PLáSTICA › MARIO FENDRICH TERMINO DE CUMPLIR SU CONDENA

Y dónde están los millones

Siete años atrás hizo desaparecer 3 millones de pesos y 187 mil dólares. Al ser detenido, contó una historia que nadie creyó. Ayer quedó definitivamente libre y el dinero nunca apareció.

No es que dejen de tener la mira puesta en él para detectar un lujo, uno de esos gastos injustificados, un pasaje en primera, un anillo de más para una amiga, un primo enriquecido de súbito, una compra en dólares. No es que se libere de las sospechas, pero Mario Fendrich, el tesorero del Banco Nación de Santa Fe, que hace siete años se robó 3 millones 200 mil pesos y 187 mil dólares, ayer fue liberado definitivamente. Ya acostumbrado a la calle, porque desde el ‘99 goza de libertad asistida en los límites de su ciudad, ahora el hombre podrá moverse a gusto y antojo. Nadie sabe aún –ése es el chiste– dónde quedaron los millones, que además se investiga si no fueron ocho. Tampoco si lo robado en pesos fue cambiado por dólares frescos a tiempo. O si el ladrón –que acusa a una banda de haberlo secuestrado y despojado de su botín– sólo cuenta con los 187 mil, aunque triplicados después de los últimos leudantes sucesos económicos.
La austeridad, la vida monacal, han sido los rasgos que Fendrich, “El Correntino”, cultivó desde el mismísimo día en que por primera vez salió del penal de Flores con la libertad transitoria. Fue en agosto del ‘98. Malhumorado, se fue a su casa insultando a los periodistas que lo esperaban en la puerta de la cárcel. Luego, el 28 de octubre de 1999, consiguió la libertad condicional. Otra vez había una muchedumbre de los medios esperándolo a la salida. Aquella vez dijo que estaba contento, que quería hacer familia, que trabajaría en una fábrica de yeso, que ya no lo molestaran. Embarrándola, uno de sus abogados anunció que en adelante cobraría “las exclusivas”. “Ojalá pagaran las notas los diarios que vienen de Buenos Aires. ¡Le pagan a cada pavo allá..., por lo menos que pongan algo acá!”, le estampó a un cronista de Página/12. Puede que haya hablado pavadas, o que nunca un medio quiso realmente pagarle los miles que supuestamente pedía, pero lo cierto es que Fendrich nunca habló.
Ayer, cuando recuperó completamente la libertad tras pagar, luego de siete años y por las leyes de dos por uno más los beneficios de la buena conducta, Fendrich se volvió a callar ante los que lo contactaron. Sólo habló su defensor: “Ya no volverá a caer detenido por el mismo hecho”, le dijo a LTV10, Radio Universidad del Litoral. “No obstante tiene una acción civil entablada por el Banco Nación. Estimo que ahora va a hacer una vida normal pero creo que la Justicia continúa buscando (el dinero). No es un héroe ni un villano, va a seguir preso pero en libertad porque lo van a estar investigando, como es natural”, se sinceró. Es que por no haber aparecido lo robado el Nación le sigue una causa en la que exige que Fendrich devuelva lo que el 23 se setiembre de 1994 se llevó silenciosamente de la bóveda del banco tras dejar una nota para el subtesorero en la que simplemente le decía que se había llevado todo. A su mujer, la misma con la que vive ahora y madre de sus dos hijos ya grandes, le había dicho que se iba a pescar.
Pero su salida deportiva fue larga. Recién volvió a aparecer, teñido de rubio, con barba, bronceado como si hubiera pasado unas buenas vacaciones, con el mismo peso que a su partida, el 9 de enero del 95. En Santa Fe muchos lo vitorearon: que “ídolo”, que “no te mueras nunca”, que “¡maestro!”. El, por su parte, contó una que, como se sabe, nunca nadie le creyó: su pesar era que sí, que había hurtado esos millones pero luego sus lo había secuestrado una banda y por lo tanto ya no tenía un céntimo. Se lo dijo a un periodista de Gente cuando ya estaba en la calle: “Te juro que hoy no tengo un mango”. Y ante la pregunta de los 3 millones: “¿Dónde está la plata? Vaya a saber...”. Ayer no se le vio el pelo, ya de su propio color gris. Los fines de semana, dicen, no suele estar en su casa. Mañana tiene que firmar en el Patronato de Liberados, donde no informan sobre el horario de su trámite final. “Su vida parece ser la de un tipo demasiado tranquilo”, le contó a este diario uno de los que lo suelen ver en sus pagos. De fondo, para la chusma por ahora, quedaron dos versiones que la Justicia investiga. Una es que en realidad se robó ocho millones y no tres, porque en las arcas del banco habría habido “depósitos informalesde fullerías, del juego y de la droga”. Otra es que el botín pasó a Paraguay, y que con un resto se compró una estancia de dos mil hectáreas. Potentado en Asunción, o estanciero, el hombre considerado ídolo por la clase media que en su momento opinó a su favor, parece hoy un vengador del pasado, a la luz de los últimos sucesos, corralito de por medio.

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Mario Fendrich logró la libertad transitoria en 1998 y nunca dio una entrevista.
 
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