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El comienzo de una adicción televisiva

Se editan las tres primeras temporadas de la serie: 40 episodios en dos cajas.

 Por Horacio Bernades

Incluyen entrevistas a todos sus responsables (incluyendo el “cerebro” detrás del asunto, el gran Larry David), el episodio piloto (cuando todavía se llamaba The Seinfeld Chronicles), un compilado de grandes patinadas de Cosmo Kramer y una colección de “notas al pie” que serán boccato di cardinale para superespecialistas. Acaban de aparecer en Estados Unidos, se trata de una de las ediciones más esperadas en la historia entera del formato DVD y trae tantos pero tantos extras, que un periodista de The New York Times aseguró que “encontrar cada episodio dentro de semejante masa de bonus es casi un milagro”. En Argentina, el sello LK-Tel anuncia para los próximos días la edición de las tres primeras temporadas de Seinfeld, sin duda la sitcom más genial de los años ‘90. Cualquier dilación en el lanzamiento puede llegar a poner muy nerviosa a la hinchada local, que no es poca.
La edición se presenta en dos cajas, cada una de ellas con cuatro discos. La primera contiene la temporada inicial y la segunda, mientras la otra está íntegramente dedicada a la tercera. Son en total 40 episodios, 13 horas entre los ocho disquitos: seinfeldianos, al ataque. Aquellos que supieron del ritual de todas las noches a las 23 frente a la pantalla de Sony Channel, los que a duras penas pudieron superar el duelo de 1998 (cuando se anunció que la serie que-no-trataba-sobre-nada llegaba a su fin) no necesitan que nadie les explique el valor de esta edición, que viene a sumarse a las de Friends, Los Simpson, Los Soprano, Sex and the City y 24 en este furor contemporáneo por el coleccionismo televisivo.
Los no iniciados –que tampoco escasean, debe reconocerse– se preguntarán por qué deberían comprar o alquilar esta colección. Respuesta de autoayuda: para conocerse a sí mismos, teniendo en cuenta que a lo largo de 9 años la serie creada por Larry David y Jerry Seinfeld compiló al detalle todas y cada una de las taras del homo urbanus contemporáneo. Respuesta para arqueólogos del futuro: para saber cómo era la vida en el centro del universo, durante la última década del siglo XX. Opción para psicologistas o freakólogos: para agotar el catálogo de mezquindades, bajezas, manías y neurosis del animal humano. Y si no, para comprender hasta qué punto es posible emprender una microfísica de la vida cotidiana sin apartarse ni un milímetro del formato de sitcom.
También para gozar con cuatro de los mejores comediantes que haya dado la escuela norteamericana en las últimas décadas (o tres, teniendo en cuenta que Seinfeld es un monologuista genial, pero un actor muy malo). O para aprender todo lo que hay que saber sobre la escritura en el género: diálogos insuperables, timing perfecto, un dominio tal de la estructura que permite desarrollar –en 25 minutos y como si se tratara de cuentos perfectos– cuatro historias paralelas. Y encima vincularlas entre sí, gracias a un intrincado sistema de ecos, simetrías y desplazamientos.
En otras palabras: el paraíso mismo. Paraíso habitado por el stand-up comedian Jerry Seinfeld (el stand-up comedian Jerry Seinfeld, haciendo de sí mismo o tal vez no) y sus amigos, George Costanza (Jason Alexander), Elaine Benes (Julia Louis-Dreyfus) y el increíble Cosmo Kramer (Michael Richards). Todos convergerán en el living del departamento de Jerry (o en el Tom’s Restaurant) para entonar ciertas melodías recurrentes: la misoginia activa de Seinfeld (misantropía, en realidad), la pusilanimidad militante de George, la histeria galopante de Elaine, el freakismo desatado de Kramer.
A lo largo de estos 40 episodios, Jerry no sabrá cómo “romper” con un viejo amigo, Jerry y George se aterrarán ante el padre de Elaine, a Kramer se le ocurrirá poner una cadena de “Hágase su propia pizza”, un comentario inoportuno de Seinfeld provocará la muerte de una cumpleañera, George seguirá yendo a su empleo después de que lo echen ...Y pensar que en estos ocho discos todavía no aparecen el enano amigo de Kramer ni los siniestrospapá y mamá Costanza. Tampoco Puddy (novio estúpido de Elaine), Mr. Steinbrenner (jefe idiota de George) ni Mr. Peterman (jefe opa de Elaine). Jerry y George aún no intentaron vender su show a la cadena NBC, el nazi de las sopas no amenaza con terribles castigos, la novia de George no murió intoxicada con pegamento para estampillas. En una palabra: esto recién empieza, faltan cinco temporadas completas, sería trágico que no las siguieran editando.

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Seinfeld, humor, acidez y retrato de la vida contemporánea.
 
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