CULTURA / ESPECTáCULOS › UNA VERSIóN DE "MALDITA SEA (LA HORA)", DEL ACTOR, DIRECTOR Y DRAMATURGO JULIO CHáVEZ.

Lo siniestro acecha desde bien adentro

El Departamento de Producción de la Escuela Provincial de Teatro "Ambrosio Morante", pone en escena esta perturbadora propuesta que dirigen Gustavo Di Pinto y Jorge Ferrucci. Una familia que acepta las condiciones que impone la madre.

 Por Julio Cejas

Parte de una familia se despedaza en un cuarto en el que fue confinada por el alto mando que como corresponde no se hace visible y dirige las acciones a partir de un transmisor que emite instrucciones desde su bunker instalado en la pieza de arriba. En ese "altillo" habita una presencia maligna a la que los demás llaman mamá y a la que temen, intentando congraciarse a partir del cuidado de una niña diferente con "problemas mentales", ese es el requisito para que puedan habitar la casa.

La diferencia con los clásicos films de terror, es que aquí los monstruos han sido reemplazados por seres humanos y el miedo está detrás de cada una de las acciones que unos ejercen contra otros, lo siniestro acecha detrás de una estructura familiar resquebrajada como reflejo de una sociedad jaqueada por el "orden" establecido.

Algo de esto se filtra en los orificios de un texto poblado de imágenes tristemente célebres para los argentinos, mucho de la historia reciente respira en "Maldita sea (la hora)", obra del actor, director, docente y dramaturgo porteño Julio Chávez que pone en escena el Departamento de Producción de la Escuela Provincial de Teatro Nº 3013 Ambrosio Morante.

Esta perturbadora propuesta que dirigen Gustavo Di Pinto y Jorge Ferrucci puede verse todos los sábados a las 22 en el Teatro La Morada (San Martin 771 P.A.), espacio en el que se sostiene en una segunda temporada con buena respuesta de público.

La historia de esta familia integrada por cuatro hermanos y un yerno que aceptan las condiciones de una madre que les permite vivir en la misma casa pero confinados en el sótano con la condición de cuidar a Sofía, una niña muy particular, le permite al autor desarrollar una temática explorada ya con algunos otros condimentos en "La de Vicente López".

El espacio en el se desarrolla este itinerario dramático es uno de los soportes fundamentales de la puesta en escena que plantea la dupla Di Pinto﷓Ferrucci: una especie de "corralito" en el que unos niños grandes juegan desesperadamente a ser nominados para la sobrevivencia.

No casualmente el texto de Chávez data del 2003, un año donde todavía estaba fresca la huella del resquebrajamiento del gobierno de De la Rúa, allí pueden rastrearse síntomas de un nuevo fracaso institucional, de una sociedad que ya no soporta negociar su dignidad, para sobrevivir en un sótano, donde las ratas huyen en helicóptero.

Un elenco compacto integrado por Cecilia Lacorte, María Laura Silva, Fernando Sierra, Damián Sanabria y Aimé Fehleisen, da cuenta de personajes complejos, cargados de una energía que por momentos desborda la escena, sobrecargando algunos pasajes que se sostienen a partir de la ajustada dinámica impuesta por la dirección.

En los aspectos técnicos corresponde destacar la labor de Rodrigo Frias encargado del diseño espacial y de los objetos escénicos que se constituyen por momentos en herramientas fundamentales al servicio de la acción dramática.

Otro de los logros de esta propuesta que recibió una mención especial en el concurso de Coproducciones 2010 organizado por la Secretaria de Cultura de la Municipalidad, tiene que ver con el manejo de lo sonoro en escena a cargo de Diego Actis.

Los personajes transitando ese sórdido espacio con el fondo musical de las canciones de Leonardo Favio y las voces en off de Mimí Ansaldi, Griselda García y Analia Saccomanno, llegando desde ese "más allá" que está en el cuarto de arriba, logran con mayor eficacia el clima sombrío que no alcanza a traducir estéticamente la puesta de luces a cargo de Gabriel Romanelli.

Un producto que consolida al Departamento de producción de la escuela Provincial de teatro, estimulando el intercambio entre alumnos, docentes y autoridades, al servicio de una estética en la que se conjugan la experiencia y la creatividad de creadores como Gustavo Di Pinto y Jorge Ferrucci, en esta dirección compartida que es un desafío enriquecedor para el teatro de la ciudad.

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La metáfora de una estructura familiar resquebrajada como reflejo de una sociedad jaqueada.
 
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