CONTRATAPA

Crónicas de colectivos (urbanos) III

 Por Iván Fernández

Línea 143 / Madrugada temprana / Sentido Norte-Sur

Largas miradas, largos suspiros, el 143 no viene más, no viene nunca más, y quedo fijado a zona sur, para siempre. Pero aparece, tarde o temprano aparece, recoge a náufragos en plena mar﷓noche. Por fin, una isla.

El colectivo es una pincelada roja sobre gris: lleno de gente, estallado de luz y de sonidos, sobre el fondo de una noche sorda, muda y ciega.

Y subo, y hay mucho gente, y quedo parado junto con unas veinte personas. Primera camada de liliputienses (decenas de jóvenes entre quince, dieciséis y diecisiete años): chicas silenciosas, o de bajo volumen, de pelos largos; chicos con gorras vociferantes (un grupo va cantando loas a un equipo de fútbol). Algunas chicas hablan con chicos, conversan. Se desocupa un asiento de las hileras pares y alguien se apropia de los dos lugares disponibles, sobre uno se sienta, sobre el otro extiende las piernas, algunos, que tal vez deseen asientos, lo miran.

"Mi cuerpo, para mí no es, por tanto, una de las cosas que hay en el mundo sino mi facticidad, no es un velo que se interpusiese entre la conciencia y el mundo, sino aquello desde donde la conciencia se abre al mundo." (Vasconi, Rubén. Perspectivas - Una introducción a la Antropología Filosófica. Editorial: U.N.R. Editora. Rosario, 1993. Pág.: 39)

Se transita el centro y son más los que bajan que los que suben, de a poco se va vaciando el colectivo urbano. Se dobla una esquina y el chico de los dos asientos grita: "íEn la esquina, chofer!". Se acerca a la parte delantera junto con dos o tres chicas y otros dos chicos. Caminan por el pasillo desierto llegando al chofer media cuadra antes de la esquina donde bajarán.

Segunda camada de liliputienses: chicas estridentes, chicos estridentes, pelos parados, pelos planchados, pantalones caídos en proclama por el uso de la ropa interior. Las chicas van en grupos (de chicas), a veces con otro grupo (de chicos), también dúos o tríos de chicos. Las liliputienses femeninas tienen nombres cortos, tales como: Lu, Me, Ce. Y hay invitaciones diversas: "Lu, vení gordita, sentate conmigo", "Me, ¿te llevo eso?". Hay un grupo femenino y masculino en la parte trasera del colectivo, comienzan a cantar: "Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz...", con golpes sobre el colectivo, dan un concierto para toda la isla. Por supuesto, con una canción no basta: "Feliz, feliz en tu día, amiguita que dios te bendiga..."

"La turbación psicoanalítica que provoca la música depende de lo que en ella no se puede encontrar (...): la suspensión trágica del plano de los representantes." (Kuri, Carlos. La argumentación incesante. Capítulo: "Estética de lo pulsional". Editorial: Homo Sapiens. Rosario, 1995. Pág.: 47)

Y en medio de la isla, insertos entre la población liliputiense. Tres Gullivers. Una mujer, de rulos y de unos cincuenta años con una mirada puesta en un horizonte propio, un hombre, pantalón de vestir, chomba negra, zapatos, depositando una y otra vez su mirada sobre gestos y movimientos de los liliputienses; el otro creo que soy yo.

Ya va llegando mi momento, emprendo el viaje hacia la puerta trasera, al principio libre circulación, luego, nuevas formas de ocupar los espacios de tránsito o de descanso. Están sentados por todos lados, en lo que queda de pasillo, en la pequeña escalera final

"De ahí esos regímenes disciplinarios formidables que uno encuentra en las escuelas, los hospitales, los cuarteles, los talleres, las ciudades, los inmuebles, las familias... y después, a partir de los años sesenta, se da uno cuenta de que este poder tan pesado no era tan indispensable como parecía, que las sociedades industriales podían contentarse con un poder sobre el cuerpo mucho más relajado." (Foucault, Michel. Microfísica del poder. Ed.: La piqueta. Madrid, 1979. Pág.: 106)

Alguien grita: "¡Hay gente que quiere bajar!". Supongo que "gente" soy yo, ya que soy el único que se desplaza hacia la puerta, cuando voy llegando, se van levantando y se ubican contra las laderas de los asientos.

Me bajo.

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