CULTURA / ESPECTáCULOS › LEMA DEL COLECTIVO EXPERIMENTAL CUCAñO QUE REVITALIZA UN DEBATE

Más hombres en el arte y menos artistas

Un documental de Piazza y la historia del grupo en el museo Reina Sofía de Madrid; puso en debate interno a los miembros del mítico colectivo Cucaño de Rosario. "Hubiera sido auspicioso que museos hayan estado de nuestro lado en aquellos años", dijo Aguilera.

 Por Beatriz Vignoli

El anuncio, a comienzos de este año, de la vuelta al ruedo cinematográfico del realizador rosarino Mario Piazza con un documental sobre Cucaño cuya producción es becada por Espacio Santafesino, y la noticia (dada el 26 de agosto en estas páginas) de que la historia del grupo estará en una muestra que se inaugura el jueves en el Museo Reina Sofía de Madrid, abrieron la discusión sobre este colectivo de música y teatro experimental que operó en Rosario entre 1979 y 1984.

Titulada Perder la forma humana. Una imagen sísmica de los años 80, la exposición reúne obras y documentación sobre el arte bajo las dictaduras. Los ex Cucaño tuvieron reacciones variadas ante la exposición. Mariano Guzmán, el 11 de septiembre, expresó su "negativa rotunda" a participar de la inauguración. En una carta a los curadores, reclamó además hacer público el material de la investigación; "en ningún caso tienes nuestra autorización para hacer circular las entrevistas que hicimos a otros miembros de Cucaño", le replicó Jaime Vindel, el "comisario" español de la muestra.

"Cucaño no está en el Reina Sofía del mismo modo que el revolucionario foquista Che Guevara no está en las remeras y posters", le escribió el 16 de octubre Carlos Ghioldi (integrante del grupo entre 1979 y 1982) a Luis Alfonso, quien fue entrevistado para la nota de agosto. Guzmán, si bien discrepaba con algunos datos aportados por Alfonso, produjo junto con él un "texto de rechazo" para enviar a Madrid, basado en dos de los siete puntos de una declaración de Ghioldi del 30 de septiembre de 2012. "Cucaño no está ni en la millonésima parte de un micrón cúbico del MNCARS", declaran Alfonso y Guzmán. El texto completo se encuentra en Acha Acha Cucaracha: Cucaño ataca otra vez, la página en Facebook creada por Mario Piazza como bitácora de su documental. A la inauguración del jueves en Madrid, viajará Luis Alfonso desde Rosario con una pancarta para desplegar: "Cucaño no está en el Reina Sofía". Guillermo Giampietro (uno de los cuatro fundadores del grupo) va desde Trieste a la inauguración. El 15 de octubre, otro ex Cucaño, Mariano Palmerio (Palmer) se solidarizó con el texto de rechazo: "...si Cucaño existiera hoy, si algo tuviera que hacer en Madrid por estos días, sería convocar con todas sus fuerzas a luchar contra los ajustes de Rajoy y la Unión Europea".

Para Ghioldi, en cambio, la museificación es inevitable: "el patrimonio cultural de la humanidad pertenecerá a la clase dominante", dijo el militante sindical a Rosario/12 en una entrevista anteayer. "Y el entrar a un museo es inevitable, no podés hacer nada. [Pero] la dueña del patrimonio cultural, la clase burguesa, no puede controlar cómo será aprehendida la exposición de Cucaño por cada uno de los que la reciba. Yo le escribí en una carta a Luis Alfonso que la actitud y la ética de Cucaño van a encontrarse más en las movilizaciones callejeras que enfrentan al ajuste y la represión del gobierno y el régimen monárquico franquista español y no en algún museo".

La cohesión en las consignas al cabo de una disputa inicial es un fiel reflejo del modus operandi discursivo del grupo mientras existió. Del mismo modo, quienes fueron disidentes a fines de los 70 siguen siéndolo. El 13 de septiembre (a dos días de la nota a Guzmán), llegó a Rosario/12 una carta de Zapo Aguilera, músico rosarino radicado en Buenos Aires desde 1982 que integró el núcleo fundacional de Cucaño, además de formar parte de la dirección de la Agrupación de Músicos Independientes de Rosario y de la Trova Rosarina como percusionista de la banda de Juan Carlos Baglietto. En un tono respetuoso, Aguilera opina a favor de la inclusión de Cucaño en el museo Reina Sofía: "hubiera sido importante para nosotros que instituciones de esta magnitud hubieran estado a nuestro lado en aquellos años peligrosos... veo positivo que se rescaten estos movimientos de resistencia en Latinoamérica... Pienso que la historia de la humanidad se nutre de estos hechos... ergo, la difusión del accionar de grupos como Cucaño toma entidad e importancia, para que otros jóvenes, de diferentes lugares en el mundo, tomen conciencia que aun en las peores circunstancias de la realidad, se debe y se puede luchar por la libertad, para demostrar que las utopías son posibles".

