CULTURA / ESPECTáCULOS › "INUTIL INSISTIR", NUEVO ESPECTACULO DE LUIS MARIA PESCETTI

Para que se maten de risa

Músico, cantante, autor, escritor, "entertainer", Pescetti se ríe de los lugares comunes de las canciones para chicos y de las pretensiones didácticas de espectáculos.

 Por Fernanda González Cortiñas

"Papá tiene una semilla que la lleva escondida porque no queda bien andar con la semillita al aire. Mamá tiene un sobre donde guarda un repollo...

y ahora que digo repollo, me acuerdo de los precios del mercado. ¡El costo de la vida es un escándalo! Por eso niños, un mensaje muy importante: los adultos tienen muchas preocupaciones así que ustedes deben ayudar portándose bien, siendo muy buenitos, siendo obedientes, ayudando a papá y mamá. Satisfecha su curiosidad, no duden en volver a preguntar. Si alguno de ustedes no entendió le pregunta a sus compañeros. Silencio, por favor, silencio...". Con esta sencilla canción, Luis María Pescetti intenta asistir a los padres en la respuesta de una pregunta atávica: ¿cómo se hacen los niños?

Músico, cantante, autor, escritor, entertainer sui generis, Pescetti se ríe de los lugares comunes de las canciones para chicos, de las pretensiones didácticas de los espectáculos para el público menudo, y se pasea por un repertorio que, amén de algún que otro tema manoteado al cancionero popular, se encarga de derribar todos esos mitos que hacen del universo infantil un territorio color de rosa, lleno de chocolatines, hadas y chanchitos parlantes.

Canciones sobre mocos ("Los niños que comen moco, son pocos, son pocos..."), de miedo ("Un vampiro de dientes muy podridos, negro, peludo, muy feo y calzonudo..." o "Los esqueletos juegan un partido, con la cabeza de un recién fallecido...") y hasta de niños caníbales ("Soy un niño caníbal y nadie me quiere a mí, no me quedan amiguitos porque ya me los comí..."), se suman a algunas asquerosidades clásicas. Con canciones como aquélla que dice: "Queremos comer: sangre coagulada, revuelta en ensalada, vómito caliente, que sea de un pariente,...", dan lugar a shows en los que los chicos además de matarse de risa, participan activamente.

Parodiando la insufrible actitud de esos adultos de poco tacto que creen que dirigirse a los chicos es hablar en diminutivo, en su shows Pescetti hace gala de su carácter irritable y su poca paciencia. "Bueno amigos, vamos a cantar..., lo que yo quiera", grita con tono amenazante ante la desordenada oleada de pedidos de canciones. "Hasta que ese chico no se siente, no canto", le dice a una mamá. "¡Te callás!", le espeta con tono destemplado a un chiquito que insiste en participar. Todo este "vivo" se convierte en la materia prima de sus discos, trabajos que llevan convenientes títulos como Bocasucia o Qué público de porquería.

Aunque también hay lugar para el amor, como en "Angelina" ("Una tarde de paseo a la orilla del río, entre tanto salto y baile, Angelina se cayó: glu, glu, glu..., bye, bye, bye Angelina..."), en cada presentación hay siempre un espacio para "la canción de protesta". Temas como "No quiero ir a dormir", "No nos digan siempre no" o "Mamá, no quiero que hoy vayas al trabajo", son algunas de las grandes preferidas de los chicos, que corean los estribillos con el entusiasmo de quien se siente verdaderamente identificado con las letras.

"A los chicos les encanta ver que te sacan de quicio. Se sienten superiores. Pero eso es siempre una broma. Si vos ves a un adulto que se saca en un espectáculo para chicos, bueno..., se pudrió todo", dice Pescetti en diálogo con Rosario/12, ya saliendo para Rosario donde presentará su último show: "Inútil insistir" (hoy y mañana, a las 16, en el teatro La Comedia, Mitre y Ricardone).

"Inútil insistir es un show que estrené en México en mayo y que después hice durante la vacaciones de invierno en Buenos Aires. Digamos que tiene la misma estructura que los anteriores, vale decir, que hay una mezcla de juegos, canciones, monólogos y chistes. Lo que es nuevo es el contenido, nuevo hasta que los chicos dicen: ¡uhhh..., hasta aquí llegamos! Entonces es inútil insistir. Y cantamos una que sepamos todos".

Con su peculiar modo de hablar --que resulta de un mix de identidades: nació en San Jorge, vivió en México más de diez años y actualmente reside en Buenos Aires-- Pescetti trae y lleva palabras y modismos de aquí para allá, de Argentina a Guatemala, de Madrid a Chile. "Los chicos están muy acostumbrados a esto por la televisión, así que no los sorprende para nada. Y si no entienden algo, preguntan y listo". Y por supuesto, él contesta, en un espectáculo que siempre resulta por demás de participativo.

"En este show les pido a los chicos que lleven un sombrero, aunque sea uno de esos hechos con diario como los que se hacen los albañiles. Es para hacer un juego", dice el músico prometiendo como siempre interactuar mucho con el público y hacerlo cómplice de sus delirios sobre el escenario.

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Pescetti se pasea por un repertorio que derriba mitos que hacen del universo infantil
 
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