CULTURA / ESPECTáCULOS › "EL LATIDO DE MI CORAZON", FILM GALARDONADO DE JACQUES AUDIARD

Todos los bemoles de un pianista

El director francés construyó una prolija remake de aquel film de los
'80, de James Toback "Fingers". Pero con un duro realismo que casi golpea al espectador.

 Por Emilio A. Bellon

"El latido de mi corazón". "De battre mon coeur s`est arreté". Francia, 2005.

Dirección: Jacques Audiard

Guión: Jacques Audiard y Tonino Benacquista.

Fotografía: Stephane Fontaine

Música: Alexandre Desplat.

Intérpretes: Romain Duris, Niels Ares rup, Jonathan Zaccai, Emmanuelle Devos, Gilles Cohen, Linh Dan Phan.

Duración: 107 minutos.

Distribuye: Alfa Films.

Salas de estreno: Monumental, Del Patio, Showcase y Village.

Puntos: 9 (nueve).

El afiche, que presenta zonas diferenciadas, subraya en una lectura vertical el teclado de un piano, guardando desigual proporción, con los rostros y cuerpos que ocupan la zona derecha del diseño. Y es el teclado del piano, el que lleva a una tal vez postergada vocación, y que en el film apunta a interpretar partituras de Johann Sebastián Bach. De este lado, la música y con ímpetu pendular, reconocemos otro extremo. El hombre de camisa blanca y desajustada corbata, que se extiende verticalmente como aquel teclado, es su protagonista.

Desde la misma concepción del diseño, un lado se oculta: un submundo marcado por sangrientos intereses y el mandato manipulador de un padre, que ordena y que espera. Ese lado es el que su director, Jacques Audiard, autor igualmente de "Lee mis labios", escenifica en un tono más grave y expuesto a un constante crescendo. Entre seguimientos y amenazas, el protagonista de esta historia, de nombre Tom, participa de los códigos de un espacio clandestino, dominado por una férrea prepotencia y que involucra el mercado inmobiliario de un París mostrado exento de cualquier caracterización armónica y tranquilizadora. Y en tal caso, es el mundo de la noche, de subterfugios y pasillos escondidos, el paisaje reconocido.

Del otro lado, la punta de una flecha va develando lo que tal vez, alguna vez, y desde la voz materna, desde las mismas manos de su madre, Tom experimentó como su gran pasión. Mientras tanto, allí está junto a una banda que sólo grita la urgencia de cumplir un encargo: desalojar a inquilinos, echar a inmigrantes, amenazar a ocupas, valiéndose de todo medio. Pese a sus constantes no.

Porque es este adverbio, el No, el que Tom no puede sostener frente a los reclamos de los demás. Porque será este mismo No el que lo lleve a aceptar reglas de un juego que el mismo rechaza; sea ya con su padre, sea con su donjuanesco amigo, que siempre lo usa en sus coartadas. En "El latido de mi corazón" asistimos a un realismo golpeante que por momentos, no nos permite reconocer los intervalos de reposo, los intervalos en los cuales un piano, aguarda. Porque ahí, junto a él, junto a Tom, los sonidos de una sórdida violencia cotidiana no dejan de cesar.

Galardonada con numerosos Premios César en marzo del 2005, entre ellos mejor película, el film de Jacques Audiard va abriendo otros cruces en la vida de este Tom, que vive en un estado de permanente confusión. Así, el encuentro con aquel exrepresentante de su madre primero, y el contacto artístico con una compositora e intérprete oriental, sólo ligada a él por el lenguaje musical sin conocimiento alguno del idioma, le irá develando otros aspectos que le harán enfatizar de manera muy marcada, un potencial próximo No. Pero hay algo, allí, y su realizador se encarga de dejarlo en espera, que no permite su real concreción; ni aún, dos años después.

A diferencia de lo que suele ocurrir habitualmente, respecto de las remakes, en el sentido de que son las productoras estadounidenses las que compran derechos de films europeos para una nueva versión (llegando a verdaderos homicidios artísticos), aquí estamos frente a un film que tomó como base aquella realización de James Toback de 1978, "Fingers", producción que respondía al cine independiente. Con las actuaciones de Harvey Keithel, Danny Aiello y Tanya Roberts, "Fingers" mostraba como un aspirante concertista se veía empujado por los códigos del submundo que identificaba a su padre, marcado por la droga y la prostitución. Film que contó con el apoyo del propio Martín Scorsese y de Paul Scharder, esta obra se puede pensar (desde las propias declaraciones de su director) como su referente, al pensar la historia de un joven hombre, que se mueve entre dos mundos.

Films despojado de todo acercamiento sentimental, relato que despierta no sólo en cada nota de lo que se interpreta en el piano, "El latido de mi corazón" sólo nos permite espiar por una rendija la propia vocación de su protagonista. Las horas del día están subrayadas por una vertiginosa música electrónica, por el arma que se lleva escondida en el cuerpo, por las voces que temblorosamente asoman del otro lado del teléfono. La música de Bach es más una insinuación que una continua fuente de entrega y su director evita resoluciones consoladoras.

Es el transcurrir del tiempo, en la vida de Tom, un apostar al trabajo sucio, pese a sus No. La especulación ajena, los contratos que se vencen y los negocios por venir lo llevan a actuar la condición de sicario que se desvanece ante el teclado del piano, ante la próxima lección, de cara a la joven de origen oriental. ¿Se desvanece o se sigue sosteniendo?. Porque lo que irrita en el film, luego de transitar nosotros corriendo al sentir siempre esa cámara tan de cerca, es que se sigue sosteniendo, como una atmósfera que identifica una permanente contradicción.

"El latido de mi corazón" instala en cada tramo una nueva duda, acentuando la fragilidad de cada instante, renunciando a todo intento de aparente reconciliación.

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El protagonista se expone a un submundo marcado por sangrientos intereses y el mandato paterno. Tom es llevado a actuar la condición de sicario que se desvanece ante el teclado del piano.
 
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