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“A este paso, en cinco años la CNEA desaparece”

En la Comisión de Energía Atómica, la edad promedio ya trepó a 51 años. El ingreso está congelado y los becarios tienen que irse.

 Por Javier Lorca

Ante la indiferencia del Estado, la Comisión Nacional de Energía Atómica envejece lentamente. “El promedio de edad ya es de 51 años. A este paso, en cinco años la CNEA desaparece”, dijo a Página/12 la jefa del Departamento de Promoción de Proyectos de la entidad, Mónica Sbaffoni. Desde 1996, la CNEA no puede incorporar personal normalmente. Por falta de recursos, como ocurre con casi todo el sistema de ciencia y tecnología. Los científicos e investigadores se van jubilando, o se mueren, y nadie los reemplaza. Los becarios concluyen su formación y, en lugar de poder desarrollar su carrera, son empujados a buscar otro destino. “Lo más grave es que, al no haber ingresos, se pierde el patrimonio fundamental de la CNEA: el conocimiento y la experiencia de su gente. Ese conocimiento tiene que ser transmitido de generación en generación. Si esa transferencia se corta, toda la experiencia desaparece y no se puede recuperar en mucho tiempo”, denunció un grupo de becarios.
Fundada en 1950 y dependiente de la Presidencia de la Nación, la CNEA se ocupa de brindar formación de grado y posgrado y de realizar investigación básica y aplicada. En sus diversos institutos, entre ellos el Balseiro y el Sabato, se ocupa de formar recursos humanos en ingeniería nuclear, física, ingeniería mecánica, física médica, ingeniería en materiales y otras carreras, maestrías y doctorados. Entre las numerosas áreas en las que investiga, hoy se destacan: la terapia por captura neutrónica en boro (para el tratamiento del cáncer con técnicas nucleares); el Observatorio Pierre Auger (en Mendoza, estudia el origen de rayos cósmicos inexplicables para las teorías astronómicas actuales); las narices electrónicas; además de la radiobiología, la energía eólica, el análisis de contaminación, las fuentes de energía no convencionales, la superconductividad y la geología. También brinda diversos servicios. Es la entidad oficialmente encargada de gestionar los residuos radiactivos del país; realiza ensayos de seguridad en las centrales nucleares; produce combustibles nucleares y radioisotopos para uso medicinal.
Todo ese espectro es el que está en riesgo. Pocos números bastan para describir la crisis de la CNEA: hacia 1980, cuando incluía en su órbita a los reactores de potencia y funcionaba como ente regulador, el personal incluía unos 6 mil técnicos, investigadores y empleados. Hoy la planta permanente cuenta con 1822 personas, más 200 becarios. “Entre el ‘96 y la actualidad, ingresaron 58 personas y se fueron 534. La gente se jubila y, como no hay ingresos, se pierden los cargos y también el conocimiento -dijo a este diario un grupo de becarios que prefirió no divulgar sus nombres–. Salvo que la idea sea que la CNEA se muera de vieja, tiene que entrar gente joven. Si no, esto va a ser un geriátrico.”
Las becas de formación tienen por reglamento una duración máxima de cuatro años, con una extensión excepcional de otro año. “Pero, como las tareas que hacemos los becarios alguien debe hacerlas, las becas se extienden. Hoy, el 63 por ciento de los becarios estamos en período excepcional. Incluso hay gente con más de diez años como becario”, contaron. La mayoría de ellos no podrá integrar el personal de la CNEA. “Como no hay otra posibilidad laboral en el país, la CNEA se convierte en un promotor de la fuga de cerebros”, dicen los mismos becarios.
¿Por que existe tal restricción para el ingreso de investigadores? “Porque nos agarra el congelamiento de vacantes para la Administración Pública, que pone todo en la misma bolsa sin hacer distinciones entre las funciones y necesidades de las diversas instituciones del Estado -describió Sbaffoni–. Cada día tenemos problemas más serios. Dentro de cinco o diez años, la mayor parte del personal se va a jubilar y sus capacidades se van a perder. Ya hay áreas donde no tenemos gente capacitada para formar investigadores.” La designación de personal público está congelada por ley, pero el sistema científico está exceptuado, siempre que medie la autorización de la Jefatura de Gabinete. Cosa que no viene ocurriendo en el caso de la CNEA.

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