EL PAíS

En México

 Por Juan Gelman

Este 24 de marzo, el Titanic se volvió a hundir. Ocurrió al mediodía en el Zócalo de la Ciudad de México y el transatlántico perdía así su condición de mito para convertirse en símbolo. Con varios “Bush asesino”, “Vampiros del mundo”, “Ladrones”, “Abajo el Banco Mundial” pintados en sus costados de papel y una bandera pirata con la sigla FMI, la nave de 18 metros de eslora dio contra la punta de un iceberg –madera, caños, papel- de 6 metros de altura. La habían hecho zarpar, cargándola, argentinos, mexicanos, uruguayos, otros latinoamericanos, que portaban banderas de todos los países del continente. La arrastraba con una cuerda de proa un Jesús Nazareno con corona de espinas envuelto en una bandera argentina. En la cima del iceberg se erguían la bandera nacional y otra mexicana, solidaria. El Via Crucis terminó con la destrucción del “Titanic del neoliberalismo”.
Unas 300 personas aplaudieron tramos de esta manera de recordar el nuevo aniversario de la instalación de “la dictadura que sumió a la Argentina en la oscuridad”, describió Jesusa Rodríguez, la gran actriz y directora teatral mexicana que moderó el acto con su ingenio inimitable. La palabra central estuvo a cargo de Mara La Madrid: repasó la índole del régimen militar, la represión, el estrago brutal de la economía que las juntas produjeron como prólogo de “la situación actual, el nuevo genocidio por hambre y por pobreza”. Se refirió al homenaje que vecinos de las asambleas barriales porteñas rindieron a Rodolfo Walsh el sábado. Subrayó que “esta rememoración de hoy y aquí acompaña a las que tienen lugar ante todo en la Argentina y en muchas partes del mundo devastadas por el neoliberalismo, precisamente en el marco del golpe de Estado mundial que ejecuta el gobierno de Bush”.
Se leyeron textos de grandes poetas latinoamericanos: Sor Juana, el nicaragüense Rubén Darío, el peruano César Vallejo, la uruguaya Idea Vilariño, el argentino Raúl González Tuñón, el salvadoreño Roque Dalton, el chileno Nicanor Parra, el brasileño Drummond de Andrade, entre otros. Irrumpieron dos conjuntos de rock y se vio al Cristo de una hora antes tocar la batería. Magias de esta ciudad. Los restos del símbolo yacían bajo un sol agobiante.

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