UNIVERSIDAD › DEBATE POR EL PERFIL DE LOS GRADUADOS DE AGRONOMíA EN LA UBA

Estreno en el campo académico

La Facultad de Agronomía pone en marcha este año una nueva currícula que refuerza las ciencias básicas y la interacción entre alumnos y productores rurales. Las críticas al modelo de agronegocios y la discusión sobre la expansión de la soja.

 Por Julián Bruschtein


Mientras continúa abierto el conflicto entre el gobierno nacional y las entidades que representan a los sectores rurales, la Facultad de Agronomía de la UBA –una de las usinas que provee de profesionales al sector agrario– está estrenando una nueva currícula en la carrera de Agronomía que, después de ser discutida durante todo un año, reemplaza desde este ciclo lectivo al plan vigente desde 1999. El agregado de un cuatrimestre a la cursada, la incorporación parcial de un enfoque social, el “refuerzo de las ciencias básicas” y el impulso de “una mayor cantidad de viajes de alumnos para que interactúen con pequeños, medianos y grandes productores” son, según contó el decano Lorenzo Basso, algunos de los aspectos de la modificación.

“La reforma que se realizó en 1999 llevó gran cantidad de materias que eran cuatrimestrales a bimestrales. Con la reformulación de este año se está volviendo para atrás en algunos casos. La intención es intensificar lo que se llama prácticas profesionales: residencias y estadías de trabajo”, explicó Basso a Página/12. “La realidad indica que tenemos una tasa de 99,9 por ciento de empleo entre los graduados y al menos 250 alumnos que ya están desarrollando tareas laborales. El estudiante de Agronomía busca recibirse rápido por la necesidad que existe hoy en el mercado de trabajo”, explicó.

Cuando se produjo la modificación curricular en 1999, se redujo la extensión de la cursada de seis años a cuatro y medio. Algunos sectores estudiantiles observan, desde aquel cambio, “la privatización de la educación. Se acortaron materias que antes estaban en los contenidos básicos, y gratuitos, pasaron a ser parte de los posgrados arancelados”, dijo Diana Cortez, ex consejera directiva por la agrupación FANA. Otro de los puntos curriculares en debate es el peso que debería tener el enfoque social: “Acá buscan que te encierres y veas solamente una vaca o una planta y no a la persona que trabaja con el campo. Nosotros creemos en una Facultad de Agronomía que apunte a la generación de alimentos y no sólo a la de forrajes para las vacas de Europa”, dijo Hernán Rachid, también de la independiente FANA.

Ana Frey, docente de Producción Ovina, ubicó el problema en que “el egresado sale de la facultad con una formación básica importante, pero con poca vinculación sociopolítica. El hecho de que la carrera se haya hecho más corta es un signo de los tiempos que estamos viviendo. Hay una porción de los alumnos que vienen a buscar el título rápido”.

Desde la agrupación LAI, que preside el centro de estudiantes y tiene la mayoría en el claustro, Agustín Ressio Laborde enfatizó en cambio que “en la nueva currícula que discutimos docentes, autoridades y alumnos la cátedra de Sociología pasó a ser cuatrimestral. La carrera forma ingenieros agrónomos con inquietudes y muy buena formación académica, porque lo que hay que tener en cuenta que es que la carrera es corta en tiempo pero larga en materias, porque son 52”. Ahora la carrera tendrá una duración de cinco años.

Los posgrados son otro de los ejes de debate. A partir de la reforma del ’99, “hubo un aumento de horas cátedra en la orientación de Agronegocios, en los que gran parte de sus contenidos apuntan al éxito productivista”, señaló Cortez: “En aquel momento se trató de ajustar la carrera al modelo de posgraduados, aunque la poca cantidad de alumnos de grado que después se quedan en los posgrados indicaría que no es así. Son profesionales de entre 30 y 35 años quienes vuelven a la facultad para actualizarse y modernizarse. El programa de Agronegocios permitió que mucha gente pueda reciclarse y meterse un poco en temas más finos sobre la cadena de valor”. Para Ressio Laborde, “un agrónomo que egresa está plenamente capacitado para ejercer la profesión. Si lo que se busca desarrollar es la investigación, sin duda necesita perfeccionar la formación con posgrados”. La “sojización” de la producción agraria en el país genera en la facultad una discusión con matices políticos. Los integrantes de FANA sostienen que “en la facultad no se habla de los problemas que acarrea el avance de la soja sobre los campesinos. El glifosato está envenenando el agua y el medio ambiente que rodea a los campesinos, además de contaminar lo que ellos cosechan”. La postura de LAI apunta a que “mientras la política agropecuaria sea la ‘no política’, va a seguir todo igual. Lo que hay que entender es que la soja en sí misma no es mala, sino que cualquier monocultivo es contraproducente. El productor, que no deja de ser un inversor, necesita invertir a corto plazo la menor cantidad de dinero posible, todas condiciones que reúne la soja. El problema reside en que no se fomenta seriamente otro cultivo”.

El decano coincidió: “Mientras las otras áreas del agro no tengan un apoyo a nivel precios y del Gobierno, es muy difícil que un productor tome la decisión de cambiar de producto. Lo cierto es que la Argentina no va a poder ampliar mucho más el área de soja”. Sobre la problemática de los campesinos, el decano destacó que la facultad apoyó “los programas del Mocase y el programa de Huertas, porque apuntan al muy pequeño productor.”

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