CULTURA / ESPECTáCULOS › EXPONE WAISSMAN EN PECCATA MINUTA

Metáfora de lo social

Una pequeña muestra de calidad infrecuente podrá verse todo este mes en la planta alta de Peccata minuta (Local 26, Pasaje Pam, Córdoba 954). Se trata de una selección de obras, realizada por la curadora Rosa Manquillán, de obras recientes en pequeño formato de Andrés Waissman (Buenos Aires, 1955), pintor de amplia trayectoria que ha alcanzado la madurez de su lenguaje personal. Cuatro dibujos sobre papel, dos bellas pinturas caligráficas sobre tabla de la serie de las "Tablas" y siete pinturas sobre papel de su paradigmática serie "Multitudes" dan cuenta del estado actual del mundo visionario, pacientemente madurado, al que la pintura de Waissman es absolutamente fiel.

Fabiana Barreda, Rodrigo Alonso y otros críticos abordan este mundo singular en el impecable libro monográfico ilustrado que se presentó este año en Rosario en el marco de la Semana del Arte. Alumno de Osvaldo Romberg, alentado desde sus comienzos por Córdova Iturburu, Andrés Waissman expone desde 1973. Luego de dos viajes a Europa, uno a los dieciocho años y otro al taller de Antonio Seguí en 1978, Waissman se radica en los Estados Unidos en 1984 con su esposa Gachi. En estos primeros períodos le da un suelto tratamiento pictórico expresionista a imágenes simbolistas, afines en su atmósfera de misterio a la pintura metafísica, a la transvanguardia italiana y al capricho veneciano. En 1992 el matrimonio regresa al país.

Pero el detonante que marca un antes y un después fue ver pinturas originales de Cándido López (1840-1902), el "manco de Curupaytí" que documentó la Guerra de la Triple Alianza. "El primer impacto fue en la casa de Horacio Porcel, un poderoso coleccionista de platería y de arte iconográfico", cuenta Andrés Waissman a Rosario/12. Luego se enfrentó "con toda la obra e incluso obras de sus maestros" en la retrospectiva Cándido López, el genio desconocido (1995) en el Museo Nacional de Bellas Artes, "época de Jorge Glusberg y probablemente una de las mejores muestras de esos diez años en el museo". Waissman comienza a incorporar en su pintura, a partir de entonces, unos enjambres intensamente enérgicos de puntos, que surcan decididos el paisaje semiabstracto, y que evocan las tropas vistas desde lo alto en las escenas panorámicas de Cándido López. "Lo que intenté con esto -explica- fue crear una metáfora a partir de C.L. y de su característico formato, creando multitudes; en su caso era la descripción de la batalla y en el mío fue como leit motiv para una metáfora contemporánea".

"El estadio es un caldero encendido en donde todo ocurre. El país descubre sus miedos y la gente grita", escribe Waissman en su texto "Las multitudes", de 1997, y continúa: "El país que va leyendo su historia como si fuera ajena". En el año 2001, los puntos se convierten en manchas y se independizan de todo otro elemento, incluso el color. Hoy aquellas tupidas multitudes de entonces son ralas manchas aisladas en medio del silencio del papel blanco.

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