CIENCIA › DIALOGO CON EL BIOLOGO MARIANO ALVAREZ

La suerte está en los genes

Con alrededor de 800 genomas ya secuenciados, entre bacterias, plantas y animales (ser humano incluido), la genética se abre ahora a una nueva época: la de la “posgenómica”, orientada más a descubrir cuál es la función de los genes.

 Por Federico Kukso

Como los grandes batacazos en la ciencia, la genómica llegó y causó conmociones. Y su desembarco se dio de mil maneras posibles: fortaleciendo la doble hélice como el icono o la estampa visual de la vida, disparando carreras vertiginosas por descifrar el código genético de todo tipo de especies o incluso extendiendo el catálogo faunístico de la Tierra con la aparición siempre curiosa de todo tipo de clones. Sin embargo, uno de sus aspectos más llamativos tal vez sea su aterrizaje sorpresivo en la cotidianidad a partir de la naturalización de un vocabulario hasta no hace mucho tiempo considerado técnico y que ahora casi ni destaca, disolviéndose en los diálogos como lo más común del mundo. A tal punto llega esta situación que hay pronósticos que ya mucho no estremecen, como el del doctor en biología Mariano Alvarez, investigador de la empresa de biotecnología Gentron: “Me atrevería a decir que en un tiempo relativamente corto, estudiando la actividad de los genes, podríamos decir si una persona va a tener más o menos predisposición a adquirir cierto tipo de enfermedad”, anticipa.

–Cuénteme un poco de usted.

–Soy biólogo. Me recibí de licenciado en ciencias biológicas en la Universidad Nacional de Luján. Hice el doctorado de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA en el Laboratorio de Terapia Génica de la Fundación Instituto Leloir, bajo la dirección del doctor Osvaldo Podhajcer.

–¿Y qué investigó?

–Investigamos la interacción entre células de cáncer de piel (melanoma) con el sistema inmune. Específicamente trabajamos en el papel que tiene una proteína producida por las células del tumor, denominada Sparc, sobre la respuesta inflamatoria antitumoral. Trabajamos con modelos de cáncer de piel humana implantado en ratones y descubrimos que la proteína Sparc, producida en grandes cantidades por las células de melanoma, es capaz de bloquear la respuesta inflamatoria antitumoral de los ratones.

–Entonces, ¿se podría decir que en parte esta proteína es responsable del crecimiento de los tumores?

–El cáncer depende de cambios complejos en la comunicación entre las células del tumor y las células del resto del cuerpo. Sparc está involucrada en una de las etapas necesarias para que el cáncer se desarrolle. Al interferir en la respuesta del sistema inmune, permite que el tumor crezca sin ser atacado por el sistema de defensa del cuerpo.

–¿Qué tipo de investigación está llevando adelante actualmente?

–Desde hace tres años me desempeño como investigador en la empresa Gentron LLC.

–¿Qué tipo de empresa es?

–Es una empresa de biotecnología que hace investigación básica utilizando una tecnología muy nueva que se llama microarrays o “microarreglos de ADN”, con la cual podemos medir la actividad de alrededor de diez mil genes a la vez.

–Es una de las empresas que afloraron con el Proyecto Genoma Humano.

–Así es. Ahora estamos en la época “posgenoma”. Una vez que se conocen las secuencias de todos los genes, lo que estamos tratando de hacer es identificar qué funciones tiene cada gen. Nosotros lo que hacemos es una búsqueda de alto rendimiento o high throughput, que no está dirigida a un grupo de genes, en particular, sino que tratamos de barrer la actividad de todo el genoma o gran parte de él.

–¿Pero ustedes no buscan saber qué es lo que provoca ese cáncer?

–No exactamente. Hace muchísimo que se está estudiando qué origina que las células comiencen a crecer de forma descontrolada y formen un tumor. Y es muy variable. Los tumores pueden surgir por mutaciones al azar. Es la interacción entre la carga genética y el ambiente. Eso seguro. Hay casos de cáncer que son los menos, los familiares. El 90 por ciento de los tumores son adquiridos y se deben a una interacción entre algo de predisposición genética pero principalmente el ambiente, la historia de vida y suerte.

–¿Suerte?

–Sí, un factor aleatorio que está siempre.

–¿Cuál es el estado actual de la genómica?

