DEPORTES › CENTRAL Y RIVER PROTAGONIZARON UNO DE LOS PEORES PARTIDOS DEL AñO EN UN ENCUENTRO QUE ESTABA CARGADO DE EXPECTATIVAS.

Empate para dos que no se animaron

Los dos equipos sabían del empate de Instituto, quizás eso influyó. En el Gigante no cabía un alfiler y la presión bajaba de las tribunas para un partido que tuvo mucho rose y tensión, pero muy poco fútbol. Central presionó en la mitad de la cancha pero ni siquiera logró exigir a la defensa de River.

 Por Alejo Diz

Los pudo haber sugestionado el empate a primera hora de la tarde que Instituto consiguió ante Independiente de Mendoza, o sucedió que fueron permeables a la tremenda expectativa que había alrededor del encuentro. Supongamos que un poco de todo afectó a los jugadores: la tentación a especular con el resultado ya conocido, que no elevaba obligaciones en ninguno de los equipos en cancha, y la presión que bajaba de tribunas colmadas. Pero ninguno de esos factores puede explicar lo mal que se jugó al fútbol en el partido más esperado del año. Central ni siquiera logró exigir a un defensa titubeante en cada jugada. Y River no pudo dar el triunfo que lo despojaba de todos sus traumas a tres partidos del final. Los arqueros no tuvieron participación, se pegaron mucho en el primer tiempo, se relajaron más en el segundo, y con el último pitazo hubo satisfacción repartida, porque al fin de cuentas todo quedó como estaba, y allí el canaya sacó la sonrisa más larga por mantenerse como único puntero.

Para decepción de todos, el partido salió al detalle de como lo imaginaron Pizzi y Almeyda en la pizarra. Cada movimiento estuvo calculado. Nada se escapó del libreto. Incluso los cálculos de las posibles macanas se ajustaron al argumento. Fallaron los previsibles: Gerardo Pérez, Ramiro Funes Mori. Y los que acertaron fueron los que tenían la tarea de la marca: Vismara y Ponzio.

Entonces el partido pareció más una puja empírica que un ensayo de la dinámica de lo impensado planteado por Dante Panzeri. River atacaba por derecha con Domínguez, allí donde estaba Pérez. Central lo buscaba por el lado de Ramiro Funes Mori. Un pelotazo por allá, otro por acá. Lo que predominó fue el miedo el error ante tanto cálculo y así la mayoría se sacaba la pelota de los pies, no habiendo permiso para pensar ni en una décima de segundo para evitar el puntazo deliberado.

Las repetidas infracciones desafiaron a Germán Delfino, que erró poco en sus fallos, pero se guardó algunas amonestaciones, como las que merecía Domínguez, y Méndez mucho antes de verla, ya sobre el final. Las 23 infracciones de la primera parte es el número, ante tanto cálculo, que refleja lo errado que estuvo el partido y el miedo que imperó, devorando cualquier espacio para intentar romper el molde.

Un cabezazo de Peppino desviado y una arremetida de Cavenaghi, quien no llegó a tocar un centro atrás de Domínguez, fue lo único que enmudeció al estadio por un segundo. Todo lo demás fue obvio y ordinario. Hasta Méndez evitó riesgos, como los que les gusta cuando se hace de la pelota, y se sumó a la norma de recupera y despeja. Vismara, por el contrario, fue el único con balance positivo: acertó más de lo que falló en sus pases.

La batalla táctica tuvo su segunda parte en el complemento. Pizzi se ocupó de enmendar lo que hacía mal Pérez al tener que disputar cada balón con Domínguez. El defensor le ganó muy pocas. Y cuando sus torpezas se hicieron más asiduas Pizzi lo sacó para trasladar en esa posición a Gómez, ingresando Biglieri. Pero en la primera corrida el delantero de River dejó parado a Gómez y entonces Pizzi volvió sobre sus pasos y sacó al ex Colón para ubicar allí a Zarif. Domínguez se corrió al otro lateral, donde aportó solo un desborde ante Peppino. Y problema resuelto.

Así como el entrenador de Central se ocupó por reforzar las debilidades de su equipo, Almeyda no hizo nada y se la jugó con mantener una defensa llena de dudas, aunque ninguna de ellas explotadas por los canayas. Es que la falta de ambición privó a los hinchas hasta con soñar con un gol agónico. Porque Ferrari no se proyectó y así Castillejos debía interpretar como asistencia los pelotazos al aire.

Pizzi fue más generoso que Almeyda al apostar con el ingreso de Biglieri. Pero lo que faltaba era sacar la pelota del medio con prolijidad. El saldo positivo estuvo entonces en el rubro defensivo, donde Central no pasó sustos, reduciendo a Cavenaghi a participar en una sola jugada --la anterior citada-- y dejando a Trezeguet penando por su soledad.

El partido agonizó en manos de los entrenadores y sus obsesiones por tener todo controlado. Los jugadores fueron sumisos al planteo impuesto. El miedo a la derrota hizo que el partido se juegue entre la medialuna de un área y la otra, casi sin ingresar nunca el balón a zona decisiva.

El empate estuvo muy pensado. Al fin de cuentas todo quedó como empezó el día, con Central puntero y River disputando el segundo ascenso con Instituto. Ese fue el triunfo que encontró el hincha canaya al llegar la media tarde.

0 Central: García (6); Ferrari (5), Valentini (5), Peppino (4), Pérez (4); Méndez (5), Vismara (6), Alderete (5), Gómez (4); Medina (4), Castillejos (5). DT: Juan Antonio Pizzi.

0 River: Vega (6); Sánchez (4), Maidana (5), Ramiro Funes Mori (4), González Pirez (5); Domínguez (6), Ponzio (6), Cirigliano (5), César González (-); Cavenaghi (4), Trezeguet (4). DT: Matías Almeyda.

Cambios: PT: 33m Ocampos (5) por César González (R). ST: 11m Rogelio Funes Mori por Cavenaghi (R) y Monje por Medina (C), 23m Biglieri por Pérez (C) y 27m Zarif por Gómez (C).

Arbitro: Germán Delfino

Cancha: Central

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Jesús Méndez la pelea con Funes Mori, en uno de los tantos pasajes tensos que tuvo el partido de ayer.
Imagen: Alberto Gentilcore.
 
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