CULTURA / ESPECTACULOS › RITUALES, MUESTRA COLECTIVA DE ARTE CONTEMPORANEO

Las obras en lugares inconvenientes

La exposición de Sarmiento 783 es presentada por un relato autobiográfico de Fernando Farina. Pinturas hiperrealistas de Juan Balaguer comparten sala con una escultura de León Ferrari y una excelente instalación de Noemí Escandell.

 Por Beatriz Vignoli

"Ese día decidí hacer todo de otra manera". Así comienza el relato autobiográfico con el que Fernando Farina presenta la muestra colectiva de arte contemporáneo titulada Rituales, en el museo del subsuelo de Sarmiento 783, y que concluye: "Decidí ubicar las obras en lugares inconvenientes pero me di cuenta de que era lo que hacía siempre".

El relato, escrito con el tono y el estilo de un cuento, narra una cita en un bar con una amante joven ("Me perturbó su belleza, como cada día, pero me prometí que hoy no se lo iba a decir"), tema que lo hermana con un dibujo estratégicamente próximo de Guillermo Iuso. "Mi primer mes con Laura" (2002) es una recopilación de detalles, cómicos, obscenos o sencillamente triviales, de una unión apasionada con una mujer unos cuantos años más joven que él. En la pared de enfrente, cuelga "Amor del Irupé", el tapiz bordado a cuatro manos con el que Leo Chiachio y Daniel Giannone obtuvieron el Primer Premio del Salón Nacional de Rosario en 2006. La obra es una versión camp y homoerótica (la elección de la técnica tradicionalmente femenina del bordado no es inocente) de parte del friso con motivos inspirados en leyendas guaraníes que realizó en la Estación Fluvial el pintor Raúl Domínguez, una suerte de artista maldito para el establishment modernista de su época.

Un ritual de lo habitual puede revelar mucho acerca de la identidad de quien lo ejecuta, o más bien todo lo contrario: las tres pinturas de Juan Balaguer que se exponen cerca de la puerta, óleos hiperrealistas de gran formato basados en fotos de platos con sobras de un asado, llevan por título el nombre de cada comensal. La primera se titula "Autorretrato". Si hubieran estado colgadas en un lugar más "conveniente" dentro del espacio, habría sido más fácil detenerse ante ellas y apreciar sus efectos conceptualmente inquietantes. La exasperación del naturalismo es para Balaguer una forma de reeditar la abstracción, mientras que sus títulos ponen en cuestión la singularidad del individuo, también de un modo paradójico: exacerbando el detalle. "Inconveniente" en el buen sentido es que las pinturas de Balaguer compartan sala con una escultura de calcos de huesos humanos por León Ferrari y con una excelente instalación de Noemí Escandell. Con gran economía técnica y formal, Escandell construye un grupo escultórico efímero de nueve figuras en círculo que evocan los "rituales" de las Madres de Plaza de Mayo. La artista recupera para el arte lo que hay de estético en las caminatas en círculo, las manos unidas, los pañuelos blancos. Pañuelo y cuerpo son una misma forma en estas apariciones, que tienen mucho de la representación tradicional del fantasma como una mortaja flotante.

El paisaje kitsch y las tecnologías obsoletas se conjugan en una compleja obra mitad escultura, mitad pintura de Max Gómez Canle. Completan la sala una talla monumental en madera que retoma con ternura y maestría el mito de Dafne ("Adolescente", de Marta Mom), un collage con retazos de cuero por Betina Muruzábal ("Balar de ovejas") y dos pinturas: "Apunte inmobiliario en la playa", del transvanguardista porteño Duilio Pierri, y "Rincón", del santafesino José Pfaffen.

Es para destacar, al comienzo de la otra sala, una soberbia y bella instalación de pared por Michele Siquot titulada "El anhelo de Gunta Stölzl". Gunta Stölzl (1897-1983) fue una artista textil alemana que impulsó una modernización técnica fundamental en los talleres de tejido de la Bauhaus. En sus diseños para tapices, alfombras y telas (que pueden verse en www.guntastolzl.org) se inspiró Siquot para homenajearla mediante una serie de composiciones racionalistas realizadas con cintas, bordados (que evocan también las pinturas de Juan Grela) y piezas de madera de juguetes didácticos de su niñez. Los elementos geométricos se superponen allí a nostálgicos diseños florales. A esta obra le hacen eco dos grandes fotografías de Gabriel Baggio ("Cuidado de la ropa" y "Pernélope") y ambas forman algo así como un trío con la de Chiachio & Gianone.

Un grupo escultórico satírico bastante obvio del grupo Doma ("Ronnie"), una pintura monocroma y deliberadamente tosca en esmalte sintético que es casi un mural portátil por Daniel García ("¡Monstruo!"), bellas esculturas en cartulina por Marina Gryciuk, fotos de Patricia Viel ("Habitar Ushuaia") y un video de Leticia El Halli Obeid ("Relatos") redondean el conjunto. La impresión general es la de un curador en la (¿vana?) búsqueda de su "otro", o de lo "otro" de la hegemonía que él mismo creó. Un curador con un pequeño museo privado a su disposición, quien caprichosamente lo emplea como el lienzo donde mezcla obras de artistas contemporáneos en una composición muy personal: un autorretrato del curador como artista.

Puede leerse como parte de la muestra la instalación del grupo La hermana favorita en la sala contigua, destinada a artistas menores de 30 años de edad. La obra es un homenaje a Charles Crumb, el hermano recluido y suicida del célebre historietista Robert Crumb. El ritual obsesivo compulsivo de Charles era dibujar. A este artista secreto se lo representa en la muestra mediante diversos elementos, siendo el más logrado de entre ellos un tejido en lana roja que forma el nombre del grupo pero se interrumpe.

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Ronnie, grupo escultórico satírico del grupo Doma.
 
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