–La genómica y la proteómica –el estudio de las proteínas en conjunto– son dos fotos del mismo proceso sacadas en distintas etapas. Son dos procesos paralelos. Por un lado está la genómica funcional, que engloba lo que es el estudio de la actividad de los genes (transcriptoma), el estudio del proteoma (qué proteínas hay en un organismo, en un tejido o en una célula en un determinado momento) y el metaboloma (o sea, cuáles son las sustancias químicas –metabolitos– producidas por las proteínas). Para tener una idea global de la situación fisiológica de un tejido o una célula, uno tiene que tener un conocimiento de qué genes están activos, qué proteínas hay en determinado momento y qué forma tienen y qué otras sustancias que no son proteínas o ARN mensajero están en ese organismo.

–¿Y entonces?

–Bueno. Es interesante saber que hay más de 800 genomas ya secuenciados, entre bacterias, levaduras, plantas y animales dentro de los cuales estamos nosotros. Y ahora comienza una nueva era: descubrir cuál es la función de todos y cada uno de los genes y cómo interactúan en el cuerpo. La actividad de los genes determina qué proteínas se están produciendo y la actividad de las proteínas y los metabolitos determina la forma que va a tener el cuerpo y cómo va a reaccionar ese organismo frente al ambiente.

–Igual, hablar así de genoma es medio abstracto, ¿no?

–Puede ser. Una linda metáfora es la del libro, o sea, pensar que el genoma es un libro donde los genes son palabras que están ordenadas en capítulos. Y cada capítulo es un cromosoma. Nosotros tenemos 23 capítulos. Estas palabras son leídas por la célula en un determinado momento. Y la célula decide qué palabras leer.

–Y la lectura de esas palabras se traduce en la construcción de las proteínas.

–Sí. La célula puede generar a partir de esas palabras un total de 40 mil máquinas distintas –al fin y al cabo las proteínas son máquinas–. La célula del hígado lee esas palabras y construye sus máquinas. Son distintas las palabras que está leyendo una neurona o una célula muscular. La proteína es una máquina bioquímica microscópica que cumple la misma función de una máquina: cataliza una reacción química, pero puede tener una función mecánica. La célula, en cambio, es una fábrica de construir esas máquinas. ¿Y cómo hace para construir esas máquinas? Toda la información está guardada en un libro, en un manual donde está explicada la composición de esas máquinas, qué piezas tiene cada una. Las piezas de esas máquinas son los aminoácidos. Son moléculas que forman las proteínas.

–Me parece que en este asunto siempre aflora el temor del determinismo genético o las fórmulas simples que arremeten con “se descubrió el gen de x cosa”, ¿no?

–Así es. Pero lo importante es saber que los genes actúan en conjunto.

–O sea, no hay causa y efecto o “tengo x gen, por lo tanto voy a ser de tal manera”.

–No. Toda la interacción entre la actividad de los genes, la actividad de las proteínas y de los metabolitos va a ser lo que determine cuál va a ser la fisiología de ese organismo. Es lo que se denomina “genómica funcional” o estudio de sistemas biológicos y que fue un boom hace unos años. El desafío principal de estos momentos es desarrollar las herramientas de informática para poder llegar a analizar e interpretar esa enorme cantidad de datos a la vez.

–¿Y qué cree que ocurrirá en un futuro no muy lejano?

–Me atrevería a decir que en un tiempo relativamente corto, estudiando la actividad de los genes, podríamos decir si una persona va a tener más o menos predisposición a adquirir cierto tipo de enfermedad. Puede ser cáncer o una alergia.

–¿Cómo cree que eso va a impactar socialmente?

–La información siempre es buena. Cuanto más sepamos de nosotros mismos mejor. El tema es que hay que reglamentar cómo se va a usar esa información. Está muy bien ejemplificado en la película Gattaca. Las compañías de seguro podrían llegar a usar esa información para hacer un perfil de riesgo.

–El tema es que deberá haber una legislación sobre la confidencialidad de esa información genética.

–Sí. Si tengo una predisposición a tener una enfermedad, esa información es mía. No la tiene que usar un tercero para discriminarme. Se puede discriminar a una persona por el conocimiento que tiene. El conocimiento es algo que uno adquiere y que uno puede elegir. En cambio, no se puede concebir discriminar a una persona con respecto a su background genético. Porque es algo que uno no elige.

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