CULTURA / ESPECTáCULOS › EL GRUPO QUENOCHE QUE DIRIGE CRISTINA CAROZZA VUELVE CON "TENEMOS QUE HABLAR".

A veces perderlo todo es ganarlo todo

El recorrido dramático recupera las instancias de un juego organizado a partir de escenas casi siempre disparadas por algún tema musical que se constituye en una nueva escritura, que conecta con una lectura de los textos clásicos.

 Por Julio Cejas

Pasaron ya tantos años desde aquel momento fundacional en que Nora abandona a su marido dejando tras de sí esa "Casa de muñecas". Esa acción que la consagra como la heroína de la obra de Henrik Ibsen, instalando definitivamente el primer manifiesto en defensa de la mujer en la escena moderna.

¡Qué noche!- habría exclamado el azorado Torvaldo Helmer, después que su fiel palomita se plantara y con una argumentación demoledora hiciera añicos los fundamentos de una sociedad que pensaba a la mujer como un dócil instrumento doméstico al servicio del hombre.

De allí el nombre del grupo que dirige Cristina Carozza, que vuelve a la carga con "Tenemos que hablar", propuesta estrenada el año pasado y que puede verse todos los sábados a las 21.30 horas en La Nave (San Lorenzo 1383)

Los "Quenoche", surgidos de los talleres coordinados por Carozza y Claudia Piccinini, conforman un sólido equipo actoral integrado por Ivana Sacco, Valeria Quaglia, Ayelén Cano, Magda Romanos, Vanesa Vignolo, Maira Barbosa, María Florencia Corvalán, Sandra Ferraro, Salomé Rodríguez, Natalia Pautasso, Guillermina Durando y Marcelo Mainini.

Planteada desde una polifonía de voces, la puesta abre un abanico de posibilidades donde habrá tantas Noras como actrices en escena y un solo hombre que intentará la defensa de todos los hombres.

El recorrido dramático recupera las instancias de un juego organizado a partir de escenas casi siempre disparadas por algún tema musical que se constituye en una nueva escritura, que conecta con una lectura del texto clásico, como ocurre con "Qué ganas de no verte nunca más".

"Hoy vas a entrar en mi pasado...", del tango "Los mareados" -estrofa con la que Ibsen hubiera soñado para la escena final- o "Qué noche llena de frío y de hastío..." del espectral "Garúa", aportan el clima necesario a esa noche interminable en que se debaten los protagonistas, para pasar al hilarante e irónico: "La quiero así con su cara de muñeca..." del edulcorado "Azúcar, pimienta y sal", seguramente uno de los tangos preferidos de Torvaldo.

En esta búsqueda no podían faltar las referencias a los emblemáticos cuentos infantiles como aquel esperado "Príncipe azul", que después llegará pero tan desteñido que será imposible reconocerlo, las historias de célebres fregonas como Cenicienta o insatisfechas como Blancanieves que necesitaba siete enanos para poder armar un hombre completo: literatura infantil que irá modelando aprendices de muñecas.

El desafío en la construcción de este rico cruce entre "textos profanos" y el "texto sagrado" de "Casa de Muñecas", pasa por sostener el equilibrio entre los momentos de divertimento y las necesarias inflexiones que acentúan la vigencia de un tema que orilla las grandes tragedias cotidianas.

En "Tenemos que hablar" por momentos se potencian los estereotipos muy cercanos a los clisés televisivos y eso cuenta siempre con la complicidad de un público que se acomoda en la butaca y se distiende, este efecto catártico tiñe demasiado los momentos en que la escena plantea un giro hacia el conflicto central y se insinúa una pintura de los personajes totalmente descarnados.

Hay dos registros actorales que ilustran esta cuestión donde se juega una buena parte de la teatralidad de la obra: cuando el dúctil actor Marcelo Mainini se despoja de su férrea armadura de típico marido machista y violento para desarmarse en esa frase final: -"¿Qué voy hacer?".

De la misma forma Magda Romanos deja atrás todas las máscaras de la parodia alcanzando otro de los logros dramáticos de la obra, con esa frase que suelta casi en el umbral de la puerta de una casa que ya no le pertenece: "﷓A veces, perderlo todo es ganarlo todo".

Completan el staff de este interesante trabajo dedicado a la memoria del recordado David Anica quien fuera responsable del diseño de luces; Celina Rovetto en escenografía y vestuario, Ayelén Cano en maquillaje y Mariana Valci en asistencia de dirección, diseño y prensa.

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En la obra por momentos se potencian los estereotipos muy cercanos a los clisés televisivos.
 
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