediodía, cuando un pequeño grupo derribó algunas vallas metálicas y avanzó hacia las puertas del gobierno que estaban protegidas por un cordón de la Guardia de Infantería Reforzada. Una lluvia de ladrillos cayó sobre la policía y dejó rengo a su jefe, el comisario Ruiz. En realidad, los proyectiles están servidos: el frente de la Casa de Gobierno es un gran obrador, con contenedores de escombros, baldosas sueltas y cuatro andamios que llegan hasta el segundo piso.

Sin embargo, el incidente fue controlado en pocos minutos, incluso por los propios inundados. "Lo que pasa es que este gobierno te descontrola y nosotros venimos con esta carga desde la inundación de 2003", se justificó el presidente de la vecinal Barranquitas Sur, Ramón Narváez, un ex boxeador que lidera la protesta. "La gente está esperando desde las 8 de la mañana con este frío y no puede ser que nos mientan tanto. Empezó decir: 'vamos a entrar, vamos a entrar'. Y comenzó el problema".

Otro grupo obligó a cerrar la cochera de atrás de la Casa de Gobierno con una vieja estrategia: desparramó algunas bolsas de basura y le prendió fuego. Una mini barricada que obligó a movilizar bomberos y autobomba.

Desde el altoparlante, Alicia Salvador pidió calma. "Demostremos que somos gente civilizada, trabajadores, que lo que perdimos en la inundación era gracias a nuestro trabajo, que nadie nos regaló nada", ironizó.

Otro vecino de Barranquitas Oeste, Angel Casini despachó su bronca: "¡Dejen de incitar a la violencia! ¡Lo único que saben hacer es hundirnos, inundarnos! ¡Somos inundados, no piqueteros ni destrozones! Somos argentinos como ustedes y ustedes están ahí por nosotros, y la Casa de Gobierno es nuestra, no es de ustedes. ¿Por qué no andan caminando por las calles como nosotros, que somos inundados, pobres y negros? ¿Por qué Reutemann no sale a correr por la costanera como lo hacía antes? ¡Porque fue uno de los primeros inundadores junto con Alvarez, con Obeid y Balbarrey, manga de inundadores!", gritó. Y estalló un aplauso.

A las tres de la tarde, la tensión volvió a crecer. El comisario Ruiz pidió más tiempo. "En veinte minutos los va a recibir alguien", le dijo a Narváez. "Te damos cinco minutos", retrucó el vecinalista.

Y a los cinco minutos comenzó a sonar la Marcha de San Lorenzo. Pareció una orden. "Vamos a entrar. No queremos violencia. Queremos que nos atiendan estos zánganos", dijo Narváez. Los suyos comenzaron a trepar los andamios y en segundos coparon el balcón de Obeid. Primero era cinco, después treinta. Y seguían subiendo. "¡Que se bajen de ahí!", se desesperó Ruiz. El comisario encaró solo al grupo, y quedó rodeado. "¡Abrí la puerta!", le gritó uno. Otro lo empujó, desde atrás. Ruiz se dio vuelta y encaró a quien lo había empujado: "¡Tené cuidado! ¡Ya vas a ver!", le advirtió. "¡Queremos que nos atiendan, nada más", gritaron otras mujeres que se habían sumado al borbotón.

Por entonces, en el balcón del gobernador ya había más de treinta personas. "Estos son unos caraduras, no son capaces de atendernos, de poner la cara. Y nos quieren hacer enfrentar con la policía", disparó desde el micrófono Leo Abranson, un vecino del oeste que en la inundación de marzo aguantó siete días arriba del techo de su casa. Abranson siguió: "No hay que votar más a esta gente. En el cuarto oscuro no te ve nadie, hermano. Sepan a quien van a votar. Porque el voto es el arma del pueblo. La única arma que tenemos es el voto, no tenemos otra. Estos se aprovechan de la ignorancia nuestra. Faltan un par de semanas, nomás. Entonces, a la hora del voto, piénsenlo bien, a quién van a votar... ¡No voten a Balbarrey ni a Bielsa porque son la continuación de esta gente que no nos quiere atender!".

Arriba, un grupo de policías frenó el paso de los que tomaron el balcón para que no entren al despacho de Obeid. "Dicen que nos van a meter presos si entramos", alertó uno de los decididos. Narváez los alentó desde abajo: "Si detienen a uno, vamos todos. ¡No van a meter preso a nadie! ¡Que los lleven y subimos más! A medida que vayan llevando, vamos a ir más arriba", desafió el vecinalista.

La situación se distendió con otra promesa de Ruiz. "Los va a recibir alguien", le dijo a Narvez. Comenzaron entonces a bajar los del balcón. Pero quedó una bandera: "Los inundados también votamos. No miren para otro lado".

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Un pequeño grupo derribó algunas vallas metálicas que protegen la sede de Gobierno, mientras una lluvia de ladrillazos caía sobre el cordón de policías que formaba frente a la puerta.
 
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