Cuenta Aguilera, en otra parte de su carta, que a comienzos de la dictadura el A.M.I. "reunía a la gran mayoría de músicos de rock... fue perseguido por la dictadura, dejando algunas bajas muy importantes en nuestras filas, lo cual nos llevó a replegarnos y disolver la agrupación en 1978, para revisar la estrategia a seguir. Pasada la euforia del mundial de Fútbol, la mediocridad general se tornó insoportable. Es ahí donde comienza a germinar dentro de la mente genial de Carlos Luchesse la idea de Cucaño... Luchesse me comentaba que debíamos hacer algo que rompiera el letargo de la realidad... Así fue apareciendo Cucaño... con un accionar preciso y contundente dentro de la realidad, artística/política y social, haciendo evidente en los diferentes ámbitos de la ciudad lo que no se quería ver: la siniestra represión del régimen cívico/militar. La primera aparición de Cucaño, la llevamos a cabo dentro del Centro Cultural Bernardino Rivadavia, (ex centro de prensa, mundial 78) con la participación de Carlos Luchesse, Zapo Aguilera, José Luis Jaime y otros... hasta ese momento, el grupo no tenía nombre aunque el espíritu, el objetivo y el accionar eran los mismos que luego trascendieran como Cucaño... luego de algunas reuniones en la casa de Luchesse, Mendoza y Pueyrredón, se integran Guillermo Giampietro y Alejandro Beretta. Ese fue el núcleo creativo de la fundación de Cucaño, en el año 1979. A partir de allí, y cuando estábamos en la gestación de otra intervención, Giampietro propone el bendito nombre de Cucaño, los cuatro estuvimos de acuerdo y quedó conformado lo que luego, sin imaginarnos, resultó ser una leyenda...".

Autor de uno de los dos registros sonoros conservados del grupo, la pieza musical El testamento de Pepitito Esquizo, Ghioldi coincide con Aguilera sobre el núcleo fundacional (Zapo, Luchesse, Giampietro y Beretta). En Cucaño, según Ghioldi, convergen "Luchesse y el Zapo Aguilera; un grupo del Nacional Nº 1, donde estaba Giampietro; Multiarte, una agrupación de artistas donde estaban Luis Alfonso, Pandora y Max Phantom; y Nom de Guerre, que era un grupo de rock del Superior de Comercio, donde estaba Carlos Ghioldi con Adrián Abonizio. Ahí circunstancialmente tocaba el bajo Mariano Guzmán, que era compañero mío del Superior de Comercio... Era una tarea militante de las células secundarias del Partido Socialista de los Trabajadores: agrupábamos pibes en torno a la actividad artística. Tocaban varios grupos. Y Mariano se enganchó en uno de los grupos. Entonces todo eso confluye, a lo largo de 1979, en el ciclo de recitales de la Pau Casals, que es donde Giampietro y Luchesse fundan Cucaño. Ese día por casualidad tocaba Nom de Guerre. Yo hasta el 4 de diciembre no tocaba en Cucaño. Ahí se había formado y era su debut". "Finalizado el evento de la Sala Pau Casals, en el mes de diciembre de 1979, se produce un quiebre entre sus integrantes", escribe Aguilera. "Profundas diferencias ideológicas y operativas dividen a Cucaño. A partir de ese momento, Carlos Luchesse y Zapo Aguilera deciden tomar otro camino y Guillermo Giampietro, Alejandro Beretta y el resto de los colaboradores continúan con las actividades". Ghioldi discrepa: "Luchesse nunca se fue, quedó. Después, de enero a mayo de 1980, viene Mauricio Armus, profesor, del TIT de Buenos Aires, a enseñarnos teatro". Concluye Aguilera: "Cucaño no fue una moda, un berrinche de juventud, una rebeldía sin causa o un acto inconsciente o suicida. Cucaño es una manera de pararse frente a la vida, es por esto que con estructura o sin ella, sigo siendo un Cucaño en cada acto de mi vida y respondo ante cualquier circunstancia con el mismo espíritu crítico y creador, para luchar permanentemente, y desde el lugar que me toque, por la libertad; de no ser así, la misión de Cucaño estará perdida".

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"Cucaño no está en el Reina Sofía del mismo modo que el Che Guevara no está en las remeras y posters", dijo Ghioldi.
Imagen: Andrés Macera
 
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