CIUDAD › DOS HOMBRES FUERON ASESINADOS TRAS EL CLáSICO

Otra excusa que toma la violencia

El clásico del fútbol rosarino transcurrió sin mayores incidentes en el estadio de Central, pero sí precipitó un par de episodios criminales en otros puntos de la ciudad. Los más extremos fueron los asesinatos de dos hinchas por festejar el triunfo del club de Arroyito. El ministro de Gobierno, Rubén Galassi, pidió no confundir "la irracionalidad de algunos seres humanos con un hecho deportivo". Y el párroco Daniel Siñeriz atribuyó el origen de esta violencia a que "el límite del respeto por el otro está corrido, debido a un proceso cultural de deshumanización de las relaciones que se percibe incluso en algo tan cotidiano como el tránsito urbano".

Ayer el fiscal Miguel Moreno confirmó que "la hipótesis de ambos crímenes refieren al resultado del partido". El primero ocurrió a las 18.30 del domingo, en Brasil al 1300, cuando hinchas de Central festejaban en la vereda y desde un auto en marcha abrieron fuego. Las balas acertaron en Martín Acosta, de 39 años. El fiscal tiene sospechas de gente allegada, en ese mismo rincón del barrio Belgrano.

A las 19, Lautaro Bova, de 22 años, fue apuñalado en Castellanos y Centeno, a manos de otro hombre, de 35 años, que vestía una camiseta de Central. Este terminó con el cráneo fracturado en el Hospital Clemente Alvarez, aunque fuera de peligro. Como consecuencia de la pelea entre ambos, Bova murió en el hospital de emergencias.

Además de estos dos sucesos fatales, el director del Heca, Néstor Marchetti, indicó que ocho personas más llegaron heridas tras el partido.

En tanto, un empleado de Aguas Santafesinas SA, de 32 años, fue arrestado en Ibarlucea por intimidar a balazos a hinchas canallas que celebraban su triunfo, cuando él circulaba en una camioneta de la empresa.

Galassi señaló al respecto que "no hay manera de prevenir la irracionalidad humana, sino que se trata de respuestas violentas a determinadas cuestiones que no tienen que ver con un deporte sino con un componente de irracionalidad que es muy difícil de explicar". "Mientras cientos de miles se alegraron o entristecieron por un resultado deportivo, hay diez o quince que reaccionan con esta violencia, por el fútbol o por cualquier otro motivo".

Daniel Siñeriz, párroco de la iglesia San Joaquín y Santa Ana, rescató que "lo ocurrido no es tanto frente a la magnitud del evento y de la ciudad, pero es una tragedia, claro". Lo atribuyó al "proceso cultural de deshumanización de las relaciones", y observó que "no hace falta mucho para provocar el atropello hacia el otro. Esa capacidad de avasallar se ve todos los días en el tránsito", comparó.

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