PSICOLOGíA › LA TRISTEZA EN LA éPOCA DE LOS ANTIDEPRESIVOS

Una emoción que necesita su lugar

 Por Sabatino Cacho Palma*

No hay semana en que no reciba una consulta en la que alguien, adolescente o adulto, hombre o mujer, pretenda saber, aunque más no sea, mi opinión, en cuanto a que hace años o meses (con suerte) viene siendo "medicado" con antidepresivos. Lo llamativo es que la intervención médica la puede haber hecho un psiquiatra, un clínico, un neurólogo y que incluso bien puede ocurrir que el sujeto "antideprimido químicamente" continúe administrándose la droga, ya sin siquiera consultar periódicamente con algún profesional en particular.

Todo parece indicar que deberíamos cuidarnos de sufrir un momento de bajón, cierta caída del ánimo y ni hablar de experimentar algo que tenga que ver con la tristeza, ni siquiera deberíamos dejarnos acompañar por esa tonalidad nostálgica de la tristeza, ya que el mandato del mercado y del hombre consumido (que consume y se consume) ¡es pum para arriba! Bueno pero resulta que tuve la oportunidad de ir al cine a ver la última producción de Pixar: Intensamente. Allí el personaje que porta la alegría decide suprimir, alejar a la tristeza y la cosa se desbarranca hacia el desastre (alegría y tristeza están personificados en el filme). Y sólo cuando recupera a la tristeza y permite que ésta comande en algunos momentos, hacer el conveniente duelo por lo perdido e irrecuperable de la infancia, solamente así podrá reordenar ese cambio fulgurante, maravilloso y desconcertante que implica el pasaje por la pubertad. Recomiendo la película y les aconsejo hacerse acompañar por una nieta, hija, sobrina, ahijada y compartir ese momento poético y muy bien logrado.

*Presidente de la Escuela de Psicoanálisis Sigmund Freud Rosario.

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