CULTURA / ESPECTáCULOS › PLASTICA. EXPOSICIóN COLECTIVA DE ADOLFO NIGRO, ARIEL TORTI Y YUYO GARDIOL

Hacer del mundo un ábaco

La muestra que puede visitarse en el CEC propone obras que pueden ser recorridas con una mirada lúdica. Además, reúne a tres artistas rosarinos que se encuentran en momentos muy distintos: dos emergentes y uno de extensa trayectoria.

 Por Beatriz Vignoli

Una casa que no alberga y que no esconde (Yuyo Gardiol, instalación); un gato de metal y una acumulación de trofeos inútiles (Ariel Torti, objetos); cartas que no viajan por correo pero llegan, y profundamente, a sus destinatarios (Adolfo Nigro, collages): la muestra de arte contemporáneo que puede visitarse desde el viernes en el Centro de Expresiones Contemporáneas (Sargento Cabral y el río) propone obras que pueden ser recorridas con una mirada lúdica. Además, reúne a tres artistas rosarinos que se encuentran en momentos muy distintos de sus carreras: dos emergentes y uno de extensa trayectoria. El curador Roberto Echen, del Departamento de Agenciamientos Artísticos del CEC, afirma en su texto de prensa que no buscó ninguna cohesión formal entre las tres obras. Pero tal vez haya una coherencia dada por un cierto lirismo en primera persona.

Adolfo Nigro nació en Rosario en 1942. Se formó en Buenos Aires, donde vive, y en Montevideo, Uruguay. Allí estudió en el taller de José Gurvich, discípulo de Joaquín Torres García. Superadores de la dicotomía entre figuración y abstracción, ya que Nigro combina a ambas, tanto sus dibujos, grabados e ilustraciones como sus pinturas, objetos y collages son fundamentales en el desarrollo de lo que podría denominarse con toda propiedad un constructivismo rioplatense. Se trata de un constructivismo lírico, sensible, donde la línea que construye el espacio y prolifera va jugando a la vez con un repertorio de íconos (barcos, soles, lunas, caracoles, etcétera) que articulan una saga en imágenes.

¿Y de qué se trata esta saga? De éxodos, puertos, cartas y de la biografía colectiva en continuo tejido que son los afectos de Nigro, su compromiso político de artista, sus diálogos mediados por la obra y vigorizados en el encuentro. Es una obra materialista en el mejor sentido. Esto es evidente en sus collages, que arraigan en cada lugar transitado o habitado por el artista a través de pequeños objetos que encuentra, recopila y ordena en un caos organizado productivo. Los hospeda en su taller hasta que surge el instante en que son llamados a danzar en la obra y a significar inagotablemente. Son estrategias surrealistas que le permiten a Nigro hacer del mundo un ábaco para expresar su Onirokitsch personal, que hunde sus raíces en el inconsciente individual y colectivo.

Nigro cuenta rápido por teléfono: esta serie que muestra en el CEC empezó a mediados de los años setenta con una "carta" a Vicente Zito Lema. El exilio extravió el original pero conservó una foto. Desde entonces, el rizoma no hizo sino ampliarse: a la fecha hay más de 160 piezas y unas ganas enormes de hacer un libro. Nigro edita hermosos libros con su obra siempre que puede, y deplora la falta de voluntad política estatal para hacer aún más, no de él solamente, sino de los maestros rosarinos que ama y admira. Por suerte sí hubo presupuesto para hacer ampliaciones de 50 piezas de la serie; los curadores eligieron destinatarios que fueran conocidos por la gente de la ciudad.

¿Qué es un sobre intervenido por Adolfo Nigro? En la sobremesa, luego de la inauguración, la cronista amaga una definición: ficciones de correspondencia. Él, contentísimo. Y hay mucho más para decir. Cada sobre es un retrato, pero un retrato localizado (abundan los mapas, los nombres de lugares) y además uno que pinta al retratado mediante atributos, en la tradición del género que cultivaron Musto, Schiavoni o Cochet. Sólo que los retratos de Nigro no se centran en la figura ni en la semejanza, sino que bordean el enigma profundo que la alteridad del otro plantea como desafío. Siempre, sí, está presente el nombre, armado con letras encontradas como la carta que exige un rescate. (Letters, en inglés, significa ambas). Los sobres de Nigro son cartas de rescate en el sentido benjaminiano del término redención. Son cartas al rescate del otro cuyo enigma singular se cifra en el nombre.

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Uno de los "sobres intervenidos" por Adolfo Nigro, dirigido en este vaso a Violeta Giunta.
 
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