CULTURA / ESPECTáCULOS › PLASTICA. RETRATOS, MUESTRA COLECTIVA EN EL ESPACIO PAISAJE

Tramas que revelan un siglo

Cien años de arte pueden descubrirse en una exposición que reúne pinturas, fotografías, grabados y dibujos por una docena de artistas de Rosario. Además, el próximo jueves en ese mismo espacio se presentará la edición 2013 del Anuario.

 Por Beatriz Vignoli

El espacio Paisaje (Catamarca 1427, local 24, Galería Dominicis) ofrece dos propuestas que combinan el pasado y el futuro de la ciudad, en tramas que revelan un siglo de arte. Hasta el 5 de mayo (de martes a viernes, de 16 a 20) puede visitarse allí la muestra colectiva Retratos, que reúne pinturas, fotografías, grabados y dibujos por 12 artistas de Rosario. Constanza Alberione, Claudia Del Río, Mariana De Matteis, Maximiliano Masuelli, Gastón Miranda, Maximiliano Rossini y Luis Vignoli son contemporáneos que están en plena producción, como también lo están Eduardo Serón y Mele Bruniard, consagrados por su modernismo innovador a mediados del siglo XX; mientras que César Caggiano, Domingo Candia y Arturo Zinny nacieron a fines del siglo XIX, dejando como legado toda una gama de estilos modernos en pintura.

Además, el jueves 8 de mayo, a las 19.30, en Paisaje, con recital de Fede Leites y una instalación de Román Vitali, se presenta Anuario, Registro de acciones artísticas, Rosario 2013. Anuario es una publicación anual en formato libro ilustrado coleccionable que desde su primera edición en 2010 ofrece un panorama de lo producido en un año en la ciudad. Esta vez, suma 356 páginas y conmemora con un dossier los 45 años de la eclosión del arte de vanguardia en Rosario.

El equipo editorial integrado por Lila Siegrist, Georgina Ricci y Pablo Montini (con Gastón Miranda en producción y Gilda Di Crosta en revisión) decidió este año que las fotos sean en blanco y negro, lo que unifica los documentos gráficos del pasado y del presente. Algo que habilitan los temas, como la recuperación de la Biblioteca Constancio C. Vigil (en su histórico edificio de Alem y Gaboto).

Hay una cuidada labor puesta en sensibilizar sobre el arte en espacios públicos, que los habitantes de la urbe naturalizan. Lorena Mouguelar revaloriza los mosaicos de la Galería Rosario y la alegoría de la agricultura en el Cementerio El Salvador que forma parte del mausoleo de Julio B. Oroño: son obras de Julio Vanzo que ella redescubrió al investigarlas para su tesis de licenciatura.

Las crónicas se alternan con ensayos fotográficos, como el recorrido documental de Luis Vignoli por muralistas en obra y muestras en montaje. En arquitectura, Federico Ricci reseña el edificio de oficinas de base redonda proyectado por César Benetti Aprosio; Luján Castellani, Maximiliano Rossini y Román Vitali dan cuenta de su habitar y trabajar en casas taller diseñadas por Angel Gentiletti.

En clave literaria, Agustín González y Pauline Fondevila se hacen cómplices para una entrevista fantástica en todo sentido. Se debilita por su inmediatez el relato de un paseo en el Parque Independencia por Amanda Poliéster (seudónimo de María Laura Martínez): "El escultor se equivocó", escribe refiriéndose al busto de Beethoven por Erminio Blotta, obra que fue admirada entre otros por Alfonsina Storni. Rubén Chababo logra la tensión narrativa de una novela al desplegar en el tiempo un detalle en la foto de una obra histórica de Norberto Puzzolo, entrevistado en otra nota por Osvaldo Aguirre (para Anuario y otro medio) sobre una polémica obra actual.

Además de Aguirre, Anuario convocó a otros autores de medios periodísticos, como Edgardo Pérez Castillo y Leandro Arteaga (Rosario/12) o Javier Hernández (El Ciudadano), que escriben con una visión objetiva del contexto; o Dardo Ceballos (Club de Fun), quien emite una queja personal que lo ignora. El contexto (en este último caso) es la herida que parte este Anuario: el derrumbe de agosto en Salta y Oroño, la última de cuyas víctimas fatales encontradas fue la artista plástica y animadora cultural Florencia Caterina. Oriunda de Rafaela, ella recibe un cálido homenaje en fotos que la recobran viva y en acción, joven. La energía de las mujeres en el arte se expresa en una entrevista a Noemí Escandell (por Pablo Romano, realizador de un documental sobre su obra); en la participación de Nicola Costantino en la Bienal de Venecia; en la labor crítica e historiográfica de Laura Malosetti Costa, Sabina Florio, Cynthia Blaconá, Silvia Dolinko, María Elena Lucero, Irina Garbatzky y Ana Longoni, y en colectivos femeninos que recuperan en sus reseñas plurales el tono asertivo del manifiesto.

El diseño carga el espesor semántico de un texto poético. En la página 55, Escandell (joven, en los años 60) posa con su hija; en la 57, Costantino posa con su hijo. Madre a la izquierda, criatura a la derecha. La niña de la primera foto se sienta en el piso, un pulido parquet desde donde sonríe a la madre, que la mira. Es como el juego de miradas entre el niño Jesús y la Virgen María en aquella pintura cumbre del canon occidental por Leonardo Da Vinci, donde también están Santa Ana y el cordero del sacrificio. Hay una marca de época en las rayas horizontales del ruedo del vestido de la madre, que remiten a la geometría minimalista de sus obras de ese período.

La de la otra foto viste íntegramente de negro; su niño lleva un piyamita a rayas y cuelga cabeza abajo. La mamá lo sostiene de las piernas con una firmeza sólo comparable a la de la mirada con que enfrenta al espectador. Si lo suelta, muere. La pose es extorsiva. La expresión del nene es ambigua. Enigma que también anima los nonatos calcados en la obra de su madre, cuya diestra parece la del patriarca Moisés en la escultura de Miguel Angel Buonarotti; en lugar de esas tablas de la Ley que Freud vio casi deslizarse hasta estallar, está el hijo.

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Nicola Costantino sosteniendo a su pequeño hijo
 
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