PLáSTICA

Como dueños de la calle

 Por Luis Bruschtein

El rasgo predominante de la marcha fue que la gente salió a la calle con la actitud del que se siente dueño. Mientras las columnas organizadas comenzaban a formarse a lo largo de la Plaza Congreso, una verdadera multitud decidió apostarse en las veredas y la Avenida de Mayo para esperar el paso de la manifestación. Es difícil saber cuál fue más grande: si la que marchó desde los puntos de concentración o la que formaron los que esperaron en la avenida y se fueron sumando a medida que la marcha avanzaba. Casi toda esta gente prefería sumarse a las primeras cuadras de la columna, donde estaban los organismos de derechos humanos, en especial la bandera argentina de 150 metros con las fotografías de miles de desaparecidos, que llevaban las Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora.

“Si ponemos dos millones de personas, copamos el país” afirmó con exagerado optimismo un gordo feliz que saludaba a las columnas desde la vereda. Entre los grupos organizadores se hablaba de 200 mil personas y otros calculaban la mitad, cien mil. Era difícil calcular por la gran cantidad de personas no encolumnadas que iban y venían por la avenida. Incluso cuando comenzó la marcha, la cabeza de la columna tuvo dificultad para abrirse paso entre la gente. Otros manifestantes expresaban su alegría por la masividad de la manifestación: “Es importante que en este momento, cuando algunos hablan de la posibilidad de golpe o represión haya tanta gente en esta convocatoria”.

Esta vez, a diferencia de las anteriores, no hubo una única consigna que convocara. Cada quien cantaba la que le parecía. Los partidos de izquierda, las asambleas, los movimientos piqueteros, las corrientes sindicales, entre las que se destacaba la columna de la CTA –que participó en todas las convocatorias–, las del Frenapo, el ARI, los organismos de derechos humanos y demás. Pero todos sabían que el centro de la convocatoria, más allá de la diversidad de consignas y banderas políticas, era el repudio al golpe del 24 de marzo de 1976 y en general, al golpismo y la represión. Lo que querían decir muchos de los manifestantes que se alegraban por la participación masiva era que en un momento de crisis profunda y agitación social, la manifestación más grande de los últimos años se realizaba con el claro sentido de repudiar salidas golpistas o represivas. Ese fue el saldo más importante de la marcha y lo que reactualizó su significado político.

Como en todo el proceso de movilización política que se abrió en el país se generan tensiones entre tendencias sectarias y otras más amplias. Como todos los años, la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, que preside Hebe de Bonafini, realizó un acto con más de mil personas en la Plaza de Mayo y luego marchó en sentido contrario a la manifestación. En vez de asumir una actitud sectaria, la cabeza de la manifestación prefirió aplaudir cuando se encontró con el grupo, que siguió su camino contrario entre los intersticios que dejaba la multitud. En la 9 de Julio, una columna de los partidos socialistas y el partido Intransigente, esperaba, con un gran cartelón del ARI, que el grueso de la manifestación avanzara, para incorporarse. Un grupo de muchachos se separó especialmente de la marcha para impedirles que se sumaran, lo que motivó una discusión entre la gente. Unos decían “que se vayan todos”, otros “la manifestación no tiene dueño” y otros le decían al grupito de muchachos que tenían derecho a “criticar a cualquiera, pero no impedirles que participaran”.

Los partidos de izquierda, que también participan desde las primeras convocatorias en los aniversarios del golpe, marcharon con nutridas columnas. Si bien no era el sector mayoritario, demostraban que han tenido un crecimiento sostenido. El espacio de los partidos en general, era al cerrar la manifestación. En un momento aprovecharon la lentitud de lamarcha y se encolumnaron a paso redoblado, casi corriendo, por las calles paralelas, sobrepasando a los organismos de derechos humanos y copando la Plaza de Mayo. Cuando la cabeza de la manifestación llegó, prácticamente no pudo entrar a la plaza. La mayoría de la gente quedó fuera, en una masa apretada que llegaba hasta la 9 de Julio, donde cerraban la marcha los grupos de la izquierda peronista: Peronismo Montonero, Peronismo Descamisado y Agrupación 26 de Julio.

La participación del movimiento de asambleas fue numerosa también, pese a que muchas se disgregaron entre el público no encolumnado y muchos de sus miembros se acercaron para llevar la larga bandera de las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora. Esta vez no llevaban cacerolas. Las más numerosas provenían de la zona de Flores, donde fueron asesinados tres chicos el 20 de diciembre. Eran aplaudidos cuando pasaban cantando la consigna: “Lo sabía, lo sabía, los mató la policía”.

La convocatoria principal la realizó el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, donde participa más de un centenar de agrupaciones populares. Por problemas en la discusión y la organización, decidieron convocar también aunque sin participar en el Encuentro, varios organismos de derechos humanos, al igual que la CTA. El año pasado, estuvieron todos en el Encuentro pero la mecánica de acuerdos es tan tortuosa que ni siquiera hubo oradores. En la calle coincide así un espectro amplísimo, con excepción de pequeños grupos que se autoexcluyen, al igual que una gran cantidad personas que incluso excede a lo que ese espectro representa. Hay una coincidencia de hecho contra el golpismo y la represión y sin embargo no puede tener expresión política. La concentración fue masiva e importante, pero actos sin oradores ni referentes, con la lectura de extensos documentos, son expresión de la incapacidad de llegar a acuerdos mínimos y sencillos y pone al desnudo uno de los principales límites de la movilización.

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