OPINION › PANORAMA POLITICO

El ojo puesto en la opinión pública

 Por Pablo Feldman

Los encuestadores han vuelto a trabajar, si es que en algún momento dejaron de hacerlo. Lo que se nota ahora es que las mediciones comienzan a traer cola, y a motivar el diseño de estrategias cuando no el cambio de algunas que pudieran estar en marcha. Y no se trata de testear la imagen de tal o cual dirigente cosa que se hace de todos modos sino los cambios de humor de la opinión pública y a partir de ello trazar vectores de conducta de cara a la campaña para las elecciones del año que viene. Más allá de acordar o discrepar con las políticas del gobierno nacional, se advierte en los últimos meses (con mayor notoriedad despues de la aprobación de la nueva Ley de Servicios audiovisuales) un repunte de la imagen presidencial y una recuperación de la iniciativa por parte del oficialismo. A esto ha contribuido extraordinariamente el papel viscoso de la oposición en casi todas sus formas. Esto lo dicen las encuestas, las que paga el gobierno y las que pagan los opositores, de izquierda a derecha, dentro y fuera del peronismo.

El que primero lo advirtió fuera del kirchnerismo fue Eduardo Duhalde que intenta remontar cerca de 80 por ciento de imagen negativa y que según sus dichos lo va consiguiendo paulatinamente. Si así fuera, la única explicación razonable es la atomización de la oposición, la falta de liderazgo alternativo y la ululancia de los principales dirigentes que un día se abrazan entre sí y al siguiente se dicen de todo. Otro que lo vio, fue Carlos Reutemann que está "guardado" a la espera de que cambien una vez más lo vientos. Tanto es así que su tropa está a la deriva, sin saber qué hacer en la provincia, pero para no errarle, se oponen a todo lo que provenga de la Casa Gris, aunque la semana que pasó los senadores del Lole aprobaron la modificación del Código de Faltas que penalizaba la prostitución callejera y el travestismo. La excepción que confirma la regla.

En este marco, la tendencia que se advierte claramente a nivel nacional que le ha permitido a Néstor Kirchner sacar pecho y encabezar actos de campaña prematuros se reproduce en menor escala en Santa Fe, entre otras cosas por el perfil del gobernador Hermes Binner que es claramente opuesto al del ex presidente. No obstante, el ex intendente de Rosario parece dispuesto a hacerse cargo no ya de una campaña sino de la iniciativa política. El discurso en la apertura del período ordinario de sesiones en la Legislatura dio algunos indicios (ver página 03). Y si bien sabe que la mayoría especial que se requiere para los proyectos más relevantes será difícil de obtener en este contexto, Binner confía en que haya cambios de escenario a lo largo de lo que queda del 2010 que permitan avanzar con otro paso en el último año de su gestión. La proyección nacional es algo que voluntariamente ha resignado, cree convencidamente que eso no sólo no ayudaría a consolidar el armado provincial sino que lo complicaría. Algo de eso puede verse en las contradicciones que asoman en Rosario con el delegado de Elisa Carrió en el Concejo municipal, o las dificultades para articular políticas con Proyecto Sur, fuerzas de escaso caudal electoral en la provincia.

La decisión de Binner parece no tener vuelta, independientemente que año que viene aparezca en la primera línea de batalla. Y si fuera de otro modo, el tiempo no vuelve atrás y el momento indicado ya ha caducado. No hay más objetivo que avanzar en retener la gobernación, lo cual obviamente no es poco, ni será sencillo. En esta línea están trabajando los intendentes de las principales ciudades, ambas gobernadas por dirigentes del Frente Progesista: Miguel Lifschitz y Mario Barletta. El intendente de Rosario también experimenta un repunte en su imagen, lo cual lo entusiasma de cara a la candidatura a gobernador, pero sobre todo lo tranquiliza a la hora de garantizar el presupuesto básico para el plan mayor: Retener la intendencia de Rosario. Aún en el peor momento Lifschitz seguía siendo el dirigente de mejor imagen el Rosario, en parte por el sello de su gestión, y también porque en la oposición no hay a la vista figuras de proyección de relevancia. Sigue siendo Héctor Cavallero como desde que dejó la Intendencia el de más alta medición entre los que deciden no votar al socialismo. ¿Qué se viene, entonces? La discusión de los nombres, no necesariamente frente a la opinión pública, que espera otro tipo de debates entre la dirigencia, pero sí puertas adentro. Y no sólo los nombres, que son fundamentales, sino las estrategias. Y no una cosa despegada de la otra sino conforme al candidato que pueda emerger. El proyecto, el plan, ya está diseñado, es que el comenzó a aplicar Hermes Binner no sin dificultades y que necesita uno o dos períodos más para que se noten los cambios profundos que ya estan en marcha, a pesar de las limitaciones, propias de la gestión, y las que le impones el Senado reutemista.

Para eso los socialistas deben apostar a un radicalismo fortalecido, expectante, que le dispute incluso la cabeza de la fórmula. Nadie le puede negar el derecho a Barletta de querer ser gobernador, y hasta sería beneficioso para motorizar la participación. Desde el socialismo hay varios que quieren y no tantos que pueden. Sin dudas uno de los que quiere y puede es Lifschitz que posee un caudal de votos muy superior al de su colega de la capital, y no sólo por el grosor del padrón. Seguramente hay otros aspirantes, pero no lo pueden decir con la soltura que lo hacen los dos jefes comunales, lo mismo que para las respectivas intendencias que ambos no quieren repetir. En el caso de Rosario, dos períodos es suficiente, en el lugar de Barletta, en cambio hay margen para buscar la reelección y pensar en la Casa Gris para el lejano 2015. No estaría mal pensar en esa dimensión, pero está claro que en la Argentina, imaginar a mas de un lustro es casi ciencia ficción. Van a aparecer concejales, miembros del gabinete actual o reciente, y hasta "invitados" a la hora de especular en torno a las candidaturas. Pero no hay lugar para inventos, no son más de dos o tres los nombres posibles, para la gobernación, y para la intendencia. Y cuanto antes se perfiles mejor para los integrantes del Frente.

En el PJ están en el "momento paralítico", aquel juego de la infancia en el que el que se movía perdía, y además eran sus propios compañeros los que lo hacían perder. Reutemann no habla, lee. Los mensajes del Facebook que emite su ex esposa desde Mónaco. Sus detractores los utilizan para guionar historias del más diverso contenido, la mayoría inverosímiles, pero todas sujetas a desmentidas. Sin entrar en cuestiones de la vida privada de Reutemann como de nadie desde el punto de vista político parecería conveniente que el senador dijera algo, frente a lo que parece una maniobra extorsiva.

Pero sea como sea, Reutemann está fuera de la cancha desde entonces, y sus seguidores y contrincantes dentro del PJ a la deriva. Sin saber qué hará y por tanto que harán ellos. Hay mucho tiempo por delante, pero a ese tiempo hay que llenarlo de acción política y de nombres propios. Algunos ya se han dado cuenta, a otros les cuesta un poco más.

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