EL MUNDO › OPINION

Simulación republicana

 Por Darío Pignotti

Mesianismo republicano. En vísperas de las elecciones presidenciales del 2 de julio pasado, Enrique Krauze, autor de algunos libros fundamentales sobre la historia contemporánea de México, le enumeraba a este enviado a México los “peligros” que Andrés Manuel López Obrador representaba para la aún inconclusa “transición hacia la democracia” que desde esta perspectiva había comenzado en 2000 con la llegada al poder de Vicente Fox Quesada, correligionario de Felipe Calderón Hinojosa, a quien la Justicia ayer declaró presidente electo.

El autor de La Democracia Imperial identificaba en López Obrador a la continuidad del régimen que por siete décadas, a través del Partido Revolucionario Institucional, gobernó a los mexicanos, sin tener en cuenta que el candidato del Partido de la Revolución Democrática había roto con el PRI en 1988 para convertirse en uno de sus detractores más irreductibles. Visto así, Obrador sería parte de la “Sagrada Familia del PRI”, un “mesías tropical” con trazos “provincianos y populistas”, cuya victoria obturaría el destino de “progreso y libertad” que Krauze anhela para su patria. Además de tener veleidades antiamericanas, Obrador sería una amenaza para algunas conquistas de la era Fox, como la completa independencia del Banco de México de contaminaciones políticas.

A lo largo del reportaje, el miembro de la Academia Nacional de Historia de México desplegó una erudición que inhibía cualquier refutación del reportero. Con el correr de los meses, una nueva lectura de la entrevista permitió descubrir un subtexto sobrecogedor. De los dichos de Krauze se desprendía, implícitamente, que debía impedirse el triunfo de López Obrador “a como sea”, para usar un giro típicamente mexicano. Siguiendo ese razonamiento, al que adscribe el grueso del establishment azteca, es inadmisible que México sea gobernado por alguien “pre-moderno” (dixit), despreocupado por las instituciones republicanas.

Ningún país de la región es tan importante como México para los Estados Unidos. Prueba de ello fue la incontinencia telefónica del presidente George W. Bush, que cinco días después de los comicios felicitó al postulante del Partido Acción Nacional, lo que luego debió ser enmendado por su vocero, reconociendo que había una demanda judicial sobre la posible comisión de fraude.

Nada que acontezca en México es irrelevante para América latina. Por lo mismo, la simulación republicana que constituye la nominación de Calderón Hinojosa, haya o no habido fraude, en un palacio cercado por miles de disconformes, es un precedente ominoso para la región.